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Nada tan indecente que la impúdica y cínica mentira propagada intencionadamente con ánimo e interés. En un mundo al revés, esta lógica impone a diario la necesidad, desde el periodismo o la academia, de probar lo evidente. Una deriva que da cuenta del malestar cultural en el que nos encontramos cuando la verdad parece un objeto inservible en manos de terraplanistas y encefalogramas planos. No otra cosa es la americanización de nuestro sistema político en el que, como en el imperio británico, uno debe probar su inocencia, demostrar la prueba irrefutable ante burdas tergiversaciones y la continua manipulación de la realidad. Que ello suceda en la sociedad civil es preocupante, pero que además afecte a poderes del Estado como la justicia resulta, cuando menos, alarmante. Casos como el del juez ultra contrario a la libertad de Juana Rivas es sintomático de un franco (úsese el adjetivo con la debida distancia e ironía) deterioro de la justicia en este reino de Dios, en el que conforme al principio de mixtificación solo se encausan a los inocentes y quedan libre de culpa comisionistas, estraperlistas y otros prendas y perlas del lugar como el rey emérito, un oxímoron si pensamos en términos constitucionales de jefatura del Estado. Urge por ello una revisión a profundidad de la carrera judicial, como en el ejército y las fuerzas de seguridad del Estado, trufadas, por ser delicados en el análisis, de neofranquistas sociológicamente incompetentes para el ejercicio que la ley les asigna. No debemos olvidar que toda función pública ha de ser desempeñada por personas con una firme voluntad de servicio y asunción de los principios constitucionales, los propios de la democracia y los Derechos Humanos. La constatación de la recurrente tendencia de jueces que, al amparo de la debida autonomía, fuerzan la ley en función de diversos intereses dominantes, no solo es propio del lawfare, sino que atentan contra la convivencia democrática, contribuyen a una desafección creciente de la ciudadanía y terminan por socavar el propio sistema constitucional. Montesquieu no previó que la división de poderes no es posible cuando la oligarquía económico-financiera se convierte en el verdadero poder fáctico en forma, por ejemplo, de doctrina Botín. La tesis del doble poder de Lenin a Gramsci ilustra de qué hablamos cuando hablamos de justicia en España, un poder anclado en la lógica del Tribunal de Orden Público, cuya función no es otra que perseguir a los opositores al régimen de intereses creados, sea los de la banca, la monarquía o los herederos del régimen. Puede el lector comprender mejor el juego de la justicia leyendo ‘Franquismo SA’ (Akal Editores), del periodista Antonio Maestre. O si observan que el oficio de juez es el más endogámico en España, heredado de padres a hijos. Claro que todas estas evidencias documentales y empíricas, aunque probadas, son rechazadas de plano por Lesmes y compañía.

El orden de la justicia en España es el orden de la negación. Como en el film de Mick Jackson, el poder judicial dominante parece un oficio de cronistas del franquismo negacionista. Negación del poder que les inviste de Franco a Juan Carlos I, negación del poder que encubren en forma de doctrina Botín, renuncia al amparo de derechos fundamentales de ciudadanía, omisión del debido principio de respeto de la presunción de inocencia para terminar, alfa y omega de su juramento hipocrático hipócrita, negando la vida y el derecho a defender sus derechos de la ciudadanía. Hablamos, claro está, de un cuerpo pretoriano al servicio de la oligarquía, una cohorte de palanganeros del capital financiero que declarará inconstitucional la Ley de Memoria Democrática, el debido reconocimiento de los delitos de lesa humanidad de un régimen totalitario, por razones de ley (la de amnistía) cuando se declara no procedente otras normas por acuerdos internacionales, pongamos que con la OMC, o se critica, desde los medios mediatizados, la puesta en cuarentena del principio de prescripción mientras casi la mitad de España sigue abandonada en las cunetas, perseguida y torturada como fue, robada como los bebés, que cuenta en su libro Raquel Rendón, o desaparecida, en vida y en la memoria. Bien sabemos, en fin, que no de otra forma puede funcionar una economía criminal y extractivista, sino a partir de la cobertura de los poderes del Estado, en especial del poder judicial. Es la única garantía para seguir esquilmando los recursos comunes de todos en beneficio de unos pocos asaltarentas del trabajo y del país. Produce sonrojo que, una tras otra, la UE venga enmendando el trabajo sucio de un poder del Estado al servicio de los intereses creados, ostensiblemente patriarcal, clasista, ultramontano y alejado, por completo, de los valores democráticos y el sentir general de la sociedad española. Hoy más que nunca conviene por ello parar y cambiar de rumbo. Es el momento de iniciar una campaña, llamémosla STOP: alerta democrática contra la inquisición y los verdugos del Tribunal de Orden Público. Una cuestión de salud pública. Dicho esto, capaz que si nos movilizamos nos aplican la figura premoderna de desacato. En tiempos de neofeudalismo, y en el país de Fernando VII y Ana Rosa Quintana, todo es posible.

Por Francisco Sierra Caballero (www.franciscosierracaballero.net). Colección ‘Notas rojas’

El ojo del culo de Quevedo

La posverdad no es, como dice Timothy Snyder, el anticipo del fascismo, más bien el capitalismo es el huevo de la serpiente, y la posverdad una excrecencia o manifestación extrema del mundo al revés, el síntoma del fetichismo de la mercancía que inicia con el periodismo de referencia y termina con la lectura a lo TRUMP y ABASCAL, personajes de esta tragicomedia que, a todos los efectos, tienen por teología seguir la estela de la escatología política. El supremacismo blanco no es, en fin, otra cosa que el proceso de inversión de lo real, el dominio del capital por el que, en este reino que habitamos, prevalece la desigualdad, la falta de libertades y la baja calidad democrática. Ya lo ha advertido, con clarividencia, Javier Pérez Royo, a quien los profesores de Derecho homenajearon en un volumen, de lectura obligatoria, presentado el pasado mes por el Ateneo Republicano de Andalucía con motivo de la Feria del Libro de Sevilla. En su intervención, como en las columnas que escribe habitualmente, fue muy claro a este respecto. Cabe describir la historia moderna de España como la crisis permanente que no cesa de repetirse como farsa por el problema de la monarquía, un tapón que contiene las fugas a borbotones del propio sistema constitucional ante los reiterados incumplimientos, siempre postergados, de derechos fundamentales de la ciudadanía. Las consecuencias de esta lógica fallida es, como sabemos, la restauración conservadora que termina por derivar en colapso o cierre en falso de la crisis de régimen, anclándonos en el atraso e inmovilismo sociopolítico prácticamente desde Fernando VII. Vamos, por resumir, que lo de los Borbones es la polla, que dirían mis paisanos granainos. Cara al culo, la monarquía borbónica ha demostrado que es una porquería. No porque lo diga Evaristo, de La Polla Records, sino por la historia que representan en este país, una Casa Real, fuera de la realidad, henchidos de mierda, y jugando a la democracia cuando una y otra vez no han hecho sino socavar toda posibilidad de monarquía parlamentaria. Vamos que la República no se impone en nuestro país por convicción y pedagogía democrática, sino por la insoportable podredumbre de una dinastía corrupta, inepta, cleptómana y dada a cualquier cosa menos a trabajar por el bien común. Lo peor es que sabemos desde los ochenta el grado de putrefacción que ocultaba el cerco mediático, y mira que estudiamos la historia antecedente de latrocinio y traición a la patria de la casa real, cuya norma de comportamiento es convertir realmente el país en un verdadero lupanar. Ahora, el problema no es que la monarquía sea la polla, sino que nos toman y siguen considerando apollardaos. No lo puedo decir más finamente porque el análisis, a fuerza de afinado, indigna cuando vemos que nos están dejando finos filipinos: vulgares siervos de una colonia que hiede a estercolero. Se impone lo escatológico en esta querencia borbónica por la coprofilia. Así que, atorados como estamos entre el alma y la era del vil metal, que diría el maestro Juan Carlos Rodríguez, es recomendable volver a leer a Quevedo y conocer las “Gracias y desgracias del ojo del culo” (1628) reeditado por Pepitas de Calabaza, o mejor en la edición del bueno de Padilla, por ser el culo, en palabras de José Luis Cuerda, el mejor faro, catalejo y visor con el que radiografiar esta España nuestra en la que nos gasean con ventosidades desde los medios y el Tribunal de Orden Público. No sé si seremos capaces algún día de hacer un juicio como el de Nuremberg contra los macarras de la moral, pero al menos no perdamos el humor y actualicemos nuestra capacidad satírica para mostrar lo que nos quieren ocultar en esta política del engaño de los amantes de lo escatológico en cuerpos ajenos, aquellos que viven en la azotea de nuestro maltrecho edificio institucional y tratan de persuadirnos que llueve para todos y es bueno, aunque sea lluvia dorada de una corona inservible, salvo para vicios privados. Nunca hubo virtud pública alguna en la dinastía. ¿Dejaremos de persistir en un imposible constitucional?. ¿ Conquistaremos por fin nuestros plenos derechos ciudadanos en forma de poder constituyente?. Estoy seguro que sí, espero que no demasiado tarde.

Por Francisco Sierra Caballero (www.franciscosierracaballero.net). Colección ‘Notas rojas’

El vecino es Superbarrio

Hace meses publicamos en Mundo Obrero un artículo titulado La Fiambrera Obrera, a propósito de la profusión de la cultura plebeya como estética emergente en el momento de crisis que vivimos, característica de la actual fase terminal del capitalismo. En este contexto de la difusa imagen de lo hortera, series como “El Vecino” ilustran, sintomáticamente, el retorno narrativo al realismo de la precariedad. La historia, filmada por Nacho Vigalondo, con guion de Miguel Esteban y Raúl Navarro, adapta para Netflix el cómic homónimo de Pepo Pérez y Santiago García, la historia de una suerte de Superlópez que vindica la ética del fracaso. La trama, no por sencilla, deja de ser sustanciosa. El protagonista, Quim Gutiérrez, es un tipo común, sin proyecto vital, que termina, por azar del destino, adquiriendo superpoderes, y adopta una nueva identidad, Titán, con la que resolver, desde el anonimato, situaciones comunes en la que se desenvuelve, siendo, y esto es lo novedoso, protagonistas los espacios, actores y relaciones de la vida cotidiana en los suburbios de la desesperanza entre lo cómico y, por supuesto, la ironía, principal mecanismo de resistencia de las clases subalternas. Bien lo sabemos desde el teatro épico de Brecht. El arte de la crítica de la representación consiste en poner de vuelta el mundo al revés a partir del recurso al humor, la vía más corrosiva para dejar en evidencia lo silente u obliterado, la espiral del silencio del disimulo. “Piratas del Caribe” no es un buen ejemplo de este proceso de identificación. Pero sí la literatura, del Quijote y las novelas de caballería al relato oral del bandolerismo en España. La idea aventurera de la banda o fratria contra el poder instituido como colectivismo demócrata por otros medios, al margen de la idea, es la historia cultural de la subalternidad como reclamo del consumo de masas. Hoy, en la era Netflix, El Vecino apunta en esta dirección, a partir de un guión que, en cierta forma, nos muestra la crisis que viven los treintañeros en una cultura posmoderna que acosa permanentemente su derecho a vivir en paz, cercados como están por las casas de apuestas y el subempleo. Narrativa audiovisual de la intemperie, la serie ilustra con humor, y un tanto de forma paródica, la lógica devastadora de un orden en el que el supervillano es el capitalismo, y su carta de navegación del naufragio de jóvenes sin futuro, en el escenario crudo y realista del malestar generacional proyectado entre redes, abuelos solitarios, opositores sin esperanza y bares, contrageografías, en fin, del desarraigo que nos recuerdan Villaverde, San Cristóbal y el extrarradio de grandes capitales como Madrid donde vivir es, sobre todo, y fundamentalmente, sobrevivir. Por ello el verdadero héroe de esta ficción es el vecino común. Como aprendimos en el I Congreso Internacional de Movimientos Sociales, el héroe siempre es Superbarrio, que bajo la máscara y el anonimato trata de luchar contra los desahucios y las injusticias en la gran megalópolis de la Ciudad de México. Una y la misma cosa: la máscara, en fin, como antaño la Mano Negra, nos muestra el orden oprobioso más que ocultar en los tiempos de la comunicación enmascarada. Cosas del mundo al revés y de las emboscadas de las clases populares que han de ocultar sus cartas para que la carta constitucional limpie y dé esplendor, ya que el hombre blanco habla siempre con lengua de serpiente. En fin, vean la serie y me cuentan. En los tiempos de las cuentas y el muro de Wall Street, hemos de contar cuentos para decir algo de verdad. Paradojas de un mundo programado en serie y en serio.

Por Francisco Sierra Caballero (www.franciscosierracaballero.net). Colección ‘Notas rojas’

La minería: cómo entenderla sin molestar a nadie

Desde que el hombre comprendió la crucial importancia de mejorar sus herramientas de uso diario, ya fuese para defenderse, cultivar, excavar y orear la tierra, pecar, etc., confiriéndoles más durabilidad y prestación, la minería adquirió una importante relevancia en el día a día de la humanidad.

Deseo resaltar que la labor de obtener minerales de las entrañas de la tierra es trabajo para unos pocos, no son afortunados pero si intrépidos y aventureros.

Todo comienza con un simple gesto, el de “observar”. En la superficie de la tierra es necesario explorar y estudiar las pistas que la naturaleza nos ofrece, son los indicios de mineralizaciones lo que vamos buscando, con el estudio de las rocas encajantes que afloran a pie de terreno podemos llegar a realizar predicciones muy certeras que nos llevarán a encontrar dichos indicios.

Una vez que hemos conseguido reconocer el terreno y agotados todos los indicios superficiales es necesario utilizar otros métodos para investigar y averiguar lo que se encuentra en profundidad.

Para ello se emplearán técnicas de perforación de sondeos, que nos permite tomar muestras del terreno a diferentes profundidades. Pero la pregunta que deberíamos hacernos es, ¿Cómo y dónde hacer estos sondeos?

Pues bien, una vez adquirido todos los conocimientos previos a nivel geológico del terreno en la campaña de exploración, ahora los trabajos se enfocarán en la línea de indagar sobre aquellos indicios obtenidos previamente que nos indiquen la posibilidad de la existencia de algún recurso minero susceptible de ser aprovechado y económicamente rentable.

Paralelamente, al empleo de perforaciones de sondeos está el uso de técnicas geofísicas y geoquímicas que también arrojarán datos sobre las características del terreno en el área de interés. A partir de este momento, estamos en posesión de poder plantear y planificar la fase de la campaña de investigación a través del desarrollo de una campaña de sondeos y determinar los objetivos concretos que se persiguen con la misma.

Detectada un área de gran interés para la explotación de recursos minerales, que además, económicamente hablando tiene un importante intereses en los mercados, se procede a la planificación de la explotación minera; para ello es necesario trabajar con un equipo humano multidisciplinar, donde van a participar ingenieros, geólogos, medio ambientalistas, economistas, etc., todo enfocado hacia un único objetivo, conseguir hacer lo más rentable posible la extracción de los recursos hallados, respetando en todo momento el medio ambiente y a las personas.

La explotación de minerales mediante minería a cielo abierto, desde los inicios de los albores de la humanidad, es el método de extracción minera más empleado, marcado por la premisa general de no excavar en el terreno si no es estrictamente necesario, aprovechando todo lo que se encuentra accesible desde la superficie.

Explotación a cielo abierto

No siempre es posible poder desarrollar directamente este tipo de explotaciones a cielo abierto, limitaciones del tipo profundidad a la que se encuentra la mineralización, o la existencia de impedimentos de otras índoles de carácter medio ambientales o por seguridad ciudadana, etc., pues bien, llegados a esta situación, podemos optar por una alternativa totalmente diferente que sería la Minería subterránea.

Entendiéndose como tal, aquel tipo de minería la cual requiere de técnicas especiales de profundización, excavación de la roca para construir galerías, cales, piques, etc., conocimientos de orientación en el subsuelo y una serie de técnicas muy especializadas, cuyo empleo en conjunto hace posible el profundizar y la extracción de los recursos del interior de la tierra.

La acción de romper la roca para excavarla ya se hacía desde la prehistoria, desde la Edad de Piedra, solo requerían de conocer y dominar técnicas como el hacer fuego o, poder llevar el agua hasta el punto donde se necesitase, de esta manera, conjuntando fuego y agua el hombre consigue deshacer la roca y poder extraerla a la superficie, donde ya podrá tratarla y obtener la Mena.

Minería por fuego en ‘De re metallica0 (1556) de AGRICOLA

Lógicamente, estás técnicas tan rudimentarias han dejado de emplearse, pero no por ello, se ha dejado de excavar la roca para sacar el valioso mineral. Como algo anecdótico, mencionaré que en las minas de plata de Kongsberg en Noruega, esta técnica se empleó hasta 1890, lo que supone la más tardía aplicación conocida en Europa.

Otras innovaciones importantes que influyeron crucialmente en la minería, serían:

  • La invención de la Pólvora Negra, concretamente en China, descubierta tras mezclar Azufre, Nitrato potásico y Carbón vegetal, se data tradicionalmente alrededor del siglo IX. Un invento antiquísimo, se la puede considerar como una de las más importantes innovaciones tecnológicas del ser humano, ya que ha supuesto un hito en el desarrollo minero y, también, en las obras públicas, sin olvidar el uso militar.

No es hasta mediados del siglo XIX, concretamente 1866, cuando el químico e ingeniero Alfred Nobel inventó la Dinamita, la cual también tuvo innumerables aplicaciones industriales y mineras.

La Revolución Industrial a mediados del siglo XVIII, permitió vivir el mayor conjunto de transformaciones económicas, tecnológicas y sociales de la historia de la humanidad desde el Neolítico . Con las innovaciones en industrialización y el desarrollo de máquinas y herramientas, la civilización moderna vio ampliamente mejorada las técnicas en minería y en las industrias afines, como por ejemplo, la metalurgia, la siderurgia, el transporte, etc.

A principios del siglo XX, con el desarrollo de las herramientas de perforación por aire comprimido, conjuntamente con otros hallazgos anteriores, la minería subterránea entra en una nueva etapa, lográndose alcanzar grandes profundidades.

Otros avances y mejoras en los sistemas de ventilación, sistemas de bombeo de agua, sistemas de sostenimiento y entibado, etc., han posibilitado este desarrollo de la minería.

Desde el momento en el que se obtiene la roca fracturada en el interior de la mina, existe la problemática añadida de extraerla del subsuelo y transportarla hasta la zona donde será tratada para separar la mena de la ganga; pues bien, este gran reto, desde tiempos inmemoriales, se ha conseguido alcanzar mediante el empleo de la fuerza humana.

Posteriormente, esta mano de obra fue sustituida por el empleo de la fuerza animal, animales de tiro empleados para poder realizar este tipo de actividades mineras y, posteriormente, con el desarrollo de la industrialización, este tipo de fuerza de tracción animal será sustituida por el uso de maquinas de vapor y, finalmente, el uso de maquinas con motor de combustión o eléctrico.

El material extraído, es un conglomerado mezclado conocido como TODO-UNO, en general, esta sustancia porta tanto ganga (material no valioso) como mena (mineral). Pues bien, habrá que quedarse con el material valioso, por tanto, en las inmediaciones de las explotaciones existirán instalaciones de tratamiento primario, lo que permite reducir notoriamente el contenido en ganga y, por ende, el elevado coste que de por si implica el transporte del concentrado de mineral, pues la cantidad de material final a transportar hasta las zona industriales será menor.

Siempre se ha perseguido el objetivo de obtener un concentrado de mineral, el cual, posteriormente será transportado hasta las instalaciones de mineralurgia y/o siderurgia donde serán tratados.

Imagino que para un gran sector de la población puede ser complicado de aceptar, y más, a estas alturas de la vida, con las circunstancias adversas que nos rodean a nivel medio ambiental, que la minería es crucial para el desarrollo del la vida humana en el planeta.

Es correcto pensar que la actividad minera es beneficiosa, si la entendemos, de manera general, como un periodo de oportunidades y prosperidad para las personas. Si bien es cierto que como actividad industrial no es una actividad renovable, si es acertado verla como una actividad sostenible, y cada día se lucha más para hacerla ver de esta manera. Es una industria que modifica, transforma y altera el medio en el que se desarrolla pero no lo daña hasta el punto de no poder recuperarse, pues si se toman las adecuadas medidas preventivas se cuida y protege el medio ambiente igual o más que algunas otras actividades industriales, que por ser menor su repercusión negativa a nivel visual, son consideradas actividades menos dañinas, pero no es así, entiéndase como ejemplos la agricultura extensiva, la ganadería intensiva, pesca ilegal, fracking o fracturación hidráulica, etc.

La minería como tal es la principal fuente de materias primas de la sociedad, llegando a entenderse a comienzos de la Revolución Industrial, que el grado de evolución y desarrollo de un país se medía en función de la cantidad de hierro que producía; esta forma de definir y evaluar las riquezas y desarrollo de un país es algo impensable en nuestros tiempos, una aberración.

Además, la minería no solo beneficia a quien la trabaja, pues todas las materias primas que producen son empleadas en industrias afines a este sector, desarrollando productos manufacturados que son cruciales en el día a día de las personas. Por tanto, esta actividad beneficia a todos pues sin ella, muy difícilmente podrías tener las grandes comodidades y desarrollos de los que actualmente gozamos.

Por dar unas pinceladas en el lienzo del desarrollo social y tecnológico, mencionar que:

  • Minerales metálicos (Hierro, cobre, plomo, magnesio, etc.)– desarrollo de industrias como la naval, ferrocarril, automovilística, cosmética, medicinal, alimentaria, etc.
  • Minerales no metálicos (nitratos, sulfatos, fosfatos, mármol, granitos, arenas, etc.)– desarrollo de industrias del tipo de la construcción, fertilizantes o en productos químicos de síntesis.
  • “Tierras raras” (Cerio, lantano, neodimio, tulio, etc.).- desarrollo de industrias dedicadas a las nuevas tecnología y comunicación.

Paralelamente, dejar mención de otro beneficio derivado de la minería, pudiendo mencionar que en aquellas zonas donde se han desarrollado dicha actividad han visto aumentar notoriamente sus poblaciones, esto ha hecho crecer la demanda de productos alimentarios, lo que ha generado un aumento en la producción agraria, pesquera y ganadera de dichas áreas poblacionales, considerándose esta situación como un desarrollo positivo en dichos sectores, potenciado y fomentado por la minería. No olvidar de creación de hospitales, escuelas, etc.

Al margen de la merecida imagen de destrozos y alteraciones que ha producido la actividad minera en décadas pasadas, en las que no existía regulación legal tan amplia como la de hoy día en materia de protección de medio ambiente, restauración de zonas afectadas por actividades mineras, sanciones medioambientales, etc., si es mi intención dejar claro que en la Ley de Minas de 1973 ya se contemplaba la protección al medio ambiente y sanciones por incumplimientos de la misma en la Legislación Española, por tanto, esta actividad es pionera en la protección y conservación de la naturaleza, la flora y la fauna.

Deseo con estas palabras, poder hacer ver a aquellas personas que niegan la crucial importancia que tiene el sector minero, que es una actividad que provoca cambios en el medio que la rodea, pero las cosas hechas con conocimiento y sabiendo hacerse no tienen por qué ser negativas para nadie; importante es aunar esfuerzos, para hacer posible el modelar conciencias y hacer entender a las grandes corporaciones mundiales que no pueden llegar a un lugar, extraerle sus riquezas y abandonarlo sin cumplir con la legislación ambiental existente, y de no cumplirse con la misma, ser sancionadas con todo el peso de la ley.

Reflexión personal: Al fin y al cabo, cualquier actividad en la vida la desarrollan las personas, son ellas las máximas responsables de la repercusión de sus actos y las únicas implicadas en los daños que se derivan de una incorrecta actuación; pero así es cualquier cosa que hagamos en la vida, ¿no creen?

Colombia: 20 de julio de la Independencia a la Resistencia

Colombia es uno de los países con mayor inequidad del planeta, vive desde hace cerca de 90 años una de las violencias sociales más largas y cruentas, que deja más de trescientos mil muertos. Desde el 28 de abril Colombia vive un hecho histórico e inédito, se levantó dolida y dijo “basta ya”, y salió a manifestarse a la calle de forma pacífica en cabeza de su juventud.

Sin embargo el Estado y tal como lo ha venido históricamente haciendo, desató la más fuerte represión por parte de la fuerza pública, asesinando, desapareciendo, violando. La CIDH, organizaciones políticas y sociales internacionales, no dejan de testimoniar el horror sufrido por las y los manifestantes en su legítimo derecho de protestar ante la creciente y continuada pobreza.

El pasado 2 de julio en la Plaza del Antiguo Estadio en horas de la tarde, el Grupo de trabajo Solidaridad por Colombia, conformado por ciudadanas y ciudadanos colombianos residentes en Huelva, quienes a título individual y con una fuerte inquietud de movilizarse en apoyo a la población colombiana, realizaron una reunión de trabajo con objeto de conocer qué siente, piensa y propone este colectivo, a la vez, la niñez también participó a través de sus dibujos expresando sus sentimientos, aun inocentes, frente a la grave situación que vive nuestra amada patria.

Impotencia, dolor, rabia e indignación fueron los principales sentimientos manifestados sobre la violencia estatal con la que ha actuado el gobierno hacia las legítimas protestas ciudadanas; algunos testimonios compartieron experiencias de sus círculos cercanos sobre palizas por parte del ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios), detenciones arbitrarias e incluso desapariciones. En el mismo sentido desde la ONG Temblores, organismo que realiza seguimientos y presenta denuncias sobre la criminal conducta del estado colombiano, añaden, además información de abusos sexuales por parte de las autoridades militares y de policía colombianos, de quienes por el contrario se esperaría seguridad y protección al ciudadano.

Para algunas personas de la comunidad colombiana residente en Huelva, desde su impresión sobre la situación, señalaban la vergüenza y preocupación por los niveles de corrupción, la creciente concentración del poder mediante el nombramiento de sus afines en los entes garantes del control, seguimiento y veeduría; sin olvidar el largo historial de incumplimientos a las comunidades afro y originarias quienes se les sigue excluyendo y perpetuando en la pobreza, negándoles lo que por la Constitución de 1991 les pertenece. Sus vidas y territorios fuertemente amenazados por los intereses económicos, han hecho que su resistencia tenga un gran precio porque la lista de asesinatos de líderes y lideresas medioambientales no ha dejado de crecer, como lo confirman diversas investigaciones y campañas, entre ellas “Juntas somos Victoria” de Oxfam Intermón.

El 20 de julio, la citada conmemoración por la independencia del régimen colonialista, ha pasado a ser la fecha señalada por el Comité del Paro Nacional para radicar varios proyectos de Ley que buscan una salida acorde a la realidad que vive el país, concertaciones desde diversos sectores que esperan que el Senado colombiano no les falle, como lo ha hecho con el acuerdo de Escazú; que este Senado reaccione y si tiene algo de dignidad, apruebe estas propuestas, y que sí, dejan patente la cooperación y solidaridad entre la ciudadanía para afrontar los momentos de crisis generalizada en la que se encuentra sumida. 

 

Comunidad de Colombia en Huelva

Ana Rosa Quintana

Un estudio sobre liderazgo y opinión pública realizado no hace tanto en nuestro país concluía que una mayoría amplia de mujeres por encima de los cuarenta años tiene como arquetipo ideal, en un sentido proyectivo, a Ana Rosa Quintana. El dato, aunque irrelevante, considerando sobre todo los datos de audiencia, no deja de resultar llamativo. Más que nada porque ilustra el estado cultural en el que nos encontramos.

Tomar como referente y admitir en el espacio público una antiperiodista con un discurso normalizador de extrema derecha no sería tolerado en otros países de nuestro entorno europeo. Y aquí es pauta común, entre otras razones porque cumple una función estratégica para los herederos de la cultura del estraperlo y la acumulación feudal de la oligarquía que domina el país.

No viene al caso detallar aquí las razones que me asisten en tal sentencia. Da pereza intelectual ocuparse en nuestra columna de Notas Rojas de un caso semejante. Pero sí conviene advertir que los datos de audiencia van acompañados de la credibilidad y confianza del público, como en el caso del vendedor de seguros, pese a su comprobada tendencia a la falsificación y el sesgo ultraderechista en sus opiniones de andar por casa, todo para gloria de los Florentino Pérez y compañía. Por lo que, dado el espíritu y cultura política del país, puede colegirse que España no alcanzará la madurez democrática, más allá de todo formalismo institucional, hasta que los Matías Prats, los Carlos Herrera y otro tipo de gacetilleros del franquismo sociológico dejen de ser un referente de la ciudadanía. Todo proceso constituyente pasa, en otras palabras, por situar en su debido lugar a actores políticos como Ana Rosa Quintana, viva expresión de la sinrazón como negocio. Y que en los últimos tiempos abona el terreno sobre lo peor del atrabiliario modo de vida en Hispania: de la justificación de la violación y normalización de la manada a la defensa de la propiedad privada con la supuesta oleada de ocupaciones de vivienda que asolan el país, a juzgar por sus espacios reiterativos sobre el tema, pasando por la amenaza quinqui en Barcelona o la defensa de los valores ultramontanos de familia, tradición y propiedad. Una crónica reiterativa de tópicos comunes del mundo al revés que cumple un claro objetivo propagandístico, mantener el orden social disciplinando con la filosofía del cuñadismo a las multitudes que exigen pan, trabajo y libertad. No otra función vicaria tiene la crónica de sucesos.

En ‘La monarquía del miedo’, Marta Naussbaum demuestra cómo este dispositivo de poder, el miedo, es un poderoso recurso de control social. Determina por ejemplo el proceso de deliberación pública, promoviendo el individualismo posesivo y el aislamiento, necesarios para la doctrina del shock. La cultura primaria de las emociones viscerales convierte así el discurso ultramontano voxiferante en animal de compañía sin política ni mediación posible contra toda lógica o principio esperanza, alimentando en todo momento la envidia, pecado capital en España y nuestra cultura latina que encubre impotencia e inseguridad, en la forma del ingenio y el engaño que históricamente han marcado nuestra modernidad barroca. En nuestra cultura, la envidia es fuente destructiva de animadversión que reproduce la mediocridad en la política e incluso en la Universidad, por no hablar del mundo de la empresa. Es la política vengativa de lo peor, de los tristes que alimenta el escaparate de lo público. La envidia, como programa del neoliberalismo, no es el secreto de la competencia sino su negación y conecta el programa de Ama Rosa (digo bien) con Supervivientes y los reality de competencia por un mendrugo de pan.

Dejó escrito Kant que la voluntad de hacer daño solo se puede contrarrestar con cultura y educación. Así que más lectura y menos comentarios improvisados en las redes. Que para eso este país es el primero en enterrar bien, o mal. Recordemos casos como el de Blanco White que tan bien analizara Juan Goytisolo a propósito de El Español y su crítica al orden reinante en esta tierra: clasismo, anquilosamiento administrativo, despotismo cultural, fragmentación territorial y persecución al hereje. Seguimos en lo mismo, en pleno siglo XXI, aunque ahora quien preside el tribunal de la inquisición no se llame Torquemada, sino Ama Rosa Quintana, rima asonante que en la práctica es consonancia con un proyecto de país iletrado. No da ni para escribir un libro por sus propios medios, o una columna, que de todo hay en la viña de los recolectores de la acumulación por desposesión.

Por Francisco Sierra Caballero (www.franciscosierracaballero.net). Colección ‘Notas rojas’

Colombia: Manos arriba, esto es un asalto

Un artículo de las doctoras Mónica Montaño Garcés y Nidia G. Mora Quiñones, residentes en Huelva y docentes de la Universidad de Huelva

Con las manos arriba para sobreponerse al miedo perpetrado por las fuerzas públicas del Estado comandado por el Presidente Iván Duque y su equipo de gobierno, lleva el pueblo colombiano más de  once días de movilizaciones, alentadas con la fuerza y sacrificio – de no pocas vidas -, de sus jóvenes y líderes comunitarios, sin encontrar respuestas a sus demandas de pacificación, gobernanza responsable y justicia social para una vida en condiciones de bienestar y dignidad como corresponde a un país inmensamente rico.

Después de un largo proceso de paz con intervención internacional que la violencia armada entre los diferentes grupos Estado-guerrillas-paramilitares dejó por más de 50 años, se esperaba el renacer colombiano y el momento para superar el dolor y las pérdidas en todos los sentidos.

Los compromisos adquiridos por el gobierno de Duque no se han cumplido, por el contrario se ha agudizado la pobreza, ha regresado la violencia y los fantasmas del terror, el abuso y la violación sistemática de los derechos humanos.

Resulta lamentable que a día de hoy un país con una espectacular biodiversidad, rico no solo en capital humano  sino también en sus recursos, que por cierto, son moneda de cambio con grandes corporaciones en territorios y comunidades de incalculable valor ecosocial, se encuentre ocupando el 83 puesto en el índice de desarrollo humano, habiendo descendido 4 puntos desde 2019 y con más del 42% de su población en riesgo de pobreza extrema.

El gobierno no ha estado a la altura, como muy poco lo han estado los anteriores, sin embargo era la oportunidad de salvar el país y mirar hacia el futuro, una nueva era para reescribir la historia con cambios profundos en la implementación y ejecución de políticas públicas que por fin  reconocieran la dignidad de las personas, sanaran las heridas y   restaurara la justicia administrativa y social. Como ha acontecido  en procesos como los llevados a cabo en otros lugares donde la reparación a las víctimas permitiría cerrar la sangrienta herida.

Es incomprensible que en un país andino con más de 250 variedades de patatas deba comprarse a Bélgica y el sector agricultor y ganadero tenga que botar sus productos porque no hay quien se los compre, que las poblaciones rurales no puedan usar sus semillas y deban usar exclusivamente las certificadas -llámense transgénicas producidas por Monsanto- que con los problemas conocidos de salud se siga defendiendo la fumigación con glifosato, que se priorice la megaminería y el fracking en territorios con una alta diversidad arrinconando a las comunidades, contaminando y agotando los recursos como sucedió en la Guajira, se reforme un sistema de salud para concentrarla en multinacionales que haciendo pagar una póliza por paciente no tendrá derecho a enfermarse, que se pretenda una reforma tributaria acompañada de subida de impuestos a los productos básicos del 19%, gota que colmó el vaso.

Este inconformismo no es de ahora, el 21 de noviembre de 2019 ya hubo un paro de similares dimensiones donde además se reclamaba por los asesinatos de activistas sociales y medioambientales, por la defensa y protección de sus vidas y la no criminalización por el Estado. Eduardo Cifuentes presidente de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) señala la cifra de “904 líderes y defensores de derechos humanos y 276 excombatientes de las Farc-EP” desde la llegada a la presidencia de Duque hasta abril de 2021.

La pandemia fue la excusa perfecta para evadir nuevamente los compromisos ante esa movilización pero las últimas medidas para la salud, la educación y la economía provocaron el llamamiento a salir a marchar este 28 de abril, se leía un cartel “ si no nos mata el virus nos mata el gobierno de hambre”, y ahora se puede decir que se ha producido de verdad.

Entre los informes del seguimiento de la actuación policial en el marco de las movilizaciones  de la ONG Temblores, entregados a la Misión de Naciones Unidas en Colombia, cifran 37 homicidios, 1708 casos de violencia,222 víctimas de violencia física, 22 víctimas de agresión de ojos, 110 casos de disparos de arma de fuego, 10 víctimas de violencia sexual Y 312 intervenciones violentas. 

Hechos que como  Colombiano/as residentes en el exterior escuchamos de familiares y amistades, vividas con gran preocupación al conocer las noticias sobre helicópteros y coches disparando a quienes se manifiestan, a la infiltración de policías  en las protestas para realizar actos vandálicos, camiones con personas golpeadas y mujeres aterrorizadas con un posible abuso sexual.  

En España, someramente se ha ido tratando la noticia; durante esta semana se han reproducido concentraciones en apoyo a la población civil con escasa difusión en los medios informativos y  en algunos, salvo mencionar ataques a la policía, ni mucho menos se ha explicado las causas por las que la ciudadanía colombiana ha decidido continuar el paro.

A los llamamientos de diferentes sectores sociales y colectivos sociales, se han unido profesionales del Trabajo Social, la Medicina, la Psicología, la Educación y seguirán más acudiendo a las manifestaciones convocadas a lo largo del país, como los casos de miembros de la policía y el ejército que se niegan a seguir participando, profesionales del Derecho que se ofrecen a representar a familias ante las autoridades, algunas para buscar a sus seres queridos porque también se están produciendo desapariciones forzosas de personas que han salido y no han regresado a sus domicilios.

Poco a poco la comunidad internacional se va pronunciando, organizaciones internacionales y organismos oficiales están reclamando el cese de la violencia, el ejercicio del derecho a la manifestación pacífica y la protección de la ciudadanía, por ello solicitamos que los partidos y gobiernos se sumen al pueblo colombiano y exijamos al Presidente Duque no más violencia, la desmilitarización del país y la atención a las demandas sociales, así como la apertura de las investigaciones necesarias sobre los crímenes de Estado cometidos contra líderes y sus comunidades.

Cuando la justicia no funciona en ninguno de sus niveles…el poder de un Estado sometido a la corrupción y al pillaje pretende con violencia bajar las manos levantadas por el derecho legítimo que ejerce un pueblo para clamar su bienestar.

McTELE

Nada tan peligroso para la salud como la comida rápida y, para la cultura democrática, el llamado infoentretenimiento, un ecosistema audiovisual de baja calidad, altamente calórica y de acalorados debates tertulianos al modo La Sexta que atentan contra la convivencia y la salud democrática. Tal deriva no es espontánea o accidental, la dialéctica que nos consume resulta de una política de lo peor que ha implantado en España la matriz hegemónica del modelo mamachicho, con la consecuente berlusconización del espacio catódico, lo que explica el caso Ayuso (financiación pública de por medio, como ha revelado Marcos Muñoz en El Público) afectando sobremanera el juego de la comunicación que marca la agenda de los debates con los que nos entre/tienen. Por lo mismo, es previsible que la nueva contrarreforma audiovisual en proceso atente contra los pocos resquicios autónomos de servicio público radiotelevisivo existentes.

La TDT se implantó en España en pleno proceso de desmantelamiento acelerado del Estado del Malestar: en el reino borbónico a más no se pudo llegar. Lo del modelo nórdico estaba bien para pseudosesudos artículos de la revista El Socialismo del Futuro, de Alfonso Guerra, pero no para la práctica. Con esta transformación del sistema televisivo hemos pasado así sin solución de continuidad del NODO, y la RTVE de Franco y sus secuaces, a la McTELE y la comida rápida adulterada para el espíritu nacional sin variar significativamente, lo que no deja de resultar curioso, el llamado franquismo sociológico. Así hoy la caja tonta es el templo ya no de la estupidez sino de la mediación por antonomasia de toda posibilidad de reconocimiento, convertida en agencia matrimonial, consultora pública o agencia de empleo vía formatos como GO TALENT. Pocos analistas sin embargo han avizorado lo que nos viene encima. Quizás solo Bop Pop que ha entendido muy bien el sentido de este lógica del método por la que no es que la televisión hoy sea la escuela paralela, es que el reality show ha remplazado a la educación como instancia de movilidad y ascenso social. El régimen de visibilidad y la nueva economía política de la información personal que vive la generación millenial es el que aprendieron con Belén Esteban, la princesa del pueblo. Otra cosa es el discurso fascista que lo acompaña. Pero para el caso, da lo mismo: la emergencia de las kellys y la gente común en pantalla solo es posible bajo la condición de alimentar el bucle recursivo y asumir la falsa garantía de democratización del espacio público, privatizado como está todo, incluida la calle y el transporte público, en forma de rueda de la fortuna o promoción publicitaria. Cuando los protagonistas de la información del telediario son en más del 60% directivos y de clase alta (no menciono aquí género o raza por resultar obvia la conclusión a la que llegaríamos), la clase obrera tiene apenas un 10 o 15% de presencia, peyorativa como siempre, y en el marco normalizado e instituido en la industria cultural de reclamo singularizado de los concursos y realities en tanto que mano de obra barata al servicio de empresas como ENDEMOL y LA FABRICA DE LA TELE.

En la era de ingeniería social y la sociedad positiva, el Plan Nacional de la TDT puede en esta línea ser considerado un naufragio cultural. Mayor concentración, menos pluralismo, precariedad del sector y homogeneidad de la oferta llevando la lucha de clases por otros medios de representación inenarrables, pues nada cuenta ni nada se espera de esta cultura espectacular. En parte porque el proyecto ha sido pensado por economistas y los secuaces imitadores del capo de Mediaset. En otras palabras, la Agenda Digital es en España más bien un proyecto orientado al consumo y al mercado a lo bienvenido Mr. Marshall. Y aguarden si se aprueba la Ley Calviño del Audiovisual, cuando el 5G se universalice para las comunicaciones móviles y empiece a estar operativo, en el nuevo dividendo digital, un múltiplex Ultra HD en manos de los de siempre. El naufragio terminará ahogándonos en el mar de la contaminación proliferante ya sin posibilidad alguna de salvación. Por ello, ahora más que nunca, en este escenario de la televisión basura cabe volver a ser impertinente, y plantear cosas no evidentes que a uno se le ocurren por pecar de imprudencia o insobornable voluntad partisana. A saber: ¿ Y el cine, y la cultura, y el audiovisual creativo ?. Sabemos que tanto en Bruselas como en Moncloa ni se piensa en ello ni se apuesta por desmontar las bases mediáticas que nos ocupan, salvo como obligación marginal de inversión en la industria europea en virtud de una normativa que ha llegado tarde y no altera la estructura de poder que comanda la matriz colonial de los herederos de Franco en este erial que es nuestro sistema catódico, un espacio feudal que, para más inri, ni es sostenible ni lógico incluso en la propia racionalidad económica imperante, tal y como hoy vemos con la externalización de empresas como Canal Sur. Si sumamos a esto que, no se sorprenda el lector, en medio de la inercia de la destrucción creativa, Ayuso da luz verde a la universidad privada del Grupo Planeta, tenemos el cuadro compuesto para retornar al capitalismo de amiguetes que es el IBEX35.

Clausurada la aventura de la Institución Libre de Enseñanza, y toda tentativa de virtud republicana, la telerrealidad que nos preside promueve de forma proliferante academias privadas para las celebrities, limitándose como sucede hoy toda promesa de movilidad social a una mera cuestión de casting para Gran Hermano a golpe de talonario. En esta dinámica, la producción efímera de audiencias, infieles por naturaleza en la era del mando a distancia que invierte la relación de la telestesia – Dios ha muerto y la caja negra de mi televisor también –abunda en la mercantilización extrema de unos medios mercantilistas de usar y tirar que agudizan como resultado el sentido de la competencia y la individuación del modelo posmoderno de consumo posesivo. A fuerza de la búsqueda del impacto, no sabemos, en fin, si los actores que aparecen en pantalla están infoxicados por la dieta mediática o directamente están posesos, imbuidos por el fragor de la batalla de las mercancías que todo ilumina de oropeles y promesas el mundo que habitamos. Pues, por principio, han de distinguirse y mostrar, por la vía del postureo, que lo que valen es lo que muestran. La posverdad no puede tapar sin embargo lo evidente, la esclavitud del instante y el mercadeo del que son objeto. Como bien dice, con razón, Felipe Alcaraz, cuando los medios callan, los muros hablan. En Buenos Aires, una pintada anónima rezaba: “me engañarás en la nómina, pero no en el trabajo”. La vida fingida en la McTele es, al fin y al cabo, trabajo vivo capturado. El para qué y cómo, en otro capítulo de esta columna.

Por Francisco Sierra Caballero (www.franciscosierracaballero.net). Colección ‘Notas rojas’

90 años de devenir republicano

Un artículo de Jose Antonio González Soriano

Círculo de Podemos Huelva

 

Cuando el 14 de abril de 1931 se proclamó en España la II República, un nuevo horizonte político se extendió ante los ojos de un pueblo fatalmente acostumbrado al desprecio y la impotencia. En el período republicano se acometieron transformaciones sociales y culturales que pusieron en pocos años a nuestro país a la vanguardia europea, cuando hasta ese momento habíamos sido uno de los más firmemente anclados en el Antiguo Régimen. Ley de divorcio, voto femenino, emancipación de las mujeres, escolarización pública a escala masiva, apoyo estatal a la ciencia y a la cultura y un avanzado proyecto de reforma agraria figuran en el haber de los gobiernos de izquierda de este periodo, si bien toda esta renovación tuvo lugar en el medio de una corriente de impulso democrático que se identificaba con el “espíritu republicano” de que se impregnó la mayor parte de la sociedad española. Todos y todas sabemos cómo terminó aquello.

Noventa años después, si una cosa nos queda clara al posicionarnos como republicanas y republicanos es que nuestra reivindicación no se centra solo en un cambio en el modelo de la jefatura del Estado. Cuando filósofos como Rousseau o Kant hablaban de republicanismo se referían a la realización total del principio de la soberanía popular, en la alianza democrática de un pueblo que decide gobernarse a sí mismo y desarrolla los mecanismos de solidaridad que le permiten compartir unos mismos principios de justicia y libertad. Como señalaba la filósofa Hannah Arendt, la república encarna la idea central de la política entendida como “el empeño nunca acabado por parte de la gran pluralidad de los seres humanos por vivir juntos y compartir la tierra bajo una libertad mutuamente garantizada”.

En el presente, la demanda de un Estado republicano gana fuerza minuto a minuto, según diversos acontecimientos de esta época de profunda crisis van dejando al descubierto -demasiado al descubierto-, el auténtico sentido de la monarquía borbónica. En la Constitución, dos artículos enmarcan con precisión el papel que cumple el rey en nuestro Estado: si la “indisoluble unidad” de España se garantiza por medio de las fuerzas armadas, el rey desempeña el cargo de capitán general de las mismas. La figura del monarca recorta, por tanto, el abanico de posibilidades de la soberanía popular: la definición territorial del Estado unitario, controlado por las élites económicas, es intocable. Al mismo tiempo, la propia figura antidemocrática de un jefe de Estado vitalicio y dinástico, que no ha de rendir cuentas jamás, ni puede ser destituido (tampoco elegido), sirve de perpetuo recordatorio de que una parte esencial del mecanismo del poder está totalmente sustraída a la voluntad popular.

Juan Carlos de Borbón, huido de la justicia ante la inmensidad de sus delitos fiscales (entre otros muchos), y su hijo son reyes de nuestro país por la voluntad manifiesta de Franco, que así lo dispuso en un testamento político que lo dejaba todo “atado y bien atado” (una muy célebre expresión de amargo recuerdo). Un lazo de continuidad sigue tenazmente vinculando nuestro actual régimen con la dictadura. Nuestras instituciones políticas fundamentales se reconocen hijas del régimen franquista, bien al revés de lo que sucedió en el resto de Europa, que se refundó en 1945 a partir de un compromiso antifascista.

Las consecuencias de esta connivencia se dejan ver bien a las claras en el momento actual, cuando el neofascismo es agitado por parte de la derecha española como si se tratara de una opción política más, merecedora de la misma legitimidad que cualquier otra. La amenaza de que nuestra defectuosa e inestable democracia acabe colapsando como una democracia fallida se hace presente hoy, en el mismo momento en que la agenda neoliberal se encuentra bloqueada por la gravedad social de la crisis pandémica-económica.

Por estos motivos, la reivindicación de la República, en este 14 de abril, se despoja de todos sus adornos utópicos y se nos muestra en su entera, urgente y radical necesidad. Solo un futuro republicano habrá de ser un futuro democrático para nuestro país.

Las venas abiertas de Río Tinto y España

Si la historia de cada hombre o mujer es, como pensaba Brecht, simplemente contingencia y narratividad, no hay escritura ni imaginario posible que no pase por confrontar productivamente la mediación entre lo material y la proyección simbólica de la vida social, que no proyecte lo real y lo imaginario. Este principio es inexcusable y necesario en toda actividad de pensamiento no idealista, el alfa y omega de la crítica que consiste, básicamente, en aprender a pensar de otro modo, desde otra posición, articulando el sentido de la crítica como una crítica del sentido común. Desde este punto de vista, la autoría constituye una función pública de articulación de espacios de recuerdos y omisiones, trenzando constelaciones de patrimonio simbólico para el acuerdo o la controversia, más aún si se trata de un periodo tan conflictivo como la guerra civil. Y que nos emplaza a tratar de realizar un ejercicio de observación que hace emerger el recuerdo como promesa, pues la memoria, como afirma uno de los personajes de La paciencia de la araña es, por definición, terca: pasa de padres a hijos, de hijos a nietos, y termina por salir a flote invariablemente. Esta es una de las lecciones que nos brinda mi colega y compañero, Juan Carlos Rodríguez Centeno, autor de una nivola que recomendamos al lector, si quiere entender las venas abiertas de nuestra tierra en forma de fresco panorámico que, a través de los vencedores, nos cuenta el relato de una derrota, la historia en fin que no sé si se escribe con los renglones torcidos pero que, en este caso, se hace con el conocimiento histórico de un periodo que ha sido preferente en la obra académica del autor, tanto en su tesis doctoral como en numerosos trabajos que el atento lector puede seguir a lo largo de la dilatada trayectoria académica que atesora el profesor Rodríguez Centeno. Por ello es posible encontrar en sus páginas paisajes, personajes, escenarios, situaciones, escenas reconocibles habitualmente, todavía hoy, en Sevilla, o en su Huelva natal con toda la riqueza de detalles y modos de expresión que dan cuenta de un hondo y variado conocimiento sobre la cuestión. Suponemos que el autor ha querido jugar intencionadamente con tales espacios vitales (Casa Anselma, Bar El Plata, Vila Real de Santo Antonio) para ajustar cuentas con la memoria personal que es tanto como dialogar con la historia y su tiempo. No casualmente por ello la novela ya ha sido presentada en Sevilla, y antes en Nerva, y esperemos que pronto en Badajoz y Salamanca, ámbitos también en el que se desenvuelve la novela.

Cabe preguntarse, por cierto, por qué vuelve el autor a ciertos territorios o cartografías de lo vivido y sentido, o qué valor cabe reconocer en hacer revivir personajes nefastos de nuestra historia como Queipo de Llano, aún, por cierto, protegido en la Basílica de la Macarena, pese a los horrendos crímenes de guerra por él perpetrados. De qué hablamos cuando nos referimos a la paciencia de la araña: ¿a la red que tejemos para vivir y sobrevivir, o a la red metafórica que tejieron ciertos personajes arácnidos, con glándulas venenosas con las que paralizaron, por terror, a sus presas, usando las telarañas para la caza, captura y deglución de las víctimas del engaño del tejido no visible que se extiende en el aire, casi de forma imperceptible desde hace siglos en España?. Una respuesta posible es la de reconocer -cito literalmente- que «la mayoría de los españoles son infantiloides y el rey es la figura paterna a la que respetan, aman y temen. Sin rey están como huérfanos, sin autoridad, y entonces, cuando esto pasa, cuando falta el padre los hijos se pelean», dice Juan March en la obra expresando una concepción dominante en nuestro país. Este es el modo de pensar de los Ybarra, los Urquijo, los Medina, los Falcó, los Osbornes, la casa real, la oligarquía y caciquismo dominante. De ello bien sabemos y sufrimos en Andalucía, matriz del modelo premoderno y colonial del Estado uno, grande y libre, de destino universal, que prefiguraron para ocultar el latrocinio de la red de intereses comunes que ocultaron en la representación de la guerra. Y ello ha hecho posible, como reconoce uno de los personajes de la novela, que en España hayamos tenido monarcas adúlteros, puteros, ninfómanas, sifilíticos, enfermizos, asesinos, crueles, locos, medio tontos y tontos del todo sin solución de continuidad hasta el día de hoy. Como también esta es la causa de que haya vivido España cuarenta años en manos de un zoquete, enano, albondiguilla, castrati, figurón, sin pescuezo, inútil e incapaz de un generalito, «Paco la culona», cuyo mérito no fue otro que el oportunismo y arribismo magistralmente narrado por Rodríguez Centeno.

Pero no voy a hacer spoiler pues esta, como cualquier otra reseña, tiene por objeto sugerirles su lectura, analizar algunas ideas que evoca y, sobre todo, brindarles una invitación a sumergirse en el relato que espero les resulte jubiloso, más que nada porque he de confesar que la obra, siendo la primera novela del autor, atesora méritos que bien merecen se animen a buscar la obra publicada por Samarcanda. Puedo asegurarles que si así lo hicieran, encontrarán caminos y lecturas potenciales para repensar el campo social de nuestro presente, para develar el sentido de las nuevas construcciones ideológicas y el espesor material de los relatos de la crisis y contradicciones del proyecto España, si hemos de vindicar la MEMORIA que es tanto como definir lo común en un sentido proyectivo, para construir las bases de toda República, la simiente de la gobernanza y confiabilidad en el propio futuro, a modo de POLÍTICA DE LO COMÚN y definición dialógica del sentido y visión SOLIDARIA que hace posible la vida en sociedad frente a toda estrategia arácnida. De la paciencia a la impaciencia insobornable de una vida digna de ser vivida, tienen aquí elementos para comprender la restauración del orden natural que aquí cuestionamos y que nos deja varias lecciones sobre el tiempo de silencio, como metafóricamente expresara Martín Santos, que vivimos. Un tiempo que ha traído de actualidad el fascismo social y que cabe traer aquí las ideas expresadas por Francisco Ayala cuando señalaba cómo los intelectuales burgueses adheridos a la causa del proletariado llegaron al desengaño cuando las masas de adhirieron al nacionalismo en una suerte de conversión ideológica frente a la tradición internacionalista, federativa y cierto compromiso universalista del movimiento obrero. Un giro decepcionante que ya sabemos en qué terminó y cómo fue posible que la estrategia de la tela de araña funcionara. Por fortuna sabemos que, como bien advierte el autor citando a Virgilio, la mejor venganza contra los enemigos de la libertad es no claudicar. Así que, como decía Marcelino Camacho, ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar.

Por Francisco Sierra Caballero (www.franciscosierracaballero.net). Colección ‘Notas rojas’