Juan Ignacio Tovar, un campillero que da soporte tecnológico a más de 15.000 empresas

Este vecino de El Campillo, que lleva 10 años residiendo en Arcos de la Frontera, es el fundador de Fibermóvil Ibérica SL, que ofrece todo tipo de productos tecnológicos a cualquier parte del mundo

Nació hace 41 años en el antiguo ambulatorio de Minas de Riotinto, donde nacían todos los campilleros y campilleras de la época. Tras pasar su infancia y adolescencia en su pueblo, El Campillo, se marchó a Huelva a estudiar Magisterio y, a continuación, Psicopedagogía, tras lo que trabajó como comercial en diferentes empresas de la provincia de Huelva y, posteriormente, en Armilla (Granada).

Hasta ahí es una historia normal, como la de cualquier vecino o vecina de este pueblo de la Cuenca Minera de Riotinto. Pero su vida cambia nada más cumplir los 30 años, cuando se marcha a Arcos de la Frontera (Cádiz), donde se convierte en un claro ejemplo de que una persona, desde la nada, puede no solo crear su propio negocio, sino expandirse hasta el punto de tener como clientes a más de 15.000 empresas españolas.

Esta es la historia de Juan Ignacio Tovas García, una historia que no ha querido pasar por alto nuestra sección Mineros por el Mundo, que por ello dedica este artículo a este campillero de 41 años que nunca ha perdido su vinculación con su pueblo, donde tiene a su familia y a «mis amigos de toda la vida», como a él le gusta llamarlos, si bien desde 2010 reside en el citado municipio gaditano junto a su esposa, María José, y sus dos hijas, las mellizas Noa y Nayeli.

Su andadura laboral gaditana la inició llevando empresas de teleoperadora de ONO hasta que, en 2016, decide crear su propio negocio de telefonía. Primero monta una tienda física en el centro de Arcos de la Frontera, tras lo que, «poco a poco», el negocio crece y empieza a vender productos al por mayor a algunas empresas, lo que no fue sino el punto de partida para convertir su pequeño establecimiento de Arcos de la Frontera en una empresa ya expandida por todo el territorio nacional.

Debido a la «gran aceptación» de sus productos por parte de los demás comercios de telefonía de la zona, «nos fuimos expandiendo a nivel nacional» hasta fundar, en 2018, la empresa Fibermóvil Ibérica  SL, explica el propio Juan Ignacio Tovar, quien, a través de esta compañía, ofrece soporte a todas las empresas relacionadas con la telefonía, un servicio también disponible, cómo no, para las empresas de la Cuenca Minera de Riotinto, de donde es el fundador de la compañía.

Pero la expansión no solo se quedó ahí. Además de traspasar las fronteras de la provincia de Cádiz, la empresa también diversificó sus productos, que ya no son solo de telefonía, sino de todo tipo de productos tecnológicos, especialmente de la marca Xiaomi. «Llevamos ordenadores, accesorios, móviles, televisores, etc. para dar un mayor soporte a las empresas del canal electrónico», asegura.

Los clientes finales tienen además a su disposición esta página web, «nuestro pequeño Amazon», donde pueden encontrar la gran variedad de productos que ofrece esta compañía «a unos precios muy competitivos», que además pueden pagarse «cómodamente a plazos», destaca Tovar.

Además, el responsable de esta empresa anuncia que, próximamente, a través de la citada plataforma, «aparecerán más de 10.000 productos de todo tipo, incluido electrodomésticos, con un tiempo de entrega que nunca se excede las 48 horas». Los clientes disponen además de un teléfono de atención que pueden encontrar en el interior de la web.

El riotinteño Jesús Domínguez presenta su primer disco desde Rincón de la Victoria

Amante de la guitarra desde niño, este profesor de música lleva 20 años fuera de la Cuenca Minera, de donde se marchó para continuar sus estudios superiores, una formación que le ha permitido desarrollar una amplia carrera como músico y docente

Jesús Domínguez Salanova es un músico y profesor nacido hace 43 años en Minas de Riotinto, una tierra que no olvida desde su lugar de residencia habitual en Rincón de la Victoria. Un bello rincón de la provincia de Málaga hasta donde le ha llevado su carrera musical.

Una carrera en la que, como él mismo cuenta a Tinto Noticias, siempre “he tratado de desarrollar una doble faceta como músico: la de profesor y la de compositor-intérprete. Para ello, he estudiado guitarra clásica en varios conservatorios de Andalucía (Huelva, Sevilla, Córdoba y Málaga), finalizando el Grado Superior en el Conservatorio Superior de Música de Málaga”. Tras estos estudios, Jesús hizo el Master para el Profesorado en la misma Universidad de Málaga, continuando su formación obteniendo varios certificados en Lengua Inglesa para poder acceder a la enseñanza bilingüe.

Como profesor ha trabajado en escuelas de música de varias localidades malagueñas (Archidona, Vva. de Algaidas, Teba, Vva. de Tapia, Rincón de la Victoria, etcétera), además de ejercer como docente de música creativa para la Asociación de Superdotados de Andalucía y como profesor de Secundaria y jefe del Departamento de Música del Colegio Cerrado de Calderón en Málaga.

De forma paralela, este minero también ha dirigido y presentado el programa de radio ‘Al traste’, en Radio Victoria (Málaga), dedicado a la difusión del mundo de la guitarra.

Como intérprete y compositor, Jesús he ofrecido conciertos, tanto en formaciones de música de cámara, como solista en salas de concierto, auditorios y conservatorios de Huelva, Sevilla y Málaga. En los últimos años, su faceta como intérprete ha estado centrada en la interpretación de obras propias para guitarra, habiendo presentado un disco en la capilla presbiteriana de Minas de Riotinto.

Una trayectoria de enorme interés, que hemos querido conocer en primera persona.

-Jesús, ¿cómo surge tu interés por la música?

-Pues casi desde que tengo uso de razón. En mi casa siempre se respiró un interés muy grande por la música: mi madre es maestra de música y mi padre, un gran melómano que puso a mi disposición una gran variedad de música clásica para escuchar. Me llevaron a conciertos, a conservatorios, profesores particulares…, todo lo que necesité. Mi abuela materna era pianista y mi tío guitarrista. Gracias a él conocí la guitarra clásica desde muy pequeño. Sentía tal fascinación al escucharle que me enganchó hasta el día de hoy. Él tenía una expresividad y talento fuera de lo común, fue una inspiración que me marcó de por vida. A título anecdótico mencionar que tuve que empezar piano en el conservatorio porque en Nerva y Valverde no había especialidad de guitarra, aún cuando yo empecé, pero, dada mi fijación por la guitarra lo dejé, y estuve con varios profesores aficionados por la zona hasta que pusieron la especialidad en Valverde donde empecé.

Recuerdo de manera muy entrañable a un riotinteño, Rafa Delgado, que daba clases de guitarra por las tardes en el club de Bellavista; su carácter, su dinamismo hicieron que aprendiera muchísimo. Por eso, aunque haya conocido a grandes profesores y guitarristas siempre tengo un recuerdo y un respeto especial hacia él, un tipo estupendo.

-¿Cuáles fueron tus primeros trabajos?

-Dada la dilación de la carrera de guitarra clásica (14 años), es habitual que los alumnos compaginen sus estudios superiores con la enseñanza en escuelas de música. Así, mis primeros trabajos fueron en escuelas municipales de Huelva y Málaga, donde aprendí mucho. Uno empieza ahí por dinero y poco más, mientras termina los estudios, pero, al final, es toda una experiencia humana y docente: enseñar a tantas personas con edades distintas, intereses musicales distintos, circunstancias distintas…, te hace “aprender” mucho como profesor. Mi abuela decía: “se aprende mucho enseñando”, y realmente es así. Además, la enseñanza de la música tiene una implicación emocional que te conecta con muchas de esas personas con las que te cruzas. Es algo más que un trabajo, muchos de ellos siguen siendo amigos míos a día de hoy. Además, de muy jovencito (18 años) trabajé fregando platos en Londres y después en nuestra querida mina- también aprendí mucho ahí-, pero esa es otra historia…

-¿Cómo te surge la oportunidad de marcharte fuera de Huelva?

-Básicamente por motivos de estudios; no hay grado superior de guitarra en Huelva y me marché a Córdoba, después a Sevilla y, finalmente, a Málaga. En Málaga conocí a la madre de mi hijo y, por eso, me establecí aquí.

-¿Dónde trabajas? ¿Cuál es tu labor allí?

-En el Colegio Cerrado de Calderón de Málaga. Soy profesor de primero y segundo de ESO y también de guitarra. Como jefe del Departamento de Música he tenido que desarrollar las programaciones de música para esos cursos, organizar conciertos, etc.

-Llevas unos 20 años fuera de Huelva. ¿Qué balance haces de este tiempo?

-Positivo, sin duda. La vida del músico requiere mucha constancia y sacrificio, y a veces toca vivir circunstancias más difíciles pero, aunque sea un tópico, puedo constatar que el esfuerzo y la dedicación te llevan a desarrollarte y sentirte realizado en tu profesión.

-¿Cuáles son los trabajos que más te han marcado a lo largo de tu carrera?

-Creo que todo es experiencia. He puesto todo mi empeño en cada trabajo que he hecho: podría decir que trabajar en la Asociación de Superdotados de Andalucía ha sido muy interesante porque tuve mucha libertad para desarrollar una programación que estimulara la creatividad y el interés por la música en alumnos con mucho potencial creativo, pero, creo que como profesor lo que te marcan son las personas, y, para mí, el mayor éxito no es lo que yo pueda enseñar, sino el interés que yo pueda despertar en un alumno por la música. Eso ha sido clave en cada trabajo que he hecho, desde el más humilde hasta el más prestigioso. El trabajo como profesor de Secundaria me ha marcado mucho también. Es un reto tratar de que 25 o 30 adolescentes conecten con la música de Bach o Schumann en los tiempos del trap y el reggaetón, pero creo que también hay muchos prejuicios sobre los adolescentes, son más nobles e inteligentes de lo que parece. También me ha marcado porque he aprendido mucho de compañeros con más años de experiencia que yo.

-¿Qué estás haciendo en la actualidad?

-Pues, además de mi labor docente, me encuentro promocionando mi primer disco ‘En lontananza’. El mercado de la música clásica es secundario dentro del mercado musical, y podría decirse que el de la guitarra es secundario dentro del de la música clásica, y no es fácil promocionarse.

-¿Tienes previsto algún otro proyecto?

-He estado inmerso en la grabación de una obra en homenaje a mi tío Mario León, pintor nervense recientemente fallecido. En esta obra trato de reflejar lo que me expresaba su pintura y su personalidad. Me he centrado en este proyecto en los últimos meses debido a tan desgraciado acontecimiento. Además, preparo la grabación de mi segundo disco, tengo muchas obras acumuladas sin grabar y creo que haré una selección interesante.

-¿Qué recuerdos tienes de la Cuenca Minera?

-Aquí me tocas la fibra sensible, ¿recuerdos? Los mejores: una infancia en el colegio Virgen del Rosario comiendo churros de ‘La Amelia’ y corriendo en el recreo, una época en que la mina vivía una total prosperidad que se reflejaba en el ambiente del pueblo, cuando empezaba a salir con mis amigos e íbamos a la discoteca de Zalamea, mi primera novia…, recuerdos muy bonitos que se quedan ahí grabados para siempre.

-¿Sueles venir mucho?

-Intento ir cada vez que puedo a Riotinto, necesito oler ese aire tan característico de nuestro pueblo, pasear entre sus pinos y sus calles, por Bellavista con ese ambiente inglés antiguo, por el Zumajo… Trato de quedar con mis amigos de siempre en Navidades, en La Esquila…, la verdad es que cada vez lo echo más de menos, será la edad.

-¿Algún mensaje a final a los mineros?

-De todos los mensajes que podría dar, creo que el más importante es que hemos tenido la suerte de nacer en un sitio muy especial, que ha sido muy triste ver cómo tras el cierre de la mina una generación entera de jóvenes se ha marchado de la zona y el pesimismo y el desempleo se han adueñado del ambiente, que ahora hay una nueva oportunidad de remontar un poco y hacer de Riotinto y de la Cuenca un sitio con futuro, que, independientemente de la actividad minera, hay una riqueza histórica, arqueológica y turística de la que se puede sacar muchísimo partido, más aún del que se le saca, solo hace falta gente que crea en ello, con ganas de hacer cosas. Me consta que hay algunos en ello, como Aquilino, Luis Iglesias y otras muchas personas que no tengo el gusto de conocer.

Por último, me gustaría reivindicar el papel de la música en la sociedad. Todos comprobamos año tras año como la música une, mueve, sensibiliza,” humaniza”… Esa música que tenemos metida los riotinteños en lo más profundo y que nos mantiene unidos a nuestro pueblo, a nuestra gente, por muy lejos que estemos, cada otoño. Hasta qué punto la música puede ser trascendental para la historia de un pueblo. Sin embargo, la música es muchas veces considerada como algo secundario. Primero, mi reconocimiento desde aquí a los que han mantenido la música viva en nuestro pueblo: a Nicolás en la Banda, a Naranjo con sus campanilleros, a los esquileros que salen cada año, a Martín y tantos otros, a Rubén y demás con sus carnavales, a Juanjo con su guitarra, a algunas jóvenes promesas, que sé que hay y, por supuesto, a esos grupos de garaje llenos de talento, a tanta gente que me dejo en el tintero. Y, por último, pedir que se fomente la enseñanza de la música; las bandas y las escuelas de música son más importantes de lo que parece, a veces, la única opción que tiene un niño de dedicarse a aquello que tanto siente.

La riotinteña Marta Naranjo, directora del centro de adultos de la cárcel de Sevilla

Tras estudiar Magisterio de Educación Física y ejercer como maestra en diferentes localidades, como El Campillo, lleva desde 2007 trabajando con los adultos en este centro penitenciario, en el que accedía a la dirección en 2017

La vida de Marta Naranjo Ramos permanece unida a la docencia desde siempre. De hecho, mientras estudiaba Magisterio de Educación Física en Sevilla, esta riotinteña de 38 años comenzó a trabajar como monitora de patinaje en línea con el Club de Patinadores de Sevilla entre los años 2001 y 2002, un empleo que le permitió conseguir un poco de dinero para sacarse el carnet de conducir. Un primer contacto con el mundo laboral que un año después, una vez finalizado sus estudios -y mientras se preparaba las oposiciones de Maestros-, le llevó a trabajar como monitora deportiva en el Polideportivo Municipal de Minas de Riotinto.

Ese mismo año logró sacarse su plaza de Maestra en la especialidad de Educación Física, iniciando su andadura como docente hasta lograr su destino actual en el año 2007: el Centro de Adultos del Centro Penitenciario de Sevilla. En total, Marta lleva ya 17 años como docente, un tiempo a lo largo del cual también ha ejercido un curso en El Campillo, dos cursos en Sevilla capital y otro en Pedrera (Sevilla).

Ahora, desde su residencia en la localidad Sevillana de Gerena, esta minera hace balance de su trayectoria y evoca su relación con su tierra, la Cuenca Minera.

-Marta, ¿cómo surge tu interés por la educación?

-Pues la verdad es que vocación como tal por la educación no tenía. Me interesaba mucho lo relacionado con el deporte y mi objetivo era entrar en el INEF, pero, al no superar las pruebas de acceso, decidí meterme por Magisterio de Educación Física con la intención de volver a intentar acceder al INEF al año siguiente. Pero, al comenzar la carrera, me empezó a gustar y ya tomé la decisión de terminarla. En concreto, mi interés surge, sobre todo, cuando empiezo a realizar las prácticas con niños. Es ahí donde me empieza a gustar más la educación. Un interés que aumenta cuando comienzo a trabajar con adultos privados de libertad en el Centro Penitenciario.

-Un Centro de Adultos del Centro Penitenciario de Sevilla en el que eres directora…

-Como directora ejerzo desde 2017. Entonces fue cuando el director anterior cambió de centro y me propuso asumir la dirección durante el curso en el que él se iba. Luego, al curso siguiente, presenté mi candidatura para ser la directora del centro a través del proceso de selección que se realiza en Andalucía para acceder a la dirección, donde tienes que entregar y defender un Proyecto de Dirección ante una comisión de selección, la cual establece, una vez terminado el proceso, que sea yo la candidata a ostentar la dirección del centro.

-¿Cómo surge la oportunidad de marcharte de Huelva?

-Pues surge cuando cumplo los 18 años y me voy fuera del pueblo a estudiar la carrera que había elegido. Me gustaba mucho Sevilla y decidí irme allí a cursar mis estudios

-En total, llevas 20 años fuera. ¿Qué balance haces de este tiempo?

-Hago un balance muy positivo, ya que desde que estuve estudiando tenía claro que quería hacer mi vida en Sevilla, donde viví durante 6 años en la capital y, desde el 2008, en Gerena, pueblo en el que hago mi vida, he formado una familia y me encuentro muy integrada y feliz.

-Eres una enamorada de tu trabajo.

-Totalmente. El año que comencé a trabajar en el Centro Penitenciario, no llevaba ni 3 meses, cuando me di cuenta que mi vocación como maestra estaba ahí, en enseñar y educar a personas privadas de libertad. Es un trabajo muy gratificante, donde la labor docente está muy valorada y reconocida y donde nuestro trabajo cobra mucho sentido. Hacemos una gran labor social y educativa y con un alto porcentaje de internos asistiendo a clase y aprovechando el tiempo que tienen que pasar entre rejas. Tuve que perder mi especialidad, ya que en la enseñanza de adultos no existe la materia de Educación Física y reciclarme en materias como Lengua, Matemáticas, Sociales, Naturales, Historia. Pero no me supuso mucho esfuerzo, ya que cada día me gustaba más el trabajo y era motivación suficiente como para ponerme al día en esas materias, para dar lo mejor de mí como docente a mi alumnado.

-¿Tienes previsto algún otro proyecto?

-De momento, no. Ahora con la dirección del centro tengo más que suficiente. Son 4 años desde el año 2018 y con posibilidad de renovar otros 4. Me encuentro volcada en ello ahora mismo y no pienso en ningún otro proyecto. Además, ahora he aumentado la familia y el tiempo que no trabajo, me lo ocupa todo la maternidad, con dos hijos, ¡qué mejor proyecto que ese!

-¿Sueles venir mucho a la Cuenca Minera?

-Sí, suelo ir entre 1 o 2 veces al mes. El pueblo donde vivo está relativamente cerca de Riotinto, a unos escasos 45 minutos. Allí viven mis padres, primas y mis amigas; así que suelo ir bastante y también es una forma que mis hijos conozcan sus raíces y disfruten del pueblo.

-¿Qué recuerdos tienes de Huelva?

-¿Recuerdos? Pues todos. Nací, me crie, crecí y pasé mi adolescencia allí. La mitad de mi vida, la viví íntegramente allí y, como suelo ir mucho, es como que lo vivo muy en presente, no solo en recuerdos. Allí está la mayor parte de mi familia y amistades y, además, he estado siempre muy ligada a las tradiciones del pueblo, como carnavales, Coral, romería y demás fiestas y eventos culturales. Y me gusta seguir formando parte de ellos, en la medida que mi trabajo y familia me permite.

-¿Algún mensaje al final a los mineros?

-Como suelo ir mucho, pues no me da tiempo a tener añoranza y suelo encontrarme con bastantes paisanos cada vez que voy, así que, a los que viven fuera, decirles que aprovechen cualquier oportunidad que puedan para volver a su pueblo y disfrutar de los pequeños e importantes momentos que nos da la tierra que nos vio nacer.

La periodista nervense Fali Durán, una mujer hecha a sí misma

Tras una amplia trayectoria profesional en medios como Odiel Información o CNH, no dudó en darle un nuevo rumbo a su vida apostando por un proyecto muy personal que nacía en Huelva con el nombre de ‘Trapos con otro punto’

Fali Durán es una periodista nervense que cuenta con una amplia trayectoria en el mundo de la comunicación y que no dudó en colgar el micrófono para llevar a cabo un ambicioso proyecto que ha logrado consolidar con trabajo y dedicación: ‘Trapos con otro punto’.

Un éxito que no ha extrañado nada a todas las personas que conocen a Fali Durán, un rostro bastante conocido de los medios de comunicación onubenses, una persona que es todo un ejemplo de cómo afrontar los cambios que se nos presenta en la vida.

Un bagaje que, tal y como ella misma nos relata, comenzó una vez que finalizó su experiencia en la televisión, en la ya desaparecida CNH. “Entonces, comencé a vender cosas que yo hacía a mano desde siempre. En un principio, lo hice como entretenimiento. Primero me dediqué a hacer complementos, muñecos amigurumi de ganchillo, además de pequeñas piezas de patchwork, una técnica que usa retales de tela sobrantes de otros trabajos. Eran piezas pequeñas que vendía por 1, 2, 3 o 4 euros. Me entretenía haciéndolos y vendiéndolos en mercadillos de artesanía”, nos explica.

Tras estos primeros pasos, a la vista del éxito de sus productos, Durán se animó a realizar objetos más complejos y ambiciosos, poniendo en marcha su propia página web de venta online. En este punto, “de forma simultánea, hice el curso universitario de Comunicación 2.0 en la Universidad de Huelva y me puse a trabajar para Andaluces Diario, pero la aventura duró relativamente poco tiempo y, entretanto, empecé a hacer contenidos para redes sociales, blogs y webs para empresas locales”.

Este tipo de actividades le permitió empezar a trabajar en Clínica Boccio, donde, además de llevar las redes sociales, la web y un blog, estaba en la recepción y realizó unas ‘Jornadas de Salud Bucodental y Deporte’ por toda la provincia durante tres años. Según recuerda, “de ahí crearon un Departamento de Comunicación para hacer jornadas monográficas, puertas abiertas, etcétera. Como la comunicación empresarial en una ciudad como Huelva está bastante poco valorada, mantuve mi tienda online y seguí yendo a los mercadillos”.

Pero, su vida dio un giro hace tres años y medio, cuando se planteó la posibilidad de montar un negocio en el que la costura creativa, el ganchillo y los talleres de manualidades fueran protagonistas. La idea era llamativa, pero la decisión no era fácil. “Tardé un año en decidirme, buscar la financiación y convencer a mi hermana y socia de que podría funcionar, a pesar de que Huelva es una ciudad muy pequeña, donde lo hecho a mano, la reutilización de materiales y la vida slow no tienen mucho sitio”, afirma.

A pesar de ello, el pasado 31 de agosto de 2019, su negocio, una tienda workshop denominada ‘Trapos con otro punto‘, ha cumplido tres años de vida. Una muestra de la buena acogida que ha tenido su iniciativa, tanto que, como nos comenta, “dejé la clínica y me dedico en exclusiva al negocio, que he tenido que diversificar, haciendo ropa a medida y arreglos de ropa. Hay bastante demanda de este tipo de trabajo. Aunque lo que queremos, en realidad, es dedicarnos a nuestras creaciones propias y encargos, además de dar talleres”.

Sí, los talleres también cuentan con mucha demanda, puesto que tienen cinco grupos, uno que ofrece en Encajería Plaza y, un cuarto, en su local. Estos grupos hacen costura o punto/ganchillo. “Me gustan los grupos pequeños, así que somos entre 30 y 40 personas en total (depende del mes). Nos encanta hacer ropa de niños y llevamos dos temporadas triunfando con nuestras colecciones flamenkitas…, unos vestidos sencillos de inspiración flamenca que hacemos desde la talla de 3 meses hasta, más o menos, los 4 años. Y también tenemos algunos proyectos relacionados con la comunicación”.

Entre otras curiosidades, toda la tienda ‘Trapos con otro punto’ está decorada con materiales nobles, muchos de los cuales son reciclados, realizados por ellas mismas. Además, han participado en diversas campañas solidarias, como cuando recaudaron unos 1.000 euros para la Campaña de Salvación del Recreativo de Huelva confeccionando muñecas, sin olvidar la elaboración de mantas para refugiados y su colaboración con la Asociación ‘Tejiendo para abrigar Sevilla’, con la que hacen mantas y prendas de abrigo para los sin techo y personas sin recursos o, bien, para cubrir las necesidades de los afectados por catástrofes, como las recientes inundaciones de Campillos (Málaga).

En definitiva, como hemos podido comprobar, Fali Durán es todo un ejemplo de cómo convertir un hobby en una apuesta de futuro. Una minera por el mundo que está triunfando en Huelva con su particular forma de entender la costura y las manualidades.

El escritor nervense Joaquín Nieto triunfa con su novela de terror ‘El cambio tras el velo’

El autor, afincado en Zaragoza, no olvida sus vivencias en su Nerva natal, a pesar de vivir fuera desde los 19 años

‘El cambio tras el velo’ es una obra de terror que ha sido publicada por el nervense, afincado en Zaragoza, Joaquín Nieto Rufo, un escritor de 32 años que, aunque lleva desde joven residiendo en diferentes ciudades españolas, no se olvida de su Nerva natal, donde, según recuerda, “nací y crecí en el seno de una familia numerosa que me aporta mucho cariño y de la que estoy muy orgulloso. Siempre estuve rodeado de buenos amigos, con los que todavía mantengo contacto, a pesar de vivir fuera”, añade.

Y es que Joaquín se marchó de la Cuenca Minera a los 19 años, una marcha que se produjo por motivos laborales y que le llevó a lugares de la geografía española tan variados como Cartagena, Cádiz, Baeza, Castellón o Zaragoza, donde reside actualmente. Una actividad profesional que ha compagino con una de sus grandes pasiones: la literatura, afición que ha dado lugar a esta publicación que está teniendo un gran éxito de crítica y público.

Por este motivo, TINTO NOTICIAS -El periódico de la Cuenca Minera de Riotinto- ha querido conocer un poco mejor a este nervense a través de esta entrevista que insertamos en nuestra sección ‘Mineros por el Mundo’.

-Joaquín, ¿cómo y cuándo surge tu interés por la escritura?

-No podría afirmar con exactitud a qué edad empecé a interesarme por la lectura y la escritura, pero ambas aficiones llegaron casi de la mano, junto con la frase «Quién tiene un libro tiene un tesoro», frase que he aprendido de mi padre, y que siempre tengo presente a la hora de escribir para intentar que el lector encuentre ese tesoro en mis relatos. Desde muy pequeño disfrutaba con algunos de los libros que mi padre me dejaba leer, de los muchos que obraban en su poder. Siempre preguntándome cuál sería el siguiente que me recomendaría, y deseando que fuese uno de esos «de miedo» que tantas veces había visto en las estanterías de su despacho, o bien sujetos entre sus manos mientras yo intentaba imaginarme en qué clase de misterios se hallaba inmerso. Tengo muy claro que crecer en un hogar rodeado de libros ha sido un factor determinante para empujarme a plasmar mis historias en papel.

-Ahora presentas el libro titulado ‘El cambio tras el velo’. ¿Qué destacarías del mismo?

-Cuando comencé a escribir El cambio tras el velo quería hacer una novela que, a pesar de tratar el tema del terror y el misterio, se centrase también en las relaciones interpersonales de los protagonistas. No es fácil encontrar el equilibrio y no traspasar la línea que convierte un relato que pretende abordar esos géneros, en uno de otro género totalmente distinto. Dicho esto, hay un componente de romanticismo muy importante en esta historia que puede hacer que el libro abarque un campo más amplio de lectores. En mi opinión, este componente romántico introducido de forma comedida es lo que genera que el lector haga suyos a los personajes, se emocione, sienta miedo, intriga, y, en definitiva, mantenga el interés por conocer el desenlace. Es difícil destacar una sola cosa de un relato creado por uno mismo, pero si tuviese que destacar algo, sería la historia de amor y amistad que hay tras el velo del género principal de la obra.

-¿Por qué este título?

– Es un título que guarda relación directa con la cadena de sucesos que desarrollan la historia principal. No puedo decir mucho más ya que estaría revelando la trama, pero si diré que cuando realmente cobra vida es en el desenlace.

-¿Es tu primera obra?

-No es la primera que escribo, de hecho, cuando estudiaba en Nerva participé en algunos concursos de escritura en el IES Vázquez Díaz, e incluso recibí algunos premios de mis profesores, que aún guardo con mucho cariño.

-¿En qué te has basado?

-Para crear esta historia no he tenido ningún referente en concreto. Vivimos en un mundo donde la información está por todos lados y siempre hay alguna cosa que te influye, pero todas las ideas han salido de mi cabeza y de alguna que otra experiencia personal. Creo que el hecho de introducir experiencias propias lo hace más realista (dentro de lo realista que puede ser una novela de ficción). La historia tiene segunda y tercera parte, aunque la trama de El cambio tras el velo tiene principio y final. El libro define un concepto de vida y muerte distinto al que conocemos, algo que trasciende más allá de las leyes físicas que damos por buenas. Y hasta aquí puedo contar. Todo el que quiera desvelar el misterio puede adquirirlo a través de plataforma de Amazon.

-¿Cuánto tiempo te ha llevado escribirlo?

-La idea principal nace en el año 2011, pero, en realidad, es en 2016 cuando comienzo a escribir la historia. Desde que surgió la idea he estado realizando anotaciones de todo lo que se me iba ocurriendo, sin llegar a enlazar más de dos o tres páginas. El motivo de la tardanza se debe a que no había encontrado la estabilidad que se requiere para mimar una historia. He preferido esperar para poder dedicarle el tiempo que necesita la creación de un nuevo libro, y mi situación actual me lo permite.

-¿Qué acogida está teniendo?

-Mejor de la que esperaba. Si bien es cierto que, de momento, la mayoría de lectores son amigos y familiares, las críticas son muy buenas, y puedo comprobar que el elemento de romanticismo mencionado anteriormente funciona. Me vienen personas que no son lectores habituales a decir que El cambio tras el velo le ha enganchado y no han podido soltarlo hasta terminar, también gente que me comenta que, a pesar de no ser lectores de terror y misterio, se han introducido en la historia desde la primera página… Todas esas buenas críticas provienen de personas cercanas a mí, y también de desconocidos que se han topado con mi libro. Es algo que me anima a seguir escribiendo.

-¿Dónde lo has presentado?

-La versión en papel se publicó a finales de julio y próximamente saldrá la versión digital, por lo que he decidido esperar a que esté en todos los formatos antes de presentarlo, además, creo que agosto no suele ser un buen mes para presentaciones.

-¿Algún proyecto de futuro?

-La verdad es que sí. Ya he comenzado a escribir la segunda parte y ya están sentados los pilares de la tercera. Conozco el principio y el final de esta historia, pero aún no se todo el camino que tendrán que recorrer los personajes. Espero poder contar muy pronto lo que ocurre en el segundo libro. Cada vez son más los lectores que quieren conocer la nueva trama.

-¿Qué significa para ti la Cuenca Minera?

-Ver atardeceres de un sol que ilumina grandes montañas teñidas de rojo, jugar en las calles de mi pueblo, cierta nostalgia y añoranza, mi familia, mis amigos… Me alegro cuando alguna persona se entera de que soy de allí, y me dice sorprendido y con entusiasmo: Por allí hay un río que tiene el agua de color rojo, ¿no? O cuando llevo visitas a mi pueblo y le enseño los alrededores: Peña de Hierro, la Corta Atalaya… Son detalles que me hacen recordar la magia de la tierra donde nací, a pesar de llevar ya muchos años fuera de ella.

-Para terminar: un mensaje a los mineros.

-Teniendo familiares y amigos que trabajan en la minería, conozco un poco del duro trabajo que realizan. No es grato para nadie meterse con un camión a bastantes metros bajo tierra, por ejemplo. Por eso, si tuviera que transmitir un mensaje, sería: Gracias, gracias por seguir haciendo que nuestra cuenca sea minera. Quizá en El cambio tras el velo algunos puedan encontrar una vía de escape, un universo en el que evadirse de la dureza de su trabajo.

Andrés A. Pérez, un enfermero nervense en Asturias que no olvida su tierra

Afincado en Gijón desde el año 2002, este amante de su profesión trabaja en el Servicio de Quirófano del Hospital Vital Álvarez Buylla, de la localidad de Mieres

Esta semana, en ‘Mineros por el mundo’ nos trasladamos hasta Gijón (Asturias) para conocer a Andrés Ángel Pérez Ferrera, un minero de 49 años que nos cuenta su trayectoria y sus recuerdos de la Cuenca Minera.

Natural de Nerva, aunque nacido en el Hospital de Minas de Riotinto en el verano de 1.969, Andrés es el menor de tres hermanos. Su padre, llamado Pedro, era oficial de 1ª calderero y se encargaba, fundamentalmente, del mantenimiento y arreglo de las máquinas de vapor de la mina, mientras que su madre Virtudes, además del enorme esfuerzo que significa ser ama de casa, atendía un comercio de artículos de regalo y electrodomésticos heredado de sus abuelos.

Con su familia y con Nerva como escenario, su infancia transcurrió feliz y divertida en el pueblo, aunque los veranos los solía pasar en Palma de Mallorca con sus padrinos. Una etapa maravillosa, de la que recuerda que “entonces creció en mí una enorme pasión por la práctica por la pesca, la cual continua en la actualidad, inculcada por mi padre”.

Unos años de los que también guarda muy buenos recuerdos -y ahora amistad- con su profesor del colegio, Don Antonio. Y es que este nervense pertenece a la generación de españoles que fueron a la EGB, donde tuvo la suerte de hacer amigos de toda la vida, que aún conserva.

Tras el colegio, estudió BUP y COU en el IES Vázquez Díaz y, posteriormente, obtuvo el título de Técnico de Laboratorio de Análisis Clínicos “en la Profe, que es como se conoce o conocía de forma coloquial al Centro de Formación Profesional de Río Tinto. Durante este tiempo practiqué el baloncesto en el equipo C. B. Nerva, que llegamos a ser campeones de Huelva en varias ocasiones y pasamos de la Liga Provincial a Liga Regional en 1ª Andaluza «qué buenos recuerdos…», asegura.

Una vez finalizado el instituto, este nervense se marchó a Sevilla para hacer la Diplomatura de Enfermería en el Hospital Universitario Virgen de Macarena entre 1990 y 1993. Justo en julio de ese mismo año comenzó a desarrollar su profesión, para que, tras un largo periplo de contratos, preparó y aprobó una plaza dentro de la Oferta de Empleo Público del SAS en el año 2002.

De sus años universitarios recuerda cómo se fue a Sevilla, donde compartió piso “junto a unos amigos de Nerva, gracias al esfuerzo económico que hicieron mis padres. Esta etapa supuso un gran cambio en mi vida y una experiencia inolvidable. Era el ‘Erasmus’ de nuestra época y suponía salir de casa a la gran ciudad y sin la cobertura paterna ni materna, con todo lo que ello supone de responsabilidad en los estudios, aprender a desenvolverte domestica y económicamente, además de pasarlo de «p.m.».

En la actualidad, desde septiembre del año 2000, Andrés reside en Gijón (Asturias), donde su vida transcurre de forma normal, con su tiempo dedicado a la familia, el trabajo y todo lo que ofrece esa tierra para disfrutar de la vida.

En concreto, trabaja en el Servicio de Quirófano del Hospital Vital Álvarez Buylla, situado en la localidad de Mieres. “Mi profesión es «muy vocacional» y para mí ser enfermero es un privilegio. Me considero un afortunado por la labor que realizo. Trabajo en el Servicio de Quirófano, pero a lo largo de mi escasa vida profesional, sólo 25 años, he pasado por varios servicios. De todos ellos he aprendido y adquirido experiencia tanto en lo profesional como en lo personal”, nos explica.

Tanto es así que considera que “me encuentro en uno de los mejores momentos de mi vida laboral, haciendo y trabajando en el servicio que quiero y me gusta. No todo el mundo puede decir lo mismo. Aprendiendo todos los días algo nuevo y con ganas de afrontar la jornada, pese a la enorme responsabilidad que conlleva un servicio tan especial como es un quirófano, donde el paciente «se pone en nuestras manos» y a la presión asistencial del sistema. A pesar de ello, no le cierro la puerta a nada. A punto de cumplir los 50 años aún conservo, y espero que, por mucho tiempo, las ganas de aprender y probar cosas nuevas: UCI, Urgencias… En lo personal he formado una familia con una mujer maravillosa, motivo de mi traslado a esta tierra, con una hija a la cual adoro. Y, sobre planes de futuro la vida y el tiempo dirá. Mis principales sueños se están cumpliendo”.

Por todo ello, su balance de su experiencia en tierras asturianas es muy positiva, enriquecedora y satisfactoria al 100%, “con sus momentos duros y traumáticos, que los tiene y muchos, pero que, sin lugar a dudas, se compensan con la satisfacción de saber que has ayudado a la curación y recuperación a un paciente, así como al apoyo emocional que necesitan estos y su familia”.

A pesar de ello, Pérez Ferrera no se olvida de Huelva, puesto que “es un recuerdo que tengo muy presente y que llevo con mucho orgullo”. Para él, la Cuenca Minera “supone todo. Mis raíces, cultura, educación, recuerdos, una forma de ver y concebir la vida. El lugar donde siempre quiero volver”. Por ello, suele venir varias veces al año, como en Navidad, Semana Santa, en verano, en junio con motivo del cumpleaños de su madre y en algún puente en otoño.

En concreto, lo que más echa de menos es a su familia y amigos. “Para mí es lo que más me cuesta, no poder verlos todos los días. También la «luz» y el cielo azul. Asturias es una tierra preciosa, llena de contrastes, una postal en muchos sentidos, pero no posee esa luz del cielo andaluz. Y, naturalmente, esos contrastes de colores que tenemos en la Cuenca Minera, que son únicos, los pinares que nos rodean… Y sentarme plácidamente en un pantano a pescar”, nos dice.

Por todo ello, para despedirse, sus palabras en la entrevista se dirigen a “mi familia, que siempre la tengo presente. Y a mis amigos: «Tomamos una cervecita» ¡¡¡VIVA NERVA!!!

José Márquez Trigo, alma mater del futuro Museo del Pueblo Antiguo de Riotinto

Era una idea que tenía desde que de niño leyó el libro ‘Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria’ de Avery, por lo que, una vez jubilado, decidió poner en marcha esta bonita iniciativa en la que se han volcado muchas personas y que recuperará parte de la historia de la Cuenca Minera

Como publicó Tinto Noticias, los vecinos y vecinas de Minas de Riotinto ya han podido conocer las maquetas que forman parte del Museo del Pueblo Antiguo de Riotinto, un proyecto impulsado por un grupo de ciudadanos para recuperar una parte fundamental de la historia y el patrimonio de la Cuenca Minera que ha llamado mucho la atención de todos.

Y es que el proyecto del Museo del Pueblo de Riotinto se ha convertido en un revulsivo para la comarca. Por este motivo, hoy hemos querido conocer al impulsor de este proyecto: José Márquez Trigo, riotinteño de nacimiento, aunque, en la actualidad, reside en Huelva.

Un amante de la Cuenca que a sus 59 años recuerda sus inicios laborales en la mina, tan sólo tres días después de haber cumplido 17 años, “y ahí me mantuve hasta que fue cerrada, -yo diría robada-, y nos prejubilaron”, afirma.

Pero, además, de su trabajo, Márquez Trigo se caracterizó desde siempre, desde que tenía 14 años, por ser una persona a la que le gustaba hacer cosas por y para su pueblo. Según recuerda, “a esa edad, en 1974, se recuperó la tradición de la Cabalgata de Reyes y ahí empecé. Desde entonces, hasta este último proyecto del Museo del Pueblo, he estado metido en casi todo, menos en el fútbol y en cosas de Iglesia. Sintetizando: 25 años en ‘Hogueras y Candiles’ y otros tantos en la Coral Minera, de la que fui dos veces presidente y nunca me desvinculé del todo; recitales de canto y piano…, y, desde 1982, en el Carnaval, cuando volvió a recuperarse de nuevo. También, en 1979, recuperamos la fiesta de San Juan del Alto de la Mesa. Recuerdo que la pista donde se celebra, que era de tierra, la enlosamos con las baldosas de las casas que se estaban derribando en el viejo pueblo, que subíamos en carrillos por la elevada cuesta hasta el Alto. Entonces éramos jóvenes y podíamos”.

Pero, además, de todas estas actividades, este riotinteño también tuvo tiempo para los medios de comunicación, puesto que dirigió la segunda época del periódico local El Minero y tuvo un programa de radio semanal de dos horas de entrevistas por el que pasaron todas las asociaciones y personajes destacados de Minas de Riotinto, así como los representantes del Comité de Empresa de la mina. Tal y como recuerda, “guardo estas grabaciones como un tesoro y me gustaría que algún día se guardasen como un elemento más de la Historia de Minas de Riotinto. Es un orgullo para mí poder decir que he estado en la creación de nuevas e importantes obras musicales y en otros muchos trabajos de esos de los que no queda constancia, pero que ahí están y ahí estaba yo también…”.

A nivel político, José ha sido afiliado del PSOE y estuvo dos años como concejal y primer teniente de alcalde de Minas de Riotinto. “Fue una experiencia muy válida para mí, porque aprendí mucho y, aunque en su momento no fue agradable, ya que dimití de mi cargo, me enseñó que yo no soy disciplinado para tener ninguna filiación política. No sé seguir a líderes ni consignas y me resisto a que me marquen ningún camino. Desde entonces, voy por libre y creo tan solo en las personas por sí mismas y en sus acciones, sin mirar de qué partido son, de qué color, de qué religión o cualquier otra cosa que nos diferencie. Ahora mi pensamiento y mi razón son mi único partido político. Si acierto, acierto yo, y si me equivoco también, pero no tengo que rendir cuentas ante nadie”, dice claramente.

Una persona inquieta que nos habla en esta entrevista del bonito proyecto de construir el Museo del Pueblo Antiguo de Riotinto.

-José, ¿cómo surge la idea de hacer el Museo de Riotinto?

-Pues por muy increíble que parezca, era algo que siempre me andaba rondando la cabeza desde que, con 14 años, vi la primera edición del libro de Avery Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria, que le habían regalado a mi amigo José Pedro. Las fotos de aquel libro me fascinaron y fueron aquellas imágenes las que me hicieron volar hacia mi pasado y querer saber más y más. Ahora pienso que aquel libro está plagado de errores y que es, evidentemente, tendencioso, pero, al menos, a mí me sirvió para despertar esa parte de mi consciencia. Ahí empecé a buscar y a devorar todo lo que caía en mis manos referente a la historia de las Minas de Riotinto.

Y, bueno, ahora que ya estoy jubilado, era el momento de hacer realidad aquello que siempre quise hacer, así que lo pensé bien, le di forma y redacté el proyecto. Lo primero que hice luego fue compartirlo con mi amigo Fernando Durán, porque era consciente de que, sin él, no sería posible realizarlo, aunque tenía la casi seguridad de que se sumaría de inmediato, como así fue. Formamos entonces un equipo inicial de personas de reconocida trayectoria y magníficos artesanos y lo presentamos al Ayuntamiento. Este equipo inicial, una vez en marcha, se redujo a nueve, que hemos sido los que lo hemos hecho realidad.

-¿Cuándo comenzó a realizarse el proyecto?

-Una vez presentado el proyecto, tras superar las vicisitudes y burocracia de rigor, fue aprobado por unanimidad en el Pleno Municipal de septiembre de 2013. Y, de inmediato, comenzaron los trabajos de acondicionamiento de los espacios. Nosotros empezamos a trabajar físicamente en abril de 2014.

-¿En qué ha consistido este trabajo?

-Sin entrar en grandes detalles, el proyecto ha consistido en la recreación a escala 1:100 del pueblo desaparecido al completo, del que hicimos una selección de sus edificios principales que hemos recreado a escala 1:25 para ver bien los detalles de su arquitectura. Y de la construcción de una maqueta a escala 1:5000 que recrea la topografía de toda la zona, antes de que fuera alterada por las cortas a cielo abierto, así como documentar todo esto y contarlo de manera cronológica. Creo que hemos hecho un buen trabajo del que nos sentimos orgullosos.

-¿Qué personas han participado en el mismo?

-Aquí me quiero parar porque, si algo ha funcionado bien, hemos sido las personas. Y me refiero, tanto a los que hemos hecho el museo, como a los políticos locales que han gestionado con las administraciones y los técnicos y trabajadores municipales para que esto sea posible. Me explico. En cuanto al equipo de voluntarios que altruistamente lo hemos realizado, no se me ocurren nada más que elogios. Hemos sido capaces de formar un equipo humano sin jerarquía alguna, porque todos sabíamos bien cuál era la meta. Porque todos asumimos libremente nuestro compromiso, nuestra parte y nuestro papel con respeto, sin haber habido nombramientos, porque no hizo falta. Todos hemos sido una única persona -UN EQUIPO- y todo se ha hecho entre todos. No ha habido ni protagonistas ni personalismos, ni jefes ni operarios, sino amigos con un objetivo común. Esto sí que es hermoso. Y estos amigos, que nos impusimos nuestra propia disciplina horaria como si de un trabajo en una fábrica se tratara, hemos sido: Ángel Alonso Pacheco, Fernando Durán García, Manuel Manuel Gallardo, Juan Miguel Marín Gil, José Márquez Trigo, José Meneses García, Carlos Montero Gallardo, Antonio Ruiz Garrido y Francisco Ruiz Romero.

Por otro lado, y de forma paralela, un equipo de profesionales, también de manera altruista y voluntaria, se ha encargado de documentarlo todo. Se trata de José Manuel Delgado Ramos, historiador y antropólogo; Juan Manuel Gemio del Río, historiador y experto en Archivística; y Saúl Narbona Márquez, historiador y geógrafo, a los cuales he tenido el placer de ayudar. Hemos sido los que hemos contado la historia.

Y, en cuanto a la corporación municipal, presidida por Rosa Caballero, nuestra admiración y nuestro respeto, porque han cumplido con creces su compromiso y su palabra, realizando importantes obras de reforma y porque nos han dejado trabajar en libertad sin interferir jamás en nuestro proyecto, sino facilitándonos siempre las cosas. Es importante dejar trabajar a la gente que, como en nuestro caso, no tenemos ya que demostrar nada y ellos lo han hecho. Agradecemos que hayan cumplido con su papel y que nos hayan dejado cumplir con el nuestro. Los resultados de esta confianza mutua están a la vista.

Y, bueno, sería imposible nombrar a tantas personas que, con sus archivos, su consejo, su aliento y su amistad, nos han animado en todo momento. Hablar de las personas siempre es injusto, porque siempre se olvida nombrar a alguien. Pido perdón por ello.

Un trabajo que, incluso, ha tenido su reconocimiento, puesto que, en octubre de 2016, faltando mucho aún para la finalización del museo, el Colegio Oficial de Arquitectos de Huelva nos otorgó el Premio Especial en la categoría de Patrimonio, que significó para nosotros un importante respaldo a nuestro trabajo.

-Tras finalizar las maquetas, ¿cuáles son los pasos a seguir partir de ahora?

-Pues inaugurar esta primera fase, abrirla al público y comenzar a trabajar en la segunda, que serán esta vez las aldeas desaparecidas de La Naya, la Estación de en Medio y La Atalaya, concluyendo con ello la recuperación de todos los núcleos urbanos desaparecidos, a través de maquetas. El proyecto de esta segunda fase lo presentaremos a la Corporación Municipal una vez pasado el verano. Es importante seguir y, sobre todo, incluir la visita al museo como actividad escolar para que los niños empiecen a conocer y a amar su historia, como yo empecé viendo tan solo las fotos de un libro.

-¿Cuál es tu balance de la experiencia?

-Absolutamente positivo, aunque me haya quitado el sueño en ocasiones. Mi casa está en Huelva, pero, durante cinco años, he estado viviendo una semana aquí y otra en Riotinto. No hubiera sido posible sin la complicidad y el apoyo de mi mujer, que me ha animado siempre y me ha levantado la moral en las horas de bajuna que todos tenemos alguna vez. Por otro lado, es un orgullo para mí que se me haya permitido poder presumir y aportar mi granito de arena para poner en valor mi pasado, la causa de nuestro hoy. Un pasado que construyeron mis padres y antes mis abuelos y antes mis bisabuelos… Un pasado de gente sencilla, humilde, sin nada, cuya única riqueza eran sus propias manos. Como cantaba Víctor Jara: “Y mis manos son lo único que tengo, son mi amor y mi sustento…”.

-¿Dónde podrán verlo los riotinteños y onubenses en general?

-Pues es importante que destaquemos esto, puesto que la ubicación del Museo del Pueblo, -de momento Exposición Permanente-, está en el edificio de la antigua Dirección de la Mina, un edificio imponente, enorme, en el centro del pueblo que es, además, Bien de Interés Cultural (BIC), así que este proyecto logra en realidad dos objetivos: por un lado, el puramente histórico-museístico y, por el otro, la recuperación de un edificio de mediados de la década de 1930 infrautilizado, que se estaba cayendo a pedazos y al que, tras el fracaso de la Mancomunidad Cuenca Minera (hoy disuelta), que se ubicó allí hasta que construyeron el edificio específico para la misma, no acababa de dársele un uso adecuado, acorde con su magnitud. Salvo la parte del mismo cedida en uso a la Fundación Río Tinto, el resto de las estancias fueron ocupadas por los más variopintos grupos y asociaciones, resultando a todas luces inadecuado e infrautilizado.

-¿Te has marcado algún nuevo reto?

-De momento, seguir con este, que, salvo que hubiera otras decisiones políticas, cuestión que por el momento desconozco, contempla la ocupación completa del edificio como el espacio donde se recoja y se muestre toda la historia del pueblo de Riotinto. Hay que dejar muy claro que este museo no tiene nada que ver con el Museo Minero de la Fundación Riotinto, ya que aquél se centra básicamente en la minería y en su historia, y este en el pueblo y en su gente, en las fiestas y las costumbres, en la vida cotidiana, en definitiva. Nosotros queremos hablar de las personas y de los avatares de la vida en el pueblo, que son muchos y muy ricos. También está previsto, -al menos hasta el día de hoy-, que el edificio contenga el Archivo Municipal, una biblioteca y un par de aulas para aquellas personas que estuvieran realizando trabajos de estudio e investigación. Un espacio para el estudio y la lectura.

-¿Qué supone para ti Minas de Riotinto?

-En este momento un tormento, puesto que, aunque vivo en Huelva, mi cabeza está siempre pensando en Riotinto. No puedo evitarlo y, a veces, me hace daño porque me causa mucho estrés. Riotinto es para mí el referente del trabajo, del respeto, de la dignidad. Siempre he dicho que la mayor riqueza de Riotinto no es el mineral, sino la mezcla de sangre, de cultura, de músicas, de acentos, de historias…, que trajeron los miles de personas venidas de toda España y de Portugal para trabajar en las minas. Gente toda que conformó el Riotinto de hoy en el que la gran mayoría de nosotros tiene ascendentes de algún lugar de España. Mi bisabuelo materno era gallego, de Orense, y mi bisabuela argentina, de Buenos Aires, por ejemplo. Yo me siento por esto una persona muy rica y muy orgulloso de la alquimia de mi sangre.

-Para terminar: un mensaje a los riotinteños.

-Pues que amen Riotinto y que todos seamos dignos de que se nos denomine riotinteños. No es lo mismo vivir en el pueblo que vivir del pueblo. En una comunidad que de verdad nos importa. Todos debemos aportar nuestro granito de arena para hacerla más grande cada día. Y aquí sí que no importa el tamaño de ese granito de arena, sino la voluntad real de aportarlo. Que nada es fácil y que lo importante es el empeño que le pongamos a las cosas. Que afrontemos el futuro con positividad y con honestidad, pero, sobre todo, con respeto, y que Riotinto tiene que ocupar de nuevo el lugar que le corresponde en la Historia, porque nos lo hemos ganado a pulso. Y eso solo es posible si los que decimos quererlo tanto de verdad lo demostramos.

Y, sobre el museo, que lleven a sus hijos y que les hablen de su pasado, que les cuenten historias para que se sientan orgullosos, para crear vínculos y para fomentar en ellos, sin empujarlos, el conocimiento y el estudio, para que tengan conciencia de que tienen la suerte de vivir en uno de los pueblos más fascinantes de España en todos los aspectos: Minas de Riotinto.

José Luis Danta: «Me enorgullezco de tener dos tierras, la Cuenca Minera y Euskadi»

Tras desarrollar gran parte de su vida en Galdácano, donde se casó y ejerció de soldador, una operación de columna le trajo de nuevo a la provincia de Huelva, lo que le permite visitar la comarca cada vez que tiene nostalgia de ella

La vida de los ‘mineros por el mundo’ es a veces intensa, ya que les lleva a diferentes destinos, pero siempre teniendo a la Cuenca Minera en el corazón. Así le ha ocurrido a José Luis Danta Rubio (Nerva, 1957), quien, tras vivir en Galdácano, hoy en día, a sus 62 años, reside de nuevo en la provincia de Huelva, concretamente en La Antilla.

Su historia comienza en el año 1971, cuando emigró con sus padres a la ciudad vasca de Galdácano. El motivo fue el traslado de su padre desde la empresa de Minas de Riotinto a la fábrica de explosivos UER.

Por este motivo, los años centrales de su vida se desarrollaron en el País Vasco, una tierra en la que asegura que “fui muy bien acogido”. Tanto es así que Euskadi “me dio todo, mujer e hijos. Por eso, me siento orgulloso de poder decir que tengo dos tierras: Andalucía y Euskadi”.

Pero, en 1992, su vida volvió a dar un giro al tenerse que operar de la columna. Esta intervención le obligó a dejar su profesión de soldador y, desde entonces, se encuentra pensionado, una situación tras la que decidió trasladarse de nuevo a la provincia de Huelva, esta vez a La Antilla, donde se encuentra desde entonces.

Aquí lleva “una vida tranquila, respirando a mar, que me da bastante vida”, afirma. Eso sí, para José Luis, la Cuenca Minera siempre serán sus raíces, “a las que nunca renunciaré, aunque es cierto que, cuando uno se ve obligado a dejar su tierra, duele mucho”.

Por este motivo, suele regresar a la comarca cada vez que tiene oportunidad, momentos en los que visita a la familia y participa en algunos actos culturales de la zona. Así que, gracias a que vive cerca, acude a la Cuenca cada vez que tiene nostalgia de su tierra.

Con todo, para terminar, deja este mensaje a sus paisanos: “Que resurja toda la Cuenca Minera, que tenemos unas raíces fuertes, que jamás se perderán. Saludos y ¡Viva Nerva!”.

Juanma Nogales prepara una exposición en su Nerva natal sobre los bosques del País Vasco

Con tan sólo 18 años dejó la Cueca Minera para marcharse con su familia a la ciudad vasca de Galdácano, una tierra en la que se integró rápidamente, aunque no olvida sus raíces

Nacido en la calle Puebla de Nerva hace 66 años, la vida del nervense Juanma Nogales Delgado cambió cuando tenía 18 años. Hasta ese momento, sus días habían transcurrido entre su localidad natal y las aldeas de Marigenta y La Naya, donde residían sus abuelos. Y es que su padre era peón caminero, así que viajaba mucho por Huelva y, aunque durante un tiempo fue con él, su madre decidió dejarle con mis abuelos unos años. Una etapa de su vida de la que tiene muchos recuerdos, especialmente de su abuelo, que, según dice, “era un genio”.

Pero, su vida dio un giro cuando, tras cerrar la mina, la empresa propuso a su padre trasladarse a Huelva, Dos Hermanas (Sevilla) o Galdácano, en el País Vasco. Y, según nos cuenta, “mi padre siempre ha tenido un espíritu muy aventurero y, entonces, de todas las opciones posibles, eligió marcharse al norte”.

Realmente, fue un cambio importante, pero que acogió de forma muy positiva, porque, nada más llegar, se integró en la sociedad vasca, se adaptó muy bien. “Siempre he sido muy crítico con la forma de vida de los británicos. Porque los ingleses crearon una organización en Huelva en la que, es verdad que desarrollaron la cultura del trabajo, pero, luego, tenías que gastar el dinero en el economato, los bares y los servicios que ellos ponían, con lo que cual se trataba de una explotación total. Desde que nacías tenías tu camino marcado, no había otras opciones fuera de este círculo. De hecho, yo estudié en la Escuela Profesional con la única finalidad de trabajar después en la empresa. Porque no había otras alternativas”, nos comenta.

Este minero por el mundo asegura que “cuando me marché y me despegué de mi zona de confort, tuve una involución total en la sociedad vasca y, excepto el idioma, me acomodé rápidamente. No se me olvidaba mi tierra de nacimiento, pero me adapté con mucha rapidez a mi nueva situación de vida en la sociedad vasca”.

Juanma-Nogales

Tanto es así que en poco tiempo se casó con una chica euskera, luego se separó y después volvió a casarse con una madrileña a la que conoció a través del sindicato. Juanma tiene dos hijos que hablan mejor el euskera que el castellano y que, aunque les gusta Andalucía, donde hacen su vida es en el País Vasco.

En la actualidad, Nogales Delgado reside en la localidad de Zeánuri (Vizcaya), de donde ha venido a pasar unos días a Nerva con el objetivo de preparar una exposición de mostrará próximamente en el Centro Cívico Cultural de la localidad nervense. Una muestra fotográfica dedicada a los bosques del norte de España.

Como aficionado a la fotografía desde siempre –ya tenía una cámara cuando se fue a la mili con 20 años-, su objetivo es aportar su visión del microclima de los bosques del norte de España, que considera que “son espectaculares. Así, podré traer al sur este conocimiento”. Un ámbito, el de la imagen, en el que siempre intenta ir mucho más allá de lo que ve. En este aspecto, le interesa mucho “el ciclo del agua, tener un diálogo con la naturaleza para conocer si una gota de agua pasa más de una vez por un mismo lugar. Soy ecologista y creo que para ser de izquierdas sólo tienes que ser ecologista. Es decir, si amas la naturaleza, ya eres de izquierda”.

Y no es extraño que se encuentre estos días en la provincia de Huelva, porque, a pesar de que lleva muchos años afincado fuera, suele venir cuatro o cinco veces al año, más aún ahora que se encuentra jubilado. “Con el tiempo, vuelvo a Andalucía emocionalmente. Siempre vengo a mi tierra a cargarme la batería de sol y de fuerza. Porque Huelva tiene una luz diferente. Siempre me acuerdo de su luz y del olor del campo. Es algo que tengo fijado en mi mente. Además, echo mucho de menos la playa. Es más, suelo entrar por Zufre y siempre cuando llego a Huelva me paro en el arroyo de Zufre para oler todo lo que es la tierra. Así me cargo de energía”, nos cuenta.

Profesionalmente, Juanma ha sido analista químico de investigación y desarrollo en Maxam, anteriormente Explosivos Riotinto, la mina de Galdácano, una empresa en la que han trabajado sus padres y tíos y ahora lo hacen sus hijos. Una entidad en la que ha sido miembro del sindicato CC.OO.

Con todo ello, para terminar, este nervense asegura que “cada vez que veo la Cuenca Minera me pregunto quién se queda con la gran riqueza que tiene esta tierra. Por eso, animo a los mineros a que reclamen su derecho, porque estamos destruyendo toda esa riqueza que tiene la zona minera. Me pregunto si no tenemos la capacidad de explotar nuestros recursos, en lugar de hacerlo una empresa que paga un sueldo”.

En definitiva, su mensaje final es: “Esta es tu riqueza, aprovéchala. No dejes que se la lleven. Tu riqueza eres tú y tu tierra, disfrútala, no dejes que nada que se la lleve”.

Raquel Jara, una ‘barlady’ riotinteña en Roma

Tras formarse como guía turística, esta joven de 25 años se marchó hace cuatro años a la capital italiana como Au Pair

Raquel Jara es una riotinteña de 25 años que, después de terminar el Bachillerato de Humanidades, decidió estudiar una formación profesional a Huelva con el objetivo de convertirse en guía turística.

Con esta finalidad, y aunque en un principio no se lo había planteado, en el año 2015 se marchó a Roma como Au Pair. En aquel momento, sólo tenía 21 años, así que vivir tan lejos de casa con un idioma que no conocía no fue una experiencia fácil.

Pero, tal y como ella mismo nos dice, “en poco tiempo me sentí como en casa, ya que somos pueblos hermanos”. Tanto ha sido así que, aunque pensaba quedarse sólo unos meses y regresar a Huelva tras aprender el idioma, con el tiempo acabó enamorándose de la ‘ciudad eterna’, por lo que decidió buscar un trabajo y continuar las vivencias. De hecho, ya son casi cuatro años los que lleva en Italia.

Raquel Jara cuatro

Para Raquel, “Roma es una ciudad que la amas o la odias. Es una ciudad caótica, enorme y, a veces, estresante. Pero me basta un paseo por el centro para olvidarte de todos los aspectos negativos que puede tener esta ciudad. Perderme entre las calles del famoso barrio de Trastevere, un atardecer desde ‘Il giardino degli aranci’, pasar por sus puentes de noche con la basílica de San Pedro de fondo… Es algo que hago desde que llegué y, después de casi 4 años, me siguen enamorando. Al ser una ciudad enorme y capital de un país te brinda muchas oportunidades”.

En concreto, la joven trabaja como camarera, teniendo la suerte de hacerlo frente al Coliseo. “Me siento afortunada de pasar mis días cerca de un monumento tan significativo de la historia”, afirma, pero, además, “gracias a mi trabajo empecé a interesarme por el mundo del bar”.

Raquel Jara tres

Así que, continúa, “decidí empezar a formarme para convertirme en una barlady. En octubre del año pasado contacté con una de las mejores escuelas de bartending en Roma, la FBS (Flair Bartender School). Empecé con un curso básico, pero rápidamente entendí que este era mi camino”.

“Desde entonces, continúo formándome y asistiendo a los diferentes cursos y masterclass que ofrece la escuela. Es un mundo nuevo, poco conocido y diría que subestimado, pero, al igual que la cocina, tienes que ponerle pasión y amor. Sé que es un camino duro, pero estoy llena de ganas e ilusión por hacer mi trabajo”, asegura.

Raquel Jara uno

Con esta base, el objetivo de Raquel Jara es formarse en Roma y obtener una experiencia que le ayude a crecer profesional y personalmente.

A pesar de encontrarse bien, esta minera por el mundo reconoce que “no hay día que pase que no piense en mi tierra. ¡Cuánto la echo de menos y cuánto me gustaría estar allí! A todos mis amigos italianos les hablo de mi pueblo, de Andalucía, de nuestras costumbres, de nuestra historia y de nuestra gastronomía. Me siento orgullosa de ser onubense, pero, sobre todo, de ser riotinteña”.

Raquel Jara dos

En este aspecto, la joven riotinteña nos cuenta que lo que más echa de menos, “aunque sí es un topicazo, es la gastronomía, -aunque no me puedo quejar de la italiana-, a mi pueblo y, sobre todo, a mi familia. El trabajo que hago no me permite volver todas las veces que me gustaría a mi tierra. Es duro estar lejos de casa y de la familia, pero, en estos momentos, en Roma aun me quedan muchas cosas por hacer”.