Hay un mapa de la Cuenca Minera de Huelva que no se mide en toneladas de cobre ni en hectáreas de cortas a cielo abierto, sino en la calma imperturbable de sus caminos vecinales. En ese itinerario de la Huelva callada, donde ya hemos recorrido el latido ganadero de El Membrillo Alto o el sosiego encalado de Traslasierra, emerge con nombre propio y carácter indomable Las Delgadas (Zalamea la Real).

Apenas una treintena de vecinos custodia hoy este rincón protegido por encinas y alcornoques. Sin embargo, sus calles aún relatan la grandeza de un núcleo que, a pesar de su pequeño tamaño, mantiene intacta su dignidad e infraestructura, contando incluso con su propio cementerio, símbolo de la autosuficiencia e identidad que siempre ha defendido esta comunidad frente al paso del tiempo.

Hijos de la mina: el legado de «La Equitativa»

El ADN de Las Delgadas está íntimamente ligado al esfuerzo minero. Al pasear por sus calles limpias y silenciosas, el viajero topa con la fachada de la antigua COOPERATIVA OBRERA ‘LA EQUITATIVA’, un testigo directo del cooperativismo y la unión de los trabajadores de la comarca.

Justo debajo, un azulejo rinde un sincero tributo a la valía de sus habitantes. Es el reconocimiento del Colegio de la Ingeniería Técnica de Minas de Huelva, grabado en piedra en un sentido «HOMENAJE a LAS DELGADAS por la numerosa aportación de sus hijos a esta profesión» en septiembre de 1984. Pocos lugares condensan tanto orgullo obrero en tan pocos metros cuadrados.

El renacer de su patrimonio litúrgico

Si en las vísperas estivales veíamos cómo los habitantes de Marigenta se ponían a punto para sus días grandes blanqueando su ermita, en Las Delgadas la reconstrucción de sus espacios sagrados ha sido una auténtica obra de persistencia colectiva.

Un panel informativo municipal detalla la azarosa vida de la antigua iglesia de la aldea, que «Data del siglo XVIII. Edificio de tres naves, exento, con cubierta a dos aguas con teja curva». El templo sufrió con severidad el abandono hasta el punto de que «se encontraba en un completo estado de ruina» y, tal como recuerda el texto para subrayar la magnitud del logro vecinal, «antes de iniciar la reforma, el templo carecía incluso de cubierta». Su característico cuerpo de campanas en ladrillo visto es hoy un monumento a la memoria salvada.

La fe y el empeño de los vecinos por mantener sus raíces sumaron un nuevo hito a las puertas del siglo XXI. En lo alto de la aldea destaca la pulcra «ERMITA DE LA SANTA CRUZ AÑO 2001″, un coqueto edificio blanco rematado con zócalo amarillo, óculos laterales y una vistosa espadaña de ladrillo. Tal y como reza la placa cerámica de su muro lateral: «Esta Plaza y Ermita fue inaugurada por el Excelentísimo Señor Presidente de la Diputación de Huelva, D. José Cejudo Sanchez. Siendo Alcalde D. Vicente Zarza Vazquez y Pedáneo D. Narciso García Pérez» en «Julio 2001».

Esta aldea demuestra que el verdadero latido de la Cuenca late con fuerza en los lugares donde el tiempo parece haberse detenido para tomar aliento.