León Brázquez abordará en Nerva la tragedia que cambió la España del siglo XX

El Círculo Mercantil acogerá una conferencia del periodista e investigador nervense sobre Annual 1921

El periodista, bibliófilo e investigador nervennse Juan Carlos León Brázquez impartirá este jueves en Nerva una conferencia sobre el desastre de Annual con motivo del primer centenario de aquella derrota militar española en la Guerra del Rif, que tuvo lugar entre el 22 de julio y el 9 de agosto de 1921 cerca de la localidad marroquí de Annual, situada entre Melilla y la bahía de Alhucemas.

La cita es a las 19.00 horas en el Círculo Mercantil de la localidad nervense, concretamente en su salón multifuncional, donde los asistentes podrán conocer algunas de las claves de lo que fue «una de las mayores tragedias militares que trajo las últimas dictaduras de la Monarquía, la II República y el golpe militar de 1936», tal y como ha declarado el propio León Brázquez en declaraciones a TINTO NOTICIAS -El periódico de la Cuenca Minera de Riotinto-.

El también colaborador de este periódico abordará los «antecedentes y errores de un desastre que costó la vida a más de 10.000 españoles», ha proseguido León Brázquez, cuya conferencia llevará por nombre ‘Annual 1921, la tragedia que cambió la España del siglo XX’, tal y como se expone en el cartel anunciador de esta actividad, que ha sido organizada de forma conjunta por la Sociedad Círculo Comercial y la Sección de Educación Permanente (Seper) Adela Frigolet de Nerva.

Cabe recordar que el primer legionario español que falleció en combate, precisamente en Marruecos y unos meses antes de aquel conflicto bélico, era de Minas de Riotinto, concretamente Baltasar Queija Vega, cuyo fallecimiento se produjo el 7 de enero de 1921 e inspiró al autor de la letra de ‘El novio de la muerte’, Fidel Prado, a la hora de escribir lo que pasó a convertirse en el Himno de la Legión.

Tal y como TINTO NOTICIAS informó recientemente a través de esta publicación, los hechos, que se abordan en el Libro de Oro del Tercio, tuvieron lugar en Marruecos, donde Queija se encontraba de servicio en el puesto atrincherado número 4 para proteger un yacimiento de agua situado entre el Campamento del Zoco de Arbaá y la Kábila de Beni Hassan (Tetuán).

En ese lugar, a media noche fue atacada su escuadra por un grupo de rebeldes que hirieron gravemente al legionario de Minas de Riotinto, tras lo que los rifeños se aproximaron a él para hacerse con el arma y, al ver que Queija no se dejaba arrebatar el fusil, le acuchillaron con las gumías, provocándole la muerte.

Una veintena de artistas de la Cuenca se unen en una exposición del OCIb 2020

La UHU acoge la colección de León Brázquez con todas las ediciones de ‘Diario de un poeta recién casado’

La Sala de Exposiciones del Rectorado de la Universidad de Huelva (UHU) acoge desde este jueves, 12 de noviembre, la exposición ‘Mar de pintor’, la séptima muestra que se abre al público en el marco del XIII Otoño Cultural Iberoamericano (OCIb 2020), que se desarrolla desde mediados de septiembre hasta mediados de diciembre en diferentes espacios expositivos de Huelva.

En esta ocasión, se trata de una muestra bibliográfica y de pintura en homenaje a Juan Ramón Jiménez y, más concretamente, a su obra ‘Diario de un poeta recién casado’, lo que ha sido posible gracias al periodista, bibliófilo e investigador nervense Juan Carlos León Brázquez, que ha diseñado la muestra con todas las ediciones de la citada obra del poeta de Moguer, todas pertenecientes a la Biblioteca del propio León Brázquez.

Se trata de “una exposición magnífica que hay que agradecer a Juan Carlos León Brázquez y en la que se hermanan la literatura de Juan Ramón y la pintura sobre el escritor”, ha destacado el presidente de la entidad promotora del OCIb, la Asociación Cultural Iberoamericana, Jaime de Vicente, durante la inauguración de la muestra, que también ha contado con la presencia de la vicerrectora de Extensión Universitaria y Relaciones Institucionales de la Universidad de Huelva (UHU), Joaquina Castillo, de la diputada de Cultura de la Diputación de Huelva, Bella Canales, y de la directora de Actividades Culturales de la Fundación Caja Rural del Sur, María Luisa García-Palacios.

Es, por tanto, una “doble exposición”, ha proseguido De Vicente, al tiempo que ha agradecido la colaboración de entidades como la Diputación de Huelva y la Fundación Caja Rural del Sur, patrocinadoras del OCIb, así como, en este caso, de la Universidad de Huelva. “El Otoño Cultural Iberoamericano sería imposible sin la hospitalidad y el acogimiento de muchas instituciones”, ha remarcado.

Por su parte, Juan Carlos León Brázquez ha destacado que la exposición ofrece “la única colección que existe de todas las ediciones de ‘Diario de un poeta recién casado’”, la que consiguió reunir el propio periodista nervense. “Todas las ediciones están aquí, incluidas las dos últimas en alemán y chino”, ha proseguido.

Además, la exposición es un homenaje de artistas de Huelva a Juan Ramón Jiménez, ya que León Brázquez ha contado con la colaboración y aportaciones de numerosos artistas onubenses, principalmente de la Cuenca Minera de Riotinto y de Nerva, concretamente Ángela Arias, de Nerva; Ángeles Cadel, de Nerva; Antonio León, de Nerva; Elena León, de Nerva; Eugenio León, de El Madroño; Germán Franco, de Ayamonte; Granados Valdés, de Nerva; Jesús del Toro, de Zalamea la Real; Joaquín Ramos, de Nerva; José Carlos Lancharro, de Nerva; Juan A. Barba, de Nerva; Juan Moya, de Nerva; Laura Cirilo Fariñas, de Nerva; Leticia Zamorano, de Nerva; Lola Romero, de Aracena; María Izquierdo, de Minas de Riotinto; Mario León, de Nerva; Miguel A. León, de Nerva; Ricardo Baroja, de Minas de Riotinto; Toti, de Zalamea la Real; y Vázquez Díaz, de Nerva.

El acto inaugural de la exposición, que puede visitarse hasta el 16 de diciembre en horario de 09.00 a 18.00 horas, también ha contado con la participación de la vicerrectora de Extensión Universitaria y Relaciones Institucionales de la Universidad de Huelva (UHU), Joaquina Castillo, quien ha mostrado la “satisfacción” y el “honor” que para la Onubense supone colaborar un año más con el OCIb.

Asimismo, Castillo ha animado a la población a “conocer esta sala y esta maravillosa exposición”, tras lo que ha subrayado que la Universidad, pese a las circunstancias de la pandemia, ha ampliado este año su colaboración con el Otoño Cultural Iberoamericano, acogiendo el reciente concierto del pianista Alberto de Paz en el Auditorio de la Onubense.

Con estas exposición, ya son siete las que ha puesto en marcha del OCIb 2020 en Huelva, pues ya fueron inauguradas otras seis: ‘Ars Geometrica’, en la Sala Iberoamericana de Casa Colón; ‘Colección A2: espacio de confluencias’, en la Sala Provincia de la Diputación de Huelva; ‘Es/cultura liberada’, en la Sala José Luis García Palacios de la Fundación Caja Rural del Sur, ‘Venus Petróleo’, en el Museo de Huelva; ‘Alma de Teatro’, en el Museo de Huelva; y Voces al Oído, en el Salón de los Brazos de la Casa Colón.

El OCIb, que este año llega a edición número 13, es una convocatoria promovida por la Asociación Cultural Iberoamericana con el patrocinio de la Fundación Caja Rural del Sur y la Diputación de Huelva y que, tal y como explica el presidente de la entidad promotora, Jaime de Vicente, “se ha consolidado como referente de calidad de la cultura iberoamericana en las dos orillas del Atlántico: Huelva y América”.

Se trata de una edición “señalada” por la actual crisis sanitaria, continúa De Vicente, si bien, pese a las dificultades, la convocatoria cuenta con “muchas y muy buenas manifestaciones culturales”, concretamente con cerca de 30 actividades culturales que se desarrollan en diferentes espacios de Huelva entre los meses de septiembre y diciembre.

León Brázquez impartirá una conferencia sobre ‘El metal de los muertos y su contexto’

El periodista nervense abordará la obra de Concha Espina el próximo miércoles en el Centro de la Comunicación Jesús Hermida

El periodista, bibliófilo e investigador nervennse Juan Carlos León Brázquez pronunciará el próximo miércoles, 30 de septiembre, a las 19.00 horas, en el Auditorio del Centro de la Comunicación Jesús Hermida, en Huelva, una conferencia sobre ‘El metal de los muertos y su contexto’, el libro escrito por Concha Espina del que ahora se cumple el centenario de su publicación.

La conferencia es uno de los actos conmemorativos de dicho centenario, que incluyen también la exposición ‘Concha Espina y su obra’, en la que, hasta el 15 de octubre, se presenta, en el Centro de la Comunicación Jesús Hermida, una selección de las ediciones que se han hecho de la obra en todo el mundo, así como documentos, fotografías, pinturas y dibujos relacionados con la escritora y la Cuenca Minera de Huelva, en la que se inspiró para escribirla y de la que el periodista Juan Carlos León Brázquez tiene todas las ediciones y numeroso material documental que ha cedido para la exposición.

‘El metal de los muertos’, publicado en septiembre de 1920, se considera la gran novela de Huelva y el gran referente en la novela social y minera española, en la que Concha Espina hace un recorrido geográfico por numerosos lugares de la provincia, después de haber estado en Nerva en la primavera de 1917 para inspirarse y documentarse, centrando su argumento en las huelgas mineras de la cuenca del río Tinto desde la llegada de los ingleses, en 1873.

Las actividades conmemorativas del centenario de “El metal de los muertos” han sido organizadas por el Ayuntamiento y la Asociación de la Prensa de Huelva como principales promotores del Centro de la Comunicación Jesús Hermida, en esta capital. Hace varios años la Asociación de la Prensa de Huelva, en su colección Cuadernos de Comunicación, publicó el estudio “Génesis de El metal de los muertos. El periodismo literario de una novela social”, de Juan Carlos León Brázquez, que recogió las pruebas de la visita da Concha Espina a la Cuenca Minera y reveló algunas de las claves de la novela, que utiliza en su mayoría nombres ficticios sobre personajes reales.

Una exposición conmemora el centenario de ‘El Metal de los Muertos’

La muestra sobre ‘Concha Espina y su obra’, que puede visitarse en el Centro de la Comunicación Jesús Hermida de Huelva, recoge una selección de las ediciones de la misma y documentos, fotografías y dibujos del periodista nervense Juan Carlos León Brázquez

El Centro de la Comunicación ‘Jesús Hermida’ de Huelva acoge desde este miércoles y hasta el 15 de octubre la exposición ‘Concha Espina y su obra’, una muestra que se realiza con motivo del centenario del libro ‘El Metal de los Muertos’, en el que la autora realiza un recorrido geográfico por la provincia para centrar su argumento en las huelgas de la Cuenca Minera de Riotinto desde la llegada de los ingleses.

La exposición, organizada por la Concejalía de Turismo, Promoción Exterior y Universidad del Ayuntamiento de Huelva y la Asociación de la Prensa, recoge una selección de las ediciones que se han hecho de esta obra en numerosos lugares del mundo, así como documentos, fotografías y dibujos pertenecientes, en su mayoría, al periodista Juan Carlos León Brázquez, comisario de la misma y colaborador de TINTO NOTICIAS -El periódico de la Cuenca Minera de Riotinto-.

El portavoz del equipo de Gobierno municipal y concejal de Turismo, Promoción Exterior y Universidad, Francisco Baluffo, que ha presentado la muestra, ha agradecido a León Brázquez «su generosidad por compartir en la ciudad su colección de ejemplares de diferentes países e idiomas de una de las principales obras de ficción escrita sobre Huelva y, sin embargo, desconocida por la mayoría, a pesar de su interés histórico, literario y social».

‘El metal de los muertos’ se publicó en septiembre de 1920 coincidiendo con la gran huelga de ese mismo año en la que debido a la situación de hambruna y miseria salieron de los pueblos mineros hacia varios puntos de España más de 3.000 niños, lo que acaparó las portadas de los periódicos y contribuyó al éxito editorial de la obra, ya que la autora venía además precedida de los más altos premios literarios de la época.

Según ha explicado Juan Carlos León, «la novela fue pergeñada durante la estancia de Concha Espina en Nerva, la ‘terrible ciudad andaluza’, en la primavera de 1917, para conocer de primera mano ‘toda la tragedia de Riotinto’, por lo que acudió, como solía hacer, a entablar contacto directo con el mundo obrero, documentándose de la historia y la realidad de una vida dependiente de un atípico colonialismo británica en este rincón de Andalucía».

La estancia de Concha Espina en Huelva ha podido ser documentada gracias a los periódicos, por las referencias y artículos que la escritora-periodista publicó. En el año 2015 la Asociación de la Prensa de Huelva, en su colección Cuadernos de Comunicación, recogió las pruebas de esa visita en el estudio Génesis de El metal de los muertos.

El periodismo literario de una novela social, realizado por Juan Carlos León Brázquez, reveló algunas de las claves de la novela, que utiliza en su mayoría nombres ficticios sobre personajes reales.

Ahora, el Ayuntamiento de la capital y la Asociación de la Prensa de Huelva han querido rendir homenaje a Concha Espina y a su obra, en el Centenario de ‘El metal de los muertos’, con documentos que muestran la importancia de la escritora en la España de la pre-guerra civil.

La novela de la escritora sigue siendo considerada el gran referente en la novela social y minera española, como ponen de manifiesto los fondos del periodista onubense Juan Carlos León Brázquez, que el próximo 30 de septiembre impartirá, a las 19,00 horas, la conferencia ‘El Metal de los Muertos en su contexto’. La exposición podrá visitarse de lunes a sábados en horario de 10,00 a 13,00 y de 17,00 a 20,00 horas.

El verso en el fuego

Durante mi lucha de años para que se reconociera en la cuenca minera la importancia que tuvo Concha Espina para nosotros, con la publicación de la novela El metal de los muertos, me vi obligado a escribir varios artículos señalando la falta de interés del consistorio nervense negándole dicho reconocimiento, tales como el publicado en 2015 “Nerva no quiere a Concha Espina” (Nervae), o el que publiqué al año siguiente “Atados al franquismo” (Nervae 2016), donde traté de explicar que, a pesar de su relación con el franquismo, a tres Hijos Ilustres de Nerva no se les negó el reconocimiento del pueblo, cosa que sí ocurría -hasta entonces- con Concha Espina. Afortunadamente, el consistorio reaccionó en 2017 (Centenario de su estancia en Nerva) y dejó de mirar para otro lado, ofreciéndome una Conferencia y -bajo mis sugerencias- reconociendo la labor de la escritora con una placa y una plaza con el nombre de El metal de los muertos.

Lo recuerdo ahora porque en la reciente Séptima edición del Otoño Poético nervense fui invitado por el coordinador del encuentro, José Luis Lozano, para que expusiera una serie de publicaciones, desde 1913 hasta nuestros días, y evocar el interés poético de esas publicaciones históricas, entre las que destacaba por derecho propio una primera edición de 1933 de Minero de Estrellas, del poeta José María Morón, lo que le valió los dos premios más importantes de aquella España literaria de la II República, el segundo Premio del Nacional de Literatura de 1933 y dos años más tarde, en 1935, el Premio Fastenrath, que era el equivalente y precursor del actual Premio Cervantes. Recordé aquel artículo, no entendido por todos, donde decía que muchos hombres y mujeres “se vieron involucrados en el proceso de asimilación ideológica posbélica limitando hoy su reconocimiento por quienes todavía no entienden que, en las condiciones de aquellas circunstancias, se vieron atrapados en la perversa dinámica de apoyo público al régimen franquista que surgió tras la guerra civil, simplemente por la necesidad de sobrevivir”. Fue el caso del pintor Vázquez Díaz, del músico maestro Rojas o de los escritores Concha Espina…y José María Morón.

Del poeta vinculado a Nerva, en su compromiso social y republicano, apenas quedan poemas y escritos ajenos a los pocos que conocemos publicados, como Minero de estrellas, Romance de las Minas de Ríotinto o Miss Almadén y otros poemas, así que, a pesar de que estuve a punto de no revelar lo que sabía, tras un desencuentro por el ninguneo y la estrechez ‘oficial’ que se me transmitió, decidí que mis amigos y paisanos no eran responsables de la ignorancia bibliográfica e histórica de quienes trataron de limitar mi libertad de expresión, como ya ocurriera con la censura sufrida en el Nervae de 2018, por lo que decidí tragarme el orgullo, no defraudar a José Luis Lozano (estuvo espléndido en la presentación del acto y los poetas) y dar a conocer lo que no dije en el artículo titulado “Atados al franquismo”. Allí, ya indiqué que el poeta se afilió a la Falange tras la guerra civil y referenciaba a un estudio realizado por el catedrático Antonio Pérez Bowie, quien hablaba del exilio interior de Morón, “como reacción contra el acatamiento resignado con el que se vio obligado a aceptar las nuevas circunstancias”. Sus últimos años de vida -escribí- los pasó en Madrid, ya que se colocó en el Ministerio de Trabajo, alternando con un empleo de contable en una imprenta. “Escribía en revistas como Brújula o Tajo, colaborando también con los periódicos de la cadena del Movimiento. En realidad, su obra Minero de Estrellas, publicada en 1933, es su única producción de reconocida calidad”. ¿Eso era todo?, no. Había detalles con nombres y apellidos que nunca conté y sabía. La información estaba condicionada a quienes me la habían transmitido, así que aprovechando el Otoño Poético pedí permiso para contarlo y al obtenerlo lancé las circunstancias y los pormenores de lo que sucedió en los inicios de la intransigencia represora de aquellos primeros tiempos del franquismo. No pude extenderme -para no contrariar a la oficialidad municipal- y limité la información a lo básico, por lo que ahora agradeciendo la invitación de Tinto Noticias doy más detalles de lo que adelanté en mi ‘constreñido’ Otoño Poético.

Cuando tras nombrar a personajes nervenses que ya en 1913 organizaban concursos poéticos, como Cristóbal Roncero, doctor en Medicina y Cirugía, odontólogo y poeta; José Morón Vázquez, poeta; José María Trigo González, alcalde presidente y representante de la Sociedad de Autores Españoles; Constantino Lancho Solana, cura párroco y literato; Antonio Zarza Delgado, Juez municipal, farmacéutico y literato; José Arangüete y de Vargas, abogado, secretario del Ayuntamiento y literato y Manuel Fontenla Vázquez, el único que no se atribuía méritos literarios y solo constaba como pintor, llegó el turno de José María Morón que, junto a Concha Espina, constituye el binomio literario más importante en la historia de nuestra comarca. Y la pregunta es muy simple, ¿cómo no conocemos más de la obra poética de José María Morón, que debió haber dejado escrita, aparte de lo muy poquito publicado? La contestación es sencilla y ahí está la historia, que estoy tardando en contar. José María Morón se encontró con que estaba en el punto de mira de los golpistas, por sus escritos y poemas sociales, especialmente los que ensalzaban el carácter combativo de los mineros. Fue detenido y a punto estuvo de ser fusilado, en la vorágine represiva desatada en aquellos instantes de ‘horror’ y en donde indiscriminadamente tantas personas perdieron la vida en Nerva. La familia llamó a un cura residente en Sevilla, tío de la mujer de José María Morón, quien intervino a favor del poeta, consiguiendo salvarlo de la muerte. Y como hizo también el ‘socialista’ Enrique Monis Mora (pintor), José María Morón terminó afiliándose a la Falange, publicando poemas de carácter menor y con loas al régimen.

Temiendo que los manuscritos escritos y conservados en el hogar familiar pudieran ser utilizados en contra del poeta, por los nuevos represores de las ideas sociales y progresistas que sostenían a la II República, su madre, María Gómez, aunque en el pueblo todos la conocían como María Morón, los reunió y se los llevó a casa de su amiga, Ana Mendoza Trigo, quien vivía en los altos del Casino, actual Restaurante Cervecería Marobal, justo donde se celebró el último Otoño Poético. Allí los destruyó, quemándolos y haciéndolos desaparecer. En el lado republicano se propagó la noticia del fusilamiento de José María Morón, y algunos poetas, como Antonio Machado, lamentaron su muerte. En ‘El Mono Azul’ (el primer número apareció el 27 de agosto de 1936, al día siguiente de la ocupación de la cuenca minera) incluso se publicó una necrológica. Hoy, los poetas elevan sus musas y versos donde el fuego dejó que el miedo a la peligrosa intransigencia ignorante y represora convirtiera en cenizas lo que el gran poeta nervense (Nota) sintió en poéticas palabras en aquella Villa de la Libertad, en lo que seguramente fue la mejor época cultural nervense, por la calidad y compromiso de sus protagonistas.

José María Morón Gómez nació circunstancialmente en La Puebla de Guzmán, en 1897. Sus padres, originarios del pueblo, estaban instalados en Nerva, donde poseían una Librería, centro de reunión y tertulias y referencia de la intelectualidad de la época. Su madre se fue a La Puebla de Guzmán para parir en casa de su madre, como era habitual en aquella época, pero el niño Morón vivió desde su nacimiento en Nerva. El casamiento de sus padres se produjo cuando ella, María Gómez, escapó del convento en el que estaba recluida por su familia para evitar que se casara con el librero José Morón Vázquez. Aunque se habla de que el poeta José María Morón obtuvo el Nacional de Literatura de 1933, por su ‘Minero de estrellas’, en realidad obtuvo el segundo puesto, con un premio de 3.000 pesetas de la época. El jurado compuesto por Manuel Machado, Gerardo Diego y Dámaso Alonso otorgó el primer premio a Vicente Aleixandre, por su obra ‘La destrucción o el amor’, obteniendo 6.000 pesetas. Poetas como Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre o José Antonio Muñoz Rojas obtuvieron accésits en ese mismo Concurso Nacional de Literatura. El Premio Fastenrath, el precedente del actual Premio Cervantes, lo obtendría José María Morón un año después. La novelista Concha Espina fue la primera escritora que obtuvo también ambos premios.

Por Juan C. León Brázquez, periodista y bibliógrafo

Foto principal: madrimasd.org

‘Mar de Pintor’, del nervense León Brázquez, recala en Aracena

La muestra pictórica y bibliográfica que el periodista organizó en Moguer por el Centenario del ‘Diario de un Poeta Recién Casado’ puede visitarse hasta el 1 de diciembre

La muestra pictórica y bibliográfica ‘Mar de Pintor’, que el periodista y bibliógrafo nervense Juan Carlos León Brázquez organizó en Moguer, en el Centenario del Diario de un Poeta Recién Casado, recala ahora en el Teatro Sierra de Aracena, hasta el 1 de diciembre. Esta vez, el periodista, en su pueblo natal, ha querido presentar las dos últimas novedades del libro, con las traducciones en alemán y chino, que se vienen a unir al medio centenar de ediciones presentes también en esta doble muestra, pictórica y bibliográfica.

“Creo -apunta León Brázquez- que esta es la única Colección que existe con todas las ediciones que se han hecho en el mundo del Diario de un Poeta Recién Casado, desde las cinco ediciones con fecha de 1917, hasta las dos últimas en alemán y chino. Tengo, por ejemplo, una de cuadernillos, de solo 10 ejemplares, cuya letra A pertenece al Rey emérito Don Juan Carlos y la letra Jota a mí; o el trabajo fin de carrera de la artista valenciana Marta Pina del que solo se imprimió cuatro ejemplares, o el que me hizo artesanalmente, en papel de algodón e hilo, el editor conquense Segundo Santos”. El periodista colaboró con la Fundación Zenobia-Juan Ramón, con motivo del Simposio Internacional celebrado en 2017, sobre uno de los libros más importantes de la poesía española del siglo XX, ya que muchas generaciones de poetas han bebido de él, para lo que recabó la colaboración de pintores de la Sierra y la Cuenca Minera, dada la vieja vinculación pictórica de la tierra con Juan Ramón Jiménez.

Ahora esa veintena de artistas están con sus obras en el Teatro Sierra de Aracena, al que se ha incorporado el escultor Alberto Germán, con una representación de Zenobia. En la presentación de esta muestra, el periodista recordó a dos grandes artistas onubenses, Mario León y Vicente Toti, quienes nos han dejado en este 2019 y no han podido ver esta Exposición en Aracena, que en cierta forma sirve de primer homenaje a su contribución a nuestra cultura. León Brázquez ha rescatado el primer retrato conocido de Juan Ramón, que sirvió para ilustrar su primer libro, Ninfeas, fechado en 1900. Su autor, el polifacético Ricardo Baroja, hermano de Pío Baroja, nació en Minas de Ríotinto, en 1871. Sin embargo, quizá el pintor más cercano a Juan Ramón Jiménez fue el nervense Daniel Vázquez Díaz, 1882, quien desde tiempos de juventud se encontró en Sevilla con otro aspirante a pintor que derivó en poeta, Juan Ramón. Pocos días se llevaban en edad entre ellos y fue Don Daniel uno de los que llevó el féretro del poeta hasta su última morada en Moguer.

Vázquez Díaz lo dibujo y pintó en muchas ocasiones, pero cuando Juan Ramón marchó en 1936 al exilio norteamericano llevó consigo la fotografía del retrato que le hizo su amigo y que sirvió de base a un billete de 2.000 pesetas. Un retrato muy conocido gracias a esa foto, porque el original desapareció cuando varios falangistas saquearon la casa de Juan Ramón tras la ocupación de Madrid. Pero somos muchos los que tenemos esa imagen de Juan Ramón en la retina, gracias al extraordinario dibujo de Vázquez Díaz. Maestro del pintor Antonio Granados Valdés (Nerva, 1917), le pidió a éste durante su estancia en Venezuela que tratara de recuperar un óleo que le había hecho a Juan Ramón y que las autoridades franquistas habían llevado hasta Caracas en una Bienal de Arte. El comisario, Leopoldo Panero, entregó al Gobierno venezolano aquel óleo sin consultar con el pintor y dueño de la obra. Vázquez Díaz al saber que no podía recuperar aquel retrato volvió a pintar a Juan Ramón, para suerte de Huelva, ya que se conserva en el Museo Provincial. Granados Valdés, memoria viva de aquellos tiempos, aún se lamenta de no haber culminado con éxito el encargo de Vázquez Díaz.

Con estos hilos, el periodista León Brázquez ha reunido a toda la nueva generación de artistas que abunda en la Sierra y la Cuenca Minera; además de Mario León y Vicente Toti, firmas como la de Ángela Arias, Juan A. Barba, Ángeles `Cadel´, Laura Cirilo Fariñas, María Izquierdo, Jesús del Toro, José Carlos Lancharro, Miguel Ángel León, Elena León, Antonio León, Juan Moya, Javier Olivares (Premio Nacional de Comic), Joaquín Ramos, Lola Romero y Leticia Zamorano, quienes con el escultor Alberto Germán, conforman esta completa colectiva presente en Aracena. Diferentes técnicas e interpretaciones para los versos de Juan Ramón, que de la palabra escrita han pasado a tablas y lienzos.

El periodista solo lamenta que esta exposición no haya llegado hasta Huelva capital, ya que considera que el más universal de nuestros poetas bien se hubiera merecido que “esta muestra única, tanto por su valor bibliográfico -única en el mundo- como por el número e importancia de los artistas participantes, hubiera despertado otro interés de las autoridades provinciales, ya que su recorrido por Moguer, Rociana, Nerva y ahora Aracena, solo ha sido posible por mi interés personal para que se conociera este trabajo colectivo”. Aún así, no cierra la puerta a que la Exposición llegue hasta Huelva Capital.

Los humos de la huelga de 1888 y de hoy

Para la cuenca minera del río Tinto éste 4 de febrero debería ser el día del medio ambiente, o incluso nuestro día del trabajo, pues en misma fecha de 1888 se dio la huelga que significativamente unió a mineros de la Rio Tinto Company Limited, a agricultores y ganaderos de la zona y al pueblo en general para pedir mejores condiciones laborales y salariales y la eliminación de las terroríficas ‘teleras’ que tanto daño hacían entre cualquier tipo de vida, ya en las personas, en los animales o en la vegetación. Una auténtica huelga medioambiental, aun cuando el término nos era desconocido y confluyeran otros intereses sociolaborales.

Sin embargo, para las Naciones Unidas, el día del trabajo tan arraigado –con justicia- lo venimos celebrando el 1 de mayo, en conmemoración de fecha próxima a aquellos sucesos de 1888, ya que apenas dos años antes (1886) en una gran jornada reivindicativa se inicio la trascendental huelga de trabajadores de Chicago pidiendo la jornada de 8 horas. La gran conmoción, sus efectos y la trascendencia de tal reclamación ha hecho que el Primero de Mayo se convirtiese en la gran jornada reivindicativa para los trabajadores de todo el mundo. Los acontecimientos de Chicago, donde varios dirigentes sindicoanarquistas fueron ejecutados, son de una trascendencia tal que justifica la elección del 1 de mayo como el Día del Trabajo y de los trabajadores.

No obstante, bien se hubiera podido luchar para que el 4 de febrero se hubiera convertido en Día Mundial del Medio Ambiente, si las autoridades españolas hubieran puesto más empeño y ejercicio didáctico sobre la base de su impronta histórica. No fue así, y el incipiente movimiento que algunos apoyamos hace mucho años se quedó en nada, pues el 15 de diciembre de 1972 la ONU eligió para conmemorar dicho Día el 5 de junio de cada año, ya que en misma fecha de ese año (1972) se había iniciado la Conferencia de Estocolmo sobre Medio Ambiente. Es decir, se aprovechó una fecha próxima sobre un acontecimiento recién iniciado, al comprometerse la propia ONU a desarrollar programas y sensibilizar sobre una cuestión que hoy nos parece cotidiana y desde luego necesaria. No se tuvo en cuenta, como en el Día del Trabajo, a la historia. Y sin embargo, ateniéndonos a la propia actualidad, la cuenca minera padece los problemas derivados de un cementerio de residuos industriales tóxicos y peligrosos, muy contaminantes, que –ironías de la historia- descansan en una zona donde se situaron campos de teleras.

La población nervense padeció la rotura de la sociedad, entre los que ilusionados creyeron que aquel vertedero sería la solución al cierre de la mina y los que intuyeron el problema que se les venía encima, para lo que formaron plataformas reivindicativas que nunca lograron sus objetivos, a pesar de que incluso en la política alcanzaron el gobierno de Nerva. El depósito de residuos, una vez instalado, nadie lo iba a quitar. En Nerva se ha quedado, por los siglos de los siglos, y lo que es peor aun, de los 10 años de vida para almacenamiento, inicialmente aprobado, se ha pasado a prórrogas de varias décadas, con la correspondiente ampliación inicial y cientos, miles de camiones volcando su mierda tóxica junto a Nerva. Este cementerio contaminante ni siquiera ha servido para paliar la difícil situación laboral de la cuenca. Los cientos de trabajados prometidos se quedaron en solo una promesa, como tantas otras incumplidas. Los intereses políticos se plegaron claramente a los intereses del mantenimiento de éste cementerio, pues una vez instalado todo ha sido más fácil para aprobar no solo su ampliación, sino la variedad de elementos contaminantes recibidos y la duración, alargada en décadas, de un cementerio que llegó para quedarse ante la ilusión de algunos de que ahí estaba su futuro laboral, gracias a la connivencia de políticos títeres del sistema, capaces de aceptar lo inaceptable.

Nada es ahora como se soñó, ni para unos ni para otros. El cementerio sigue plenamente activo acogiendo la porquería que da prosperidad y dinero a otros; no ha solucionado los problemas laborales de la cuenca –y mucho menos de Nerva- y cíclicamente aparece en los medios de comunicación, bien por algún incendio, accidente de un camión con residuos tóxicos o por denuncias sobre algún problema en la planta de El Ventoso. Pero el gol ya está metido e incluso se ha conseguido acallar los pocos intentos de las adormecidas asociaciones ciudadanas y ecologistas ante los atropellos sufridos en estos años. Malos olores, intenso trafico de camiones con residuos peligrosos, veranos con alarmantes nubes de polvo, impacto sobre las aguas de la zona…y todo sigue como si la normalidad fuera tener éste peligroso cementerio a menos de un kilómetro del núcleo urbano.

No sé si de haberse constituido el 4 de febrero como Día Mundial del Medio Ambiente la empresa Befesa sería hoy la propietaria del enorme vertedero de residuos tóxicos y contaminantes de Nerva. Parece que nos es muy fácil de olvidar la esencia de las fechas, aun cuando sigamos hablando en la cuenca minera del año de los tiros, de aquel 4 de febrero de 1888, cuando extraoficialmente cientos de personas, convocadas por la Liga Antihumos, murieron para reivindicar el fin de las teleras. Hoy no se pide tanto sacrificio, recordado con cierto baboseo, pero al menos que, en una sociedad tan informada como la nuestra, no se olvide que un día se permitió al lado de nuestras casas un vertedero que, al contrario que las teleras, conocerán y padecerán futuras generaciones. Aquellas se eliminaron con el tiempo y apenas existen rastros, pero el tóxico cementerio seguirá ahí, vivo, recordándonos que por mucho recubrimiento, sellado o aislamiento, lo que alberga no puede eliminarse, son residuos altamente tóxicos y contaminantes, como si nuestra salud no valiera nada. Eso de que quien contamina paga, parece que solo se ha quedado en un eslogan propagandístico, ya que la mierda que otros generan se la comen aquí, en Nerva. No es coincidencia que en Bella Vista, apareciera en 1988 una reivindicativa pintada: “Cien años de historia. Cien años de miedo. Cien años de Soledad”. Hoy habría que añadirle a esa pintada 30 años más, pero nada ha cambiado, aunque sigo pensando que si la fecha del 4 de febrero se hubiera escogido como Día del Medio Ambiente, hoy no tendríamos vertedero. Al menos me hace ilusión pensarlo.

Desde luego me adhiero al manifiesto de Juan Cobos Wilkins, aunque el Día del Medio Ambiente, sea el 4 de febrero u otro, llega tarde para Nerva, ya que parece que no supimos aprender de nuestra propia historia. La herencia que dejamos no es la más ejemplar.

1888-2018, 130 años de una masacre minera

Las durísimas condiciones de trabajo en la mina y los nocivos efectos de los humos de las ‘teleras’ llevó en 1888 a una conjunción de intereses contra los métodos laborales y de explotación de ’La Compañía’. Nunca imaginaron los manifestantes de todos los pueblos de la cuenca minera, que aquella concentración pacífica en la Plaza de la Constitución de ‘La Mina’ (Ríotinto Pueblo), el 4 de febrero de 1888, se iba a convertir en una ratonera para cientos de personas indefensas frente a los fusiles del Regimiento de Pavía al servicio de los intereses de la compañía británica, la RTCL. Lo peor fue la impunidad de los responsables de aquella matanza, protegidos bajo los intereses económicos y políticos de la época. Los expedientes desaparecieron y los muertos y heridos quedaron sin conocer la justicia. La propia Compañía aprovechó el momento para promover despidos; no cerró las teleras, a pesar de las nuevas leyes que rápidamente se aprobaron (el 29 de febrero de 1888 se firmó el Real Decreto prohibiendo las teleras), manteniéndolas aún durante años, a pesar de ser un método muy dañino y perjudicial para las personas, los animales y el campo (hoy diríamos medioambiente); solo las cambiaría bien entrado el siglo XX, sustituyéndolas por el método de cementación natural, por ser más barato y rentable, practicado en la zona onubense explotada por la Tharsis Sulphur y quedó la leyenda sobre los desaparecidos, permaneciendo en el imaginario popular hasta la actualidad. Incluso, Maximiliano Tornet, el agitador de aquella manifestación, mantuvo su mito protagonista hasta que hace muy pocos años apareció su rastro en Argentina y siempre se mantuvieron incógnitas sobre el papel de los de la Liga Antihumos, vinculados a los caciques de Zalamea la Real (José Lorenzo Serrano y José María Ordoñez), ya que en el momento de los tiros a la muchedumbre concentrada en aquella Plaza, los organizadores ya estaban alejados de aquel Ayuntamiento riotinteño, hoy desaparecido y enterrado bajo los escombros de la propia mina. Toda una metáfora de los tiempos.

A la manta, los humos tóxicos sulfurosos depositados en los valles tras la quema del mineral en las teleras, que no dejaba crecer vida vegetal en su entorno y afectaba a la salud de personas y animales, se le echó encima otra ‘manta’ para tapar las responsabilidades. Las autoridades no se atrevieron con La Compañía, que con sus mordidas controlaban la política local, provincial e incluso nacional. Era la principal empresa de España y causaba temor a los oponentes. Su enorme poder compraba silencios, casi como hoy. Y eso que han pasado 130 años. Los Mister Rich de entonces (director de la mina) siguen campando hoy por nuestras tierras.

Juan C. León Brázquez, periodista

Oro en la mina

La faja pirítica onubense no es solo Río-Tinto (así lo escribían los ingleses), sino que va más allá de estos límites comarcales, desde que hace unos miles de años se dedicaron a pasar por aquí tartesos, fenicios, cartagineses, romanos, árabes, franceses, belgas e ingleses. Ahora, en plena Sierra, capital suizo y árabe de Abu Dhabi, convergente al 50 por ciento en la empresa Matsa, se dispone a explotar un nuevo yacimiento de oro, que viene a sumarse a los otros dos que ya tiene la empresa en la zona de Almonaster la Real y Calañas. A pesar de sus más de 5.000 años de explotación, Huelva sigue siendo una de las mayores zonas de la tierra con más yacimientos polimetálicos, lo que atrae a las mayores empresas mineras del mundo.

Los datos de 2017 aportados por Trafigura, la empresa suiza propietaria al 50 por ciento de de Minas de Aguas Teñidas (Matsa), indican que el nuevo yacimiento denominado Mina Magdalena aportará a la empresa nuevos valores al haberse encontrado “volúmenes comerciales de oro puro que puede extraerse a través de un proceso directo que requiere una inversión de capital relativamente modesta”. Y si no se ha cuantificado de forma concreta este significativo yacimiento, lo que está claro es que abordar esta nueva explotación dará mayor dimensión a la empresa actualmente más puntura en la explotación de la minería onubense. De hecho, según los datos de 2017, la empresa Matsa está realizando una extracción constante de 4,4 millones de toneladas de mineral en las dos minas abiertas en Huelva, lo que ha supuesto unas 550.000 toneladas de cobre, plomo y concentrado de zinc.

El potencial de explotación se va a acrecentar significativamente en 2018, no solo en las dos explotaciones tradicionales de Matsa, sino también en el proyecto de Mina Magdalena que abre una nueva vía de desarrollo para la empresa minera, ya que los estudios indican que podemos estar ante el más importante yacimiento de oro puro conocido en España, que además –según la empresa- podría extraerse con una inversión modesta. La empresa tiene la intención de dedicar este año nuevos recursos para seguir con su política de exploración de nuevos yacimientos.

Minas de Aguas Teñidas, Sociedad Anónima (Matsa), participada por los suizos de Trafigura y el más importante fondo de inversión de Abu Dabhi, Mubadala, con capital árabe de Abu Dhabi, tiene abiertas actualmente dos minas, la de Aguas Teñidas (Almonaster) y la de Sotiel (Calañas), a la que se suma ahora Mina Magdalena, también en Almonaster la Real. Trafigura Beheer B.V. es una empresa de logística y comercio de materias primas (la mayor del mundo), presente en 36 países, mientras que Mubadala Investment Company es la principal empresa de fondos de inversión de Abu Dhabi. Ambas decidieron crear en junio de 2015 una empresa conjunta (Joint Venture) para la explotación minera, con lo que los árabes entraron así a participar, al 50 por ciento, en la explotación de las minas que Matsa tiene en la provincia de Huelva, hasta ahora para la producción de concentrados de cobre, zinc y plomo, al que con Mina Magdalena se sumará el oro. La empresa cuenta con permisos para explorar más de mil kilómetros cuadrados en la provincia de Huelva, desde el litoral hasta la Sierra en busca de nuevos yacimientos, por lo que no se descarta instalar una nueva planta de procesamiento, en el caso de tener éxito dichas investigaciones, que abarcan más allá de las zonas tradicionales de explotación minera.

Juan C. León Brázquez, periodista