Supervivientes 2018

Faltan menos de 24 horas para que arranque la nueva edición del reality más salvaje de la televisión, los concursantes ya están en Honduras desde el pasado fin de semana y el equipo trabaja a contrarreloj ultimando detalles para que todo esté a punto en la primera gala, que dará comienzo hoy jueves 15 de marzo a las 22:00 horas en Telecinco de la mano de Jorge Javier Vázquez, quien la presentará mano a mano con Lara Álvarez, que traerá la última hora desde la isla, y con Sandra Barneda, que será la encargada del debate.

Aunque para mi gusto el casting de este año es flojito, estoy convencida de que los supervivientes van a dar juego y mucho que hablar. Sin duda alguna, Mayte Zaldívar es el fichaje estrella de la edición. La que en su día fue mujer de Julián Muñoz regresa a los platós tras haber cumplido condena de cárcel por el caso Malaya. Además estoy segura de que lo hará con más fuerza que nunca y podremos verla con una actitud bastante guerrera, ya que se trata de una mujer con carácter, que no se calla ni debajo del agua y que tiene mucho que contar. ¿Aprovechará su estancia en la isla para hablar de lo que nunca ha hablado? ¿se atreverá a decir algo que pueda poner entre las cuerdas a Isabel Pantoja? Otras de las grandes incorporaciones son Raquel Mosquera y María Lapiedra, que ha adquirido un gran protagonismo mediático en los últimos meses, al verse involucrada en una trama amorosa con el paparazzi Gustavo González. Por último, cómo no mencionar al reaparecido Alberto Isla, actual pareja y padre del hijo de Chabelita. El gaditano, que no es bien recibido en el clan Pantoja, parece que viene con la lección muy bien aprendida y por supuesto aleccionado por la hija de la tonadillera.

En definitiva, dieciséis serán los concursantes que dentro de unas horas darán el mítico salto del helicóptero marcando así el comienzo de esta nueva aventura que promete ser de todo menos aburrida.

Isabel Gómez Rodríguez, periodista

Prostitución: ¿Legalizamos o perseguimos?

Actualmente nos encontramos en un momento en el que está abierto un complicado debate social, se discute a favor o en contra de legalizar la prostitución. Lo que hace replantearnos algunas preguntas ¿La legalización traería más consecuencias positivas o negativas? ¿Conseguiría reducir la trata de personas, o por el contrario la aumentaría? La prostitución es el segundo mayor negocio del mundo, mueve millones de euros y es un gran “lobby” con una enorme capacidad de presión social y política. Con ella se fomenta la trata de personas, algo de lo que no son conscientes una gran parte de los consumidores. Por eso, es fundamental educar e informar tanto a jóvenes como a adultos, para que puedan ver que más allá del simple ocio, se cometen delitos, secuestro, violaciones y maltrato.

Diría que precisamente la legalización no es la mejor solución para este problema, considero que es un paso atrás, ya que conseguiría empeorar la lamentable situación en la que se encuentran hoy en día muchas prostitutas. Esta medida es un regalo para los proxenetas y los traficantes. Lejos de progresar, esta opción no supone un control de la industria del sexo, sino que la expande. Además, al aumentar el número de burdeles se dispararía el tráfico de mujeres y bajarían los sueldos de estas, lo que conllevaría un incremento de la demanda y por lo tanto se estaría promoviendo el tráfico y el turismo sexual, de la misma manera que ha ocurrido en países como Ámsterdam.

Apoyo más la idea de poner en marcha un proceso de regulación que controle dicho servicio, ofrezca seguridad a las personas que se dedican a ello y les proporcione unos derechos. Me parece que lo correcto sería controlar este oficio desde dentro y establecer sus pilares legalmente, lejos de las mafias que se aprovechan de las mujeres para favorecer sus propios intereses.

Otro de los aspectos que refuerza la idea de regularizar la prostitución es la desigualdad, ya que sitúa a los hombres en una posición superior y con un cierto dominio sobre las mujeres, debido a que ellas hacen el trabajo, pero los beneficios van para las manos y los bolsillos de los empresarios que se dedican a este negocio. Los proxenetas no les dan a las prostitutas el dinero que les corresponde, más bien les roban, se aprovechan de su situación y de su trabajo para así enriquecerse a su costa, y ante eso ellas no pueden hacer nada, ya que se encuentran indefensas, desprotegidas ante la ley y privadas de derechos.

En conclusión, la regulación me parece la medida más acertada, ya que hoy en día no hay ninguna vigilancia. Si existiera, los hechos llevados a cabo en esta industria quedarían registrados y los proxenetas no tendrían tanta facilidad para mover sus hilos libremente. La prostitución se debería regular como cualquier otro empleo, con sus límites de horas de trabajo, días de vacaciones necesarios, salario digno y establecido, llevando a cabo los pertinentes controles de sanidad obligatorios. Hay que dejar claro que si lo que se busca es progresar en este sector, es vital impulsar y apoyar propuestas que sí supongan un avance en cuanto a los derechos humanos, el trato digno de los trabajadores y la mejora de las condiciones laborales.

Isabel Gómez Rodríguez, periodista