Un artículo de Reyes Andreo

Reyes Andreo

Código azul

Existe un código invisible que, como defienden nuestros mayores, permite reconocer a la gente de toda la vida en cada rincón del viejo continente. De dónde vienes o cuáles son tus raíces. Todo ello sin necesidad de decirlo en voz alta.

En España existen aproximadamente entre 2.600 y 2.800 títulos nobiliarios vigentes, según la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y Títulos del Reino. Curiosamente, el Reino Unido apenas conserva algunos centenares de títulos hereditarios tradicionales activos y, sin embargo, su aristocracia posee una visibilidad internacional infinitamente mayor. Han sabido revestir estas tradiciones de distancia, ceremonia y una cierta teatralidad; sobre todo, han sabido venderlas al mundo.

En nuestra provincia, Huelva, sobreviven todavía ecos de ese mapa antiguo, como el Marquesado de Aracena y de Gibraleón; el Condado y Señorío de Ayamonte; el Condado y Ducado de Niebla; los vínculos condales de La Palma del Condado; los linajes históricos de Bollullos Par del Condado; a Moguer, Sanlúcar de Guadiana y Cortegana, entre otros muchos.

Y tú, ¿de quién eres?

Debo reconocer que jamás he sabido practicar este código. Ni pregunto quién es quién, ni dudo en contar cualquier aventura familiar que me resulte fascinante.

Verás, no sé si esto sirve de algo, pero te cuento: soy sobrina bisnieta de Sebastiana Limón Caballero, condesa de Barbate. Bisnieta del ministro y senador portugués Estevão de Vasconcelos, perteneciente a uno de los linajes nobiliarios más antiguos de Portugal. Tataranieta de Papá Quico, Francisco Limón Rebollo. Sobrina nieta del doctor Francisco Vázquez Limón, cirujano de enorme humanidad y profundamente querido en nuestra provincia.

Mi bisabuelo Eduardo Vázquez Casanova sostuvo siempre que descendemos de la Princesa de los Ursinos. Algo así como una rama colateral, pues ella nunca tuvo hijos. Entre aquella influyente mujer y los primeros cirujanos de esta rama familiar en Cádiz media un siglo entero cuya conexión nunca llegué a investigar. No había razones para dudar de las historias familiares, aunque jamás llegué a comprobarlo.

Luego está el lado paterno, empresarial y profesional, con tantos otros lazos que terminan descansando en la memoria familiar con historias que inspiran o sencillamente aleccionan.

¿Idealización del linaje?

¿Podrían tales historias acabar convirtiéndose en losas capaces de paralizar tu vida y sus posibilidades infinitas? En mi experiencia, la inteligencia que algunos de ellos desprendían, sus capacidades, sus logros o aventuras de vida, y compararme con ellos, hizo sentirme a veces pequeña.

Nobleza es para mí otra cosa: la forma en que algunas personas atraviesan la vida, su sentido de la justicia, la bondad silenciosa o la dignidad con la que tratan a los demás.

En cuanto a la burguesía, quizá no sea más que otra manera de organizar el poder o la distancia social.

Todo ello carece de sentido para esta vecina de Huelva, una provincia llena de tesoros valiosos: sus gentes, su carácter, sus paisajes, su manera de caminar y ese futuro inmenso que todavía respira frente al mar.

Una mañana cualquiera, mientras el agua corría sobre mi piel, sentí que las tornas se invertían y pude entonces imaginar a todos aquellos antepasados hablando entre ellos:

—Yo soy el bisabuelo de Reyes.
 —Pues yo soy su tío tatarabuelo.
 —Y yo, su padre.
 —Y yo, su abuela.

Uno tras otro, orgullosos, fascinados, rodeandome. Decenas de nombres unidos ahora no por el peso del pasado, sino por la alegría de haber contribuido, de algún modo, a mi existencia.

Como si todos ellos celebraran haber desembocado aquí: en esta mujer de la tierra; abuela de agua, con fuego en la mirada; y una vida sencilla, rodeada apenas de naturaleza y de tiempo presente.