En 1943 el prestigioso arquitecto Alejandro Herrero diseñó una moderna pedanía para albergar a unas 1.000 personas
El reloj despertador de cuerda sonó como un estruendo en el silencio de la noche con tal fuerza que parecía un taladro que iba a perforar las antiguas tablas de la mesilla de noche carcomida por las polillas.
Eran las cuatro de la mañana.
Ramón sacó el brazo de las sábanas de algodón y retiró el cobertor para atrás, con la mano le dio con tal fuerza al reloj que cayó al suelo.
No volvió a sonar más.
Cuando Ramón despertó de nuevo había pasado casi una hora, se había quedado dormido porque la noche anterior se acostó tarde enredado con unos amigos en educación y descanso, unas copas de aguardiente y el cansancio acumulado de toda la semana no pudo levantarse a esa hora, había perdido el tren para ir a trabajar a Mina Guadiana, cercana a las Minas de Palanco y a unos 7 kilómetros de distancia de Zalamea.
Ya no le daba tiempo coger la calle abajo e ir a la estación vieja para subirse al tren, así que preparó el talego con un poco de queso y un mendrugo de pan y decidió ir corriendo por el camino del Pozuelo, un camino de bestias que discurría paralelo a la carretera de Huelva a Badajoz.
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