Manuel Almisas Albéndiz reconstruye la fascinante vida de la poetisa, maestra, periodista y militante de ‘Mujeres Libres’ cuya memoria permanecía oculta incluso para sus descendientes
La Historia, con mayúsculas, suele tener grietas profundas por las que caen al olvido las biografías de quienes más la empujaron hacia adelante. Especialmente si son mujeres, librepensadoras y de clase obrera. Ese era el destino de la nervense Esperanza Cerrato Albújar (1898), una mente brillante y poliédrica -poetisa, maestra, periodista, teósofa y militante anarquista- hasta que el azar y la tenacidad del investigador gaditano Manuel Almisas Albéndiz se cruzaron en su camino.
El resultado de este minucioso trabajo de arqueología histórica ha visto la luz en una ampliada segunda edición del libro La onubense Esperanza Cerrato Albújar, «Mujer libre» y «Sinsombrero». Una obra que devuelve a la Cuenca Minera de Riotinto una de sus figuras intelectuales y revolucionarias más deslumbrantes del siglo XX.
El chispazo de un hallazgo fortuito
Como ocurre a menudo en la investigación histórica, el hilo del que tirar apareció de la forma más inesperada. Almisas no buscaba a Esperanza; seguía el rastro de otra gran figura de las letras andaluzas.
Según relata el propio autor, el hallazgo fue una carambola: “Estaba investigando sobre Rafael Alberti y sabía que dio una conferencia en Madrid. Buscando en diarios de la época, encuentro sobre ello una nota chiquetita. Pues justo encima veo el anuncio de una conferencia de Esperanza Cerrato en un centro de espiritualismo. Me marcó encontrar una mujer espiritualista, era súper raro que una mujer fuese a dar una conferencia en un centro espiritualista. Y lo anoté”.
Aquel anuncio de prensa en el Madrid de los años veinte encendió una curiosidad que terminaría por convertirse en una monografía histórica de primer orden. Almisas comenzó a estirar el hilo y lo que emergió fue el retrato de una mujer adelantada a su tiempo por varias generaciones: “Con el tiempo empecé a investigar y descubrí que fue una poetisa súper importante en los años 20, llegó el momento que vi que era de Nerva, supe que a su hermano lo fusilaron”, detalla el investigador. Desde esa infancia en el corazón de la Huelva minera -donde con apenas 14 años ya publicaba sentidos versos en los periódicos obreros del sindicato minero-, la vida de Esperanza fue una constante huida hacia la vanguardia social y cultural.
Para recomponer los fragmentos de una vida partida por la Guerra Civil y el exilio, Almisas tuvo que contactar con Nerva, entrelazando la microhistoria local con el drama familiar de la represión franquista. Tal y como nos cuenta, contactó “con un historiador de Nerva y di con la familia. Me abrió la posibilidad de acceder a los archivos de Riotinto y ahí vi que además fue maestra. Es una historia que tiene muchas historias”, evoca el investigador.
En las carpetas de los archivos mineros brotó su faceta pedagógica, una labor que desempeñaría con un profundo sentido de la justicia social, combinando las letras con un idealismo práctico que la llevó a defender postulados antimilitaristas, teosóficos y, finalmente, plenamente libertarios. Esperanza era una auténtica integrante de “Las Sinsombrero”, es el nombre con el que se conoce a un grupo de mujeres creadoras, pensadoras y artistas españolas de la Generación del 27 y que, a pesar de tener el mismo talento, formación e influencia que sus compañeros masculinos (como Federico García Lorca, Salvador Dalí o Rafael Alberti), fueron injustamente olvidadas y silenciadas por la historia, el exilio y la dictadura franquista.
Durante la Guerra Civil española, el compromiso social de Esperanza Cerrato llegó a su máxima expresión al afiliarse y convertirse en la secretaria de la Agrupación de Valencia de «Mujeres Libres», la organización feminista y anarquista que luchó por la emancipación de la mujer trabajadora en plena revolución.
Un exilio truncado y el silencio familiar
Tras la derrota de la República, la tragedia golpeó con dureza. Su segundo marido, Miguel Calvo Sánchez, fue internado en el campo francés de Argelès-sur-Mer y posteriormente capturado por las tropas nazis en la Segunda Guerra Mundial, acabando asesinado en el campo de exterminio de Mauthausen en 1941. Esperanza, junto a su hijo Fidel, logró sobrevivir en la Francia ocupada trabajando en lo que surgía, antes de emprender rumbo definitivo hacia un exilio lejano.
Ese exilio y el manto del miedo que impuso la dictadura borraron su huella física y emocional en España. De hecho, el autor confiesa el absoluto desconocimiento que sus propios allegados directos tenían sobre la inmensidad de su figura. “Su familia de Nerva sabía que tenía una tía abuela pero no la conocían, no se sabía su historia de vida, no sabían nada de su pasado. Era una mujer muy especial”, remarca.

Una segunda edición ensanchada desde el otro lado del Atlántico
La publicación de la primera edición del libro funcionó como un faro luminoso que cruzó el océano de vuelta. El eco de la recuperación de la memoria de Esperanza llegó hasta América, permitiendo cerrar los capítulos más borrosos de su biografía.
“A Esperanza se le pierde la vista en Venezuela. Los nietos de sus hijos en Venezuela llegan a contactar conmigo cuando se publica la primera edición y me dan algunos datos: dónde murió, que parece que trabajó como institutriz… y conseguí más fotos que se añaden a la segunda edición del libro”, revela el investigador.
Con este volumen corregido y ampliado, Manuel Almisas no solo ofrece un riguroso ensayo histórico, sino que hace un acto de justicia. Esperanza Cerrato Albújar regresa definitivamente a las calles de su Nerva natal y a las páginas de la literatura andaluza. Deja de ser una sombra del exilio para erigirse con voz propia: una auténtica «Sinsombrero» onubense que, desde la vanguardia de los años veinte y el compromiso de los treinta, vuelve para reclamar su sitio en la historia.



















