Desde de la distribución por parte de los Estados Unidos al Consejo de Seguridad de la ONU de un primer proyecto de resolución sobre el Sahara, para una votación prevista el 30 de octubre, el Frente Polisario no ha dejado de organizar manifestaciones tanto en los campamentos de Tinduf como en diferentes ciudades europeas, particularmente en Francia, España e Italia, para expresar su oposición al texto propuesto y ejercer presiones sobre los gobiernos cuyas posicions son favorables a Marruecos.
Estas manifestaciones coordinadas estuvieron precedidas por amenazas del Frente Polisario de retirarse del proceso de paz auspiciado por la ONU si el Consejo de Seguridad adoptaba la resolución sin modificaciones y de «reconsiderar su compromiso» con Staffan de Mistura poniendo en duda la neutralidad del enviado personal del secretario general de la ONU.
Esta reacción arriesgada que sabe a chantaje debe atribuirse al pánico y a las tergiversaciones de los responsables del Polisario en los campamentos de Tinduf ante el proyecto estadounidense. Dicho documento sostiene que la propuesta de autonomía de Marruecos constituye la única base para las negociaciones entre las partes. Asimismo, critica implicitamente al Frente Polisario lamentando «el fracaso de una de las partes a la hora de participar de manera significativa en las negociaciones facilitadas conforme a la resolución 2797 de 2025».
El texto también insta al enviado personal del Secretario General de la ONU para el Sáhara a consultar a un amplio espectro de representantes saharauis, incluidos actores ajenos a las partes en las negociaciones. Esta redacción preocupa al Polisario -celoso de su posición en el proceso político-, dado que reivindica su reconocimiento como único representante del pueblo saharaui.
Por estas razones, el polisario ententó trasladar el conflicto en las calles y plazas europeas. El propósito no sería únicamente cuestionar las posturas marroquíes sobre el Sáhara, sino también debilitar la imagen internacional de Rabat que refuerza progresivamente su posicionamiento económico, diplomático y en materia de seguridad en África.
Actuando así, el polisario intenta desesperadamente desplazar el centro de gravedad del debate pasando del contenido jurídico y diplomático de una resolución que forma parte de un proceso diplomático cuyos parámetros le resultan cada vez menos favorables, a una campaña de protesta de carácter emocional en diferentes ciudades europeas.
El objetivo de esta campaña es producir imágenes susceptibles de alimentar un relato que acuse al Reino de Marruecos de llevar a cabo una política colonial y expansionista, estableciendo un paralelismo con el conflicto israelí-palestino. Dicha comparación formaría parte de una estrategia de comunicación destinada a internacionalizar el diferendo e influir en las percepciones diplomáticas, en vísperas de una cita importante en el Consejo de Seguridad.
Haciendo caso omiso de la seguridad ciudadana en estos países, el polisario intenta aprovecharse de las protestas locales contra el encarecimiento de la vida y la crisis social para servir sus propios objetivos políticos exaserbando las tensions y atentando contra el órden público en una coyuntura tensa marcada por el descontento social y los choques con la policía.



















