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El periódico de la Cuenca Minera

Los afectados por la riada de Nerva temen que se repitan las inundaciones del año pasado

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Ante las lluvias anunciadas para este martes, lamentan que, 10 meses después de la gran riada, no se hayan ejecutado las obras necesarias para evitar que se repita la «pesadilla»

Los afectados por la gran riada de Nerva, que asoló gran parte del municipio el pasado 19 de diciembre de 2019, temen que, con motivo de las lluvias anunciadas para los próximos días, se repita la «pesadilla» que les tocó vivir durante aquella jornada.

Así lo han manifestado los propios afectados a través de un comunicado en el que, además, critican que, justo cuando se cumplen 1o meses de aquella catástrofe, aún no se han ejecutado las obras que, a su juicio, evitarían inundaciones como las de aquel día.

Los afectados no entienden que «tengan que volver a vivir una noche de miedos en la que no serán capaces de pegar ojo, contando cada una de las gotas de lluvia que desprende el cielo, esperando angustiados que no vuelva a repetirse la tragedia sobrevenida», lamentan.

Durante estos 10 meses, añaden, lo único positivo ha sido la «ola de solidaridad que recorrió toda la provincia» y que «hizo que recuperasen la fe en las personas, relegando a una insignificancia ganada a pulso a esos políticos a los que no le reconocen rostro», añaden desde el colectivo de afectados.

Comunicado completo

Hoy, 19 de octubre de 2020, se cumplen diez meses desde aquel fatídico 19 de diciembre en que unas espeluznantes inundaciones asolaron Nerva provocando escenas dantescas, ocasionando terribles pérdidas, cuantiosos daños y sobre todo, instalando para siempre el miedo en la vida de cada uno de los vecinos que tenga su vivienda, su comercio, su vehículo o cualquier otra pertenencia o afectividad en esa línea que atraviesa de norte a sur el corazón de esta villa, ese paseo mágico, escenario de tantas reivindicaciones, de tantas fiestas, que por unos días mostró una cara tan espantosa como desconocida por estos lares.

Desde entonces, los afectados, como si se tratase de un pueblo maldito sobre el que han de caer las siete plagas de Egipto, han sufrido todas las adversidades del mundo. Trabas por parte del Consorcio, insuficiente respuesta desde la Subdelegación del Gobierno, indiferencia de aquellos que desde el Gobierno autonómico debían acometer unas obras que evitasen la repetición de la pesadilla e, incluso, minimización de sus daños por parte de algunos vecinos y autoridades, pasando por la irrupción de una pandemia que inició su confinamiento en España el mismo día en que los afectados comenzaban sus actividades recaudatorias lúdicas y culturales.

Podríamos decir, rememorando al mismísimo Gary Cooper, que han estado solos ante el peligro, si no fuese porque la ola de solidaridad que recorrió toda la provincia hizo que recuperasen la fe en las personas, relegando a una insignificancia ganada a pulso a esos políticos a los que no le reconocen rostro, a fuerzas de sentir, como tantas veces, que les daban la espalda.

Sin embargo, más allá de priorizar la recuperación de lo perdido y haciendo gala de una paciencia que para sí quisiese el renombrado Santo Job, no entienden cómo después de diez meses, tras haber dejado atrás 293 días y despreciar las 7.032 horas que se encierran en ellos, tengan que volver a vivir una noche de miedos en la que no serán capaces de pegar ojo, contando cada una de las gotas de lluvia que desprende el cielo, esperando angustiados que no vuelva a repetirse la tragedia sobrevenida.

Todos ellos saben que en estos tiempos que corren es moneda común que los lamentos de los perjudicados, de los más débiles, no traspasen los anchos cristales de los majestuosos despachos de unos políticos endiosados que entienden la política como un modo de vida, en vez de como una magnífica oportunidad de mejorar la vida de sus gobernados.

Para muestra, baste poner ante el foco que, a día de hoy, nadie desde la Delegación Territorial de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente se haya puesto en contacto con los afectados de las inundaciones. No consta que esta situación anómala les sonroje, más al contrario lo entienden como algo normal, rememorando aquella máxima despótica de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Al fin y al cabo, estarán muy ocupados con otras cuestiones que incumban al medio ambiente y a nuestra tierra, pero eso, eso amigos, es ya otra historia…