La 16ª etapa de la ronda española atraviesa el epicentro del incendio de Niebla

El zumbido de los piñones y el golpe de las ruedas contra el asfalto resonaron de forma distinta en las carreteras que conectan la Sierra de Aracena y Picos de Aroche con La Rábida. La 16º etapa de La Vuelta a España, concebida para unir Cortegana con Palos de la Frontera, se transformó a su paso por el corazón del interior onubense en una sobrecogedora procesión a través de la memoria recientísima del desastre. Apenas pocas semanas después de que las llamas del devastador incendio de Niebla quedaran bajo control tras engullir decenas de miles de hectáreas, la caravana ciclista atravesó el epicentro de una herida que sigue supurando en la Cuenca Minera.

El ambiente al paso por tramos como la carretera de Berrocal o las inmediaciones de la aldea de Marigenta distaba mucho del festivo alboroto habitual de la gran ronda española. Las imágenes aéreas emitidas a todo el planeta mostraron un contraste punzante: el colorido maillot y el serpenteante pelotón avanzando a toda velocidad sobre un telón de fondo dominado por el negro del matorral calcinado, el esqueleto cobrizo de los eucaliptos, alcornoques y pinos quemados y el olor a humo que la tierra aún se niega a desterrar. En Berrocal, donde la población vivió días de angustia contenidos por el despojo del fuego, la emoción contuvo el aliento de los vecinos apostados en los márgenes de la calzada.

La jornada no ha estado exenta de reivindicación. Respondiendo a la llamada de la plataforma ciudadana Fuegos Nunca Más y de colectivos locales de afectados, cientos de vecinos bordearon las cunetas luciendo camisetas negras y portando llamas. En varios puntos del recorrido se desplegaron pancartas y se pudo leer ‘Berrocal se siente. Gracias por tanto’ en una finca en la que, por suerte, no había llegado el fuego. Se alzaron banderas de luto con un mensaje unánime que el helicóptero de la televisión no pudo ignorar: la exigencia de ayuda urgente y la restauración real del ecosistema destruido. El grito que, por desgracia, ya es lema de esta tierra por haber vivido dos grandes incendios en algo más de 20 años, volvió a retumbar entre la ceniza para que el aplauso al esfuerzo deportivo no desdibujara la tragedia de sus montes.

Según ha anunciado la Diputación de Huelva, las imágenes de La Vuelta han llegado a millones de personas de 190 países, tanto a través de cadenas de televisión como de plataformas.

El pedaleo de los ciclistas sirvió de altavoz involuntario pero potente para una provincia golpeada. Mientras los sprinters apretaban el paso hacia la meta colombina, en la retina de la comarca quedaba el simbolismo de una serpiente multicolor atravesando un territorio devastado, recordándole al mundo que, bajo la ceniza de la Cuenca Minera, late la dignidad de un pueblo decidido a no dejar que la memoria de su bosque mediterráneo se apague.