El hasta ahora director general cierra una intensa etapa de casi nueve años y deja a la entidad en su mejor momento de proyección y como principal destino turístico industrial de España
Tras una trayectoria profesional de 47 años en el ámbito de la comunicación, las relaciones institucionales y la reputación corporativa, José Luis Bonilla Romero ha anunciado el cierre de su etapa como director general de Fundación Río Tinto. Su última mutación, según sus propias palabras en una emotiva publicación en su cuenta de LinkedIn, ha sido la de convertirse en “minero”, un colofón dorado que pone fin a su vida laboral activa. El motivo de este paso al lado es profundamente humano: el deseo de disfrutar plenamente de su familia. Con tres nietos, dos de los cuales viven a 2.700 kilómetros de distancia, Bonilla confiesa que siente la necesidad de volcarse en ellos porque “no les puedo dedicar el tiempo que merecen”.
Llegado a la dirección en enero de 2018, justo coincidiendo con la creación de Tinto Noticias, su andadura en la Cuenca Minera suma casi nueve años de dedicación absoluta, a los que hay que añadir otros cinco vinculados al sector extractivo como responsable de Comunicación, Relaciones Institucionales y Relaciones Externas en Cobre Las Cruces. Al hacer balance de su gestión en lo que ya considera “su casa”, destaca por encima de todo el haber logrado “abrir la Fundación a la sociedad y transmitir por qué estamos aquí desde hace 40 años”. Durante su mandato, la entidad ha experimentado un notable cambio de mentalidad, ganando una notoriedad y presencia en los medios que califica como algo “muy positivo” frente a una etapa anterior en la que no se paraban a pensar en la importancia de comunicar y explicar su labor, lo que alimentaba ciertos “estereotipos” sociales nacidos del mero “desconocimiento”.
Bajo su liderazgo, Fundación Río Tinto, que se encarga de la gestión del Parque Minero de Riotinto y la puesta en valor del patrimonio minero de la comarca, ha consolidado a la Cuenca Minera como el principal destino turístico industrial de España, logrando atraer a 100.000 visitantes anuales a este singular rincón del sur peninsular. El crecimiento patrimonial durante su gestión es innegable: la Fundación ha pasado de gestionar cuatro puntos de visita a ofrecer en la actualidad siete atractivos turísticos, incluyendo hitos tan potentes como Riotinto Marte, el Tren de la Luna o Riotinto Experience. Este último espacio permite mostrar de forma magistral el pasado, el presente y el futuro de la minería “gracias a la excelente relación con Atalaya Mining”. En estos momentos, el equipo ya trabaja en el desarrollo de un octavo punto de visita, una expansión tan ambiciosa que, tal y como advierte Bonilla, “no se podría hacer en un día”.

A pesar de las impresionantes cifras de éxito, el director general saliente insiste en que el proyecto tiene “mucho margen de crecimiento si se toman las decisiones adecuadas”, aunque aclara que “no todas dependen de la Fundación”. Bonilla lanza una firme reivindicación hacia el territorio para dar el salto definitivo desde los “excursionistas que vienen a pasar un día a viajeros de fin de semana o incluso más”. Para conseguirlo, la gran asignatura pendiente es el alojamiento de calidad. “¿En qué otro punto de interior tienes garantizados 100.000 visitantes al año? Mientras no haya capacidad de alojamiento, es difícil”, reflexiona con cierta espina clavada, ya que le hubiese gustado que la Fundación ejerciera como una gran plataforma que impulsara de forma integral todo el conocimiento de la comarca, despertando el interés de los visitantes por joyas cercanas como los Dólmenes de El Pozuelo, el Museo de Nerva o la histórica plaza de toros de Campofrío.
En su adiós, Bonilla no ha querido olvidarse de las raíces de la Fundación, que cumplirá 40 años en 2027. Ha tenido emocionadas palabras de halago y reconocimiento para todas aquellas personas que, hace ya décadas, trabajaron en la rehabilitación del museo o del ferrocarril a través de las ya extintas Escuelas Talleres. Aquellos desempleados de la zona que aprendían un oficio y reconstruyeron, por ejemplo, los vagones del siglo XIX, fueron en sus palabras “el inicio de lo que tenemos hoy”.
La mayor dosis de emoción la reserva para su equipo de más de 30 profesionales, hacia quienes confiesa sentir una sana “envidia, admiración y agradecimiento”. Tras haber trabajado a lo largo de su carrera en cinco entornos laborales muy diferentes, asegura de forma tajante que “en ningún sitio ha encontrado gente que disfrute tanto como ellos lo hacen”. Es un equipo humano con profesiones singulares, desde maquinistas que conducen históricas locomotoras de vapor alimentadas con carbón hasta guardafrenos, donde “cada uno en su parcela, trabaja con una devoción increíble”. En sus redes sociales ha querido personalizar este agradecimiento en figuras clave como Javier Targhetta -a cuya confianza debe su llegada a Riotinto-, Rafael Benjumea, el ilustre patrono Juan Pérez Mercader y los miembros de su equipo directivo y técnico como Francis Romero, Ángel Campos, Juan Manuel Pérez López, Saúl Narbona Márquez, Aquilino Delgado Domínguez y Francisco Cabello, además del resto de la plantilla.
Finalmente, José Luis Bonilla ha tenido un gesto de gratitud hacia Tinto Noticias por “estar siempre al lado de la Fundación y por la labor de comunicar pegados al territorio”, cerrando así un ciclo impecable en el que la comunicación y el amor por la mina se unieron para poner en valor el orgullo y la historia de la Cuenca Minera de Riotinto.



















