El alcalde realiza un emotivo llamamiento a todas las administraciones y reclama auxilio técnico, medidas medioambientales inmediatas y un plan de futuro para reactivar la economía local
En pie, con la mirada puesta en un horizonte marcado por la ceniza pero con la dignidad intacta de un pueblo que se niega a rendirse. Así ha comparecido el alcalde de Berrocal, Ángel Luis Romero, a las puertas del Ayuntamiento, arropado por su corporación, sus vecinos y vecinas y los regidores y concejales de municipios cercanos. Lo ha hecho instantes antes de presidir el Pleno extraordinario en el que la corporación municipal ha acordado formalmente solicitar la declaración de zona catastrófica. La medida llega apenas unas horas después de que el devastador incendio originado en Niebla se diera por extinguido tras devorar más de 33.000 hectáreas, provocar cientos de desalojos durante jornadas de angustia e infernal incertidumbre y calcinar el 95% del término municipal berrocaleño.
“Como hemos repetido numerosas veces, el verdadero drama empieza cuando se acaban las llamas”, ha manifestado emocionado el regidor, arropado por sus vecinos. Romero ha definido la sesión plenaria no como un mero trámite administrativo, sino como “un llamamiento, un SOS para los actores, la sociedad y todas las administraciones”. En sus palabras, el mensaje es unánime: ·Los necesitamos y los necesitamos a todos. Hoy somos siete los berrocaleños que subimos al plenario a decir esto, pero aquí está todo el pueblo pidiendo lo mismo, pidiendo unidad de acción”.
El acuerdo plenario articula una petición en tres frentes institucionales urgentes. Al Ministerio se le exige la declaración del término municipal como zona afectada gravemente por una emergencia de protección civil (conocido popularmente como zona catastrófica); a la Junta de Andalucía, la declaración de desastre natural con especial incidencia en el potencial productivo agrario; y a la Diputación Provincial de Huelva, el máximo despliegue de apoyo técnico y humano.
Además del auxilio económico inmediato para frenar emergencias medioambientales como la pérdida de suelo o la contaminación de acuíferos, la propuesta municipal plantea un giro estructural en el modelo del monte. El Ayuntamiento propone abordar la reducción progresiva del cultivo del eucalipto en favor de una restauración con especies nativas productivas como el alcornoque, el pino piñonero, la encina y el algarrobo.
Sin embargo, la mayor preocupación que sobrevuela Berrocal es la supervivencia de su propia comunidad humana. “Si ya con la despoblación estábamos tocados de muerte, si realmente no trabajamos en pro de un futuro a corto, medio y largo plazo, no va a quedar aquí nadie”, ha advertido Romero. A preguntas de la prensa sobre cómo reactivar el tejido productivo local, el alcalde ha abogado por canalizar ideas como, a modo de ejemplo, la creación de un gran vivero forestal que genere empleo directo y fije población, aunque ha matizado que la prioridad es recibir apoyo especializado: “Necesitamos cañas: necesitamos que nos enseñen a pescar y que nos acompañen en ese proceso en todos los proyectos que surjan de aquí”.
El margen de maniobra es estrecho. El regidor ha recordado que la normativa fija un plazo de solo un mes desde la extinción del fuego para que tanto particulares como ayuntamientos presenten sus solicitudes de ayuda, un esfuerzo titánico para una administración local de escaso músculo técnico.
La herida de este incendio va mucho más allá de lo material o lo forestal. En palabras del alcalde, en Berrocal la tragedia ha golpeado el corazón de las familias: “A la gente se le ha quemado su medio económico, su álbum de fotos… se le ha quemado su ADN”. A pesar de la magnitud de la catástrofe, el pueblo mira hacia adelante agarrándose al trabajo comunitario como vía de sanación en lo que define como una “carrera de larguísimo fondo” en la que el auxilio de las administraciones no puede demorarse.



















