El Pleno del Ayuntamiento aprueba la concesión de su más alta distinción a la centenaria filial

La Hermandad Filial del Rocío de Moguer, que lleva desde finales del siglo XVII peregrinando a los pies de la Blanca Paloma, ha visto reconocida este jueves su centenaria historia y su permanente arraigo en la sociedad moguereña con la concesión por parte del Ayuntamiento de Moguer de la Medalla de Oro de la Ciudad, la más alta distinción que otorga la corporación local.

La Medalla se le impondrá al centenario Simpecado de la hermandad el miércoles 20 de mayo en un solemne acto en la puerta del consistorio local, horas antes de que la filial moguereña inicie su camino al encuentro con la Reina de las Marismas en la mañana del jueves 21.

Cuarta en antigüedad entre las filiales de la Matriz almonteña, la hermandad de Moguer cuenta no sólo con una trayectoria de siglos marcada por la solera y prestancia con la que realiza su peregrinación anual, sino también con un extraordinario caudal humano que la convierte en una de las que mayor número de fieles lleva cada año al Rocío, concretamente el pasado año más de 4.000 peregrinos.

Al igual que ocurre con las hermandades más antiguas, la fundación de la filial del Rocio de Moguer carece de documentación precisa, aunque los historiadores coinciden en fijar su origen a finales del s. XVII, cuando aparecen ya referencias a la Virgen del Rocío en mandas testamentarias de varios vecinos de la localidad.

La primera concordia conocida entre las hermandades rocieras data de 1724, documento en el que figura la firma del representante de la hermandad moguereña, y cuando en 1758 se concretan las primeras reglas conocidas de la Hermandad Matriz, se menciona expresamente su participación, situándola como la primera entre las ciudades, lo que confirma su gran protagonismo histórico.

Durante estas primeras peregrinaciones los romeros moguereños consolidaron una ruta propia hacia la aldea conocida como el Camino de Moguer, que se ha mantenido durante generaciones convirtiéndose en un elemento esencial de la identidad de la hermandad, un camino por el que transitan hasta el Rocío numerosas filiales de la provincia.

Otro elemento destacado en la historia de la hermandad de Moguer es su Tacita Petitoria de plata fechada en 1764 y considerada la más antigua de este estilo conservada en el ámbito rociero. Destinada a recoger limosnas, la Tacita constituyó durante siglos una de las principales fuentes de financiación de la hermandad, una tradición que se mantiene hasta hoy, cuando recorre las calles de Moguer desde el Domingo de Resurrección hasta Pentecostés.

Tras la división provincial de 1833, Moguer se consolidó como una de las principales hermandades de la nueva provincia de Huelva intensificando especialmente su relación con la Matriz entre 1835 y 1867, cuando Almonte quedó integrada en su partido judicial.

A lo largo del siglo XIX, pese a las dificultades derivadas de los procesos desamortizadores, la hermandad mantuvo ininterrumpidamente su relevancia en la peregrinación anual como confirman tanto fuentes periodísticas como testimonios recogidos en libros de viajes y documentación institucional.

En 1919 la Hermandad del Rocío de Moguer tuvo una destacada participación en la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío, uno de los acontecimientos más significativos en la historia de la devoción rociera, acudiendo a la aldea con un importante cortejo compuesto por doce carretas, cuatro carros, tres coches y ciento cincuenta caballos, lo que puso de manifiesto su importancia en los actos devocionales y en la organización de aquel gran acontecimiento.

Moguer, cuya casa hermandad en el Rocío está documentada desde mediados del s. XIX es además, la única población con dos calles en la aldea: la calle Moguer y el Camino de Moguer, reflejo de su singular relevancia histórica dentro de la romería.

Los rocieros moguereños cuentan además con otro distintivo que los destaca entre el millón de peregrinos que cada año se reúnen en la aldea como es su medalla en forma de rombo, con la corona real en la parte superior y la cruz de Malta con el vellocino en la inferior, un diseño que utilizaba también la Hermandad Matriz de Almonte pero que, en fecha indeterminada, pasó a ser de uso privativo de la Hermandad de Moguer, constando así en los estatutos de la institución.

Todos estos elementos acreditan que la Real e Ilustre Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Moguer se ha mantenido de forma ininterrumpida, viva y activa desde hace casi cuatro siglos, gracias al constante respaldo de la sociedad moguereña, que la ha sostenido incluso en las etapas más difíciles.

Este apoyo tanto social como devocional, ha permitido su plena integración entre las más hondas y singulares tradiciones de la ciudad, convirtiéndola en un auténtico referente de fe y devoción no sólo para la ciudad de Moguer cuyo nombre lleva con orgullo y de la que es seña de identidad, sino también para muchas de las filiales rocieras.

Con todos estos antecedentes y la extraordinaria pujanza que hoy sigue teniendo la hermandad moguereña el Pleno Municipal ha reconocido hoy por unanimidad de todos sus miembros esa importancia histórica y su imbricación desde hace casi cuatro siglos entre los moguereños y moguereñas concediéndole su más alto galardón.