TINTO NOTICIAS

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El periódico de la Cuenca Minera

Agustín Ruiz cumple su sueño en Riotinto tras una larga lucha contra el cáncer

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La historia de Agustín Ruiz es un ejemplo de superación y lucha contra las adversidades. Tanto que, tras sufrir dos trasplantes de riñón y un cáncer linfático, este iliturgitano de 51 años acaba de cumplir, en Minas de Riotinto, un sueño que hasta hace poco parecía inalcanzable: volver a ser lo que siempre fue.

Lo ha logrado durante las pasadas Fiestas de la Virgen del Rosario de la localidad, en las que Agustín Ruiz ha sido la única persona que se ha incorporado a la cuadrilla de costaleros, lo que le ha permitido, tal y como él mismo destaca, “seguir siendo lo que siempre fui”.

Nacido en Andújar hace ahora 51 años, su historia comienza cuando era un niño y vivía en su pueblo, donde “las advoaciones a la Virgen María son muchas y muy sentidas dentro del corazón de cada iliturgitano”, sobre todo en alguien como Agustín Ruiz, para quien “Semana Santa es todo el año y no solo la fecha indicada para ello”.

Comenzó a salir de costalero en su Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Socorro, donde conoció “la pasión que se puede sentir por llevar la fe a las personas que no van a una iglesia”, pues eso es lo que para él significa una cofradía.

Se hizo hermano y cofrade, pero cofrade no sólo de salir en la procesión del Jueves Santo, sino cofrade “durante los 365 días del año”, asegura, pues fue costalero y miembro de su junta de gobierno, desde la que trabajaba “no solo para sacar un paso a la calle, sino para ayudar a familias necesitadas”, destaca.

Sin embargo, después de varios años, comenzó su “calvario”, contra el que todavía hoy sigue luchando. “Me diagnosticaron una insuficiencia renal por la que tuve que dejar de salir bajo el paso”, asegura, hasta que llegó su trasplante de riñón, que le permitió tener, durante casi 10 años, “una calidad de vida increíble, gracias a la donación de órganos y a la solidaridad de la gente”.

Pero los problemas continuaron, y por dos veces más. Primero, ya viviendo en Riotinto, a donde llegó hace 10 años, le detectaron un linfoma, un cáncer del tejido linfático, tras lo que, después de un año de quimioterapia, gracias a un autotrasplante de médula y al equipo “tan profesional” de la planta de hematología del Hospital Juan Ramón Jiménez “pude salir adelante”, destaca.

Y a continuación, “después de tanto padecer, me dicen que el riñón trasplantado está fallando y que es cuestión de tiempo que deje de funcionar”, por lo que, “gracias a la solidaridad de la que se hace gala en Andalucía, vuelven a trasplantarme el pasado 3 de abril de este año”, tras lo que Agustín Ruiz sigue “luchando y luchando por vivir, por seguir compartiendo mis sueños y por seguir soñando con mi Semana Santa”.

“He sufrido lo indecible, he llorado, he gritado, me he hundido en la mas profunda oscuridad, he visto varias veces esa luz que dicen que hay cuando emprendes el último tramo del camino de la vida, pero aquí estoy, con la voz quebrada, pero el corazón latiendo y con unas ganas de vivir increíbles”, confiesa este riotinteño de adopción que, tras ser costalero en las pasadas Fiestas de la Virgen del Rosario, hace un repaso de su experiencia a través de esta entrevista concedida a Tinto Noticias:

-¿Qué le ha llevado a ser este año por primera vez costalero de la Virgen del Rosario de Riotinto?

-Me ha llevado la pasión que siento por haber sido y querer seguir siendo lo que siempre fui, un costalero. Tengo que agradecérselo a mi mujer, que en cierta manera me ha enseñado La Esquila y La Virgen del Rosario, a Manuel Palomo, por hacerme sentir lo que él siente por ella, y a mi vecino Manuel Jesús Alonso,’Mani’, quien el año pasado me metió bajo el paso. Me dio un pellizco en el alma cuando me dijo ven y métete aunque sea un ratito.

-¿Cómo ha sido la experiencia? ¿Qué ha sentido como costalero durante las fiestas y, sobre todo, durante las dos procesiones en las que ha actuado como tal?

-La experiencia ha sido volver a recordar lo que se siente después de haber vuelto a mis años en los que empecé a salir bajo un paso. Sentir que acercas a la gente a su Virgen del Rosario y ver cómo se humedecen los ojos de tantas personas cuando se acerca es algo que no se puede explicar pero que reconforta mucho.

-Si tuviera que quedarse con un momento único de los muchos que ha vivido estos días, ¿Con cuál se quedaría? ¿Por qué?

-Si tuviera que quedarme con un momento es cuando, en el silencio de la noche, oyes cómo se acerca la Esquila, ese tañer de su campana, esas voces rotas, ese cantar… Para alguien que como yo no es de aquí aunque ya llevo 10 años te emociona.

-¿Qué balance realiza de estas Fiestas? ¿Qué es lo que más le ha gustado de las mismas?

-El balance creo que es positivo, mucha gente en las salidas de la Esquila, muchos abrazos de gente que apenas se ve en todo el año y parece que esta fiesta los vuelve a reunir aquí, mucha gente en la calle para ver a la Virgen en la procesión tanto de la mañana como de la tarde y, en definitiva, para disfrutar de algo que estoy seguro que no se perderá con el paso de los años.

-¿Qué significan las Fiestas de la Virgen del Rosario para el conjunto del pueblo?

-Supongo que esa pregunta deberías de hacérsela a alguien de aquí, nacido y criado aquí, pero mi impresión es que a la gente le gusta y le importa. Ver a su esquila y a su Virgen del Rosario en la calle es algo que gusta a los nacidos y no nacidos aquí, sean o no creyentes.

-¿Cuántos años ha vivido estas fiestas? ¿Han cambiado mucho en los últimos años? ¿En qué?

-Llevo viviendo aquí unos 10 años y creo que ha cambiado poco. Sí que es una de las pocas fechas en que la gente se echa a la calle a disfrutar de ella.

-Piensa seguir siendo costalero en los próximos años?

-Si mi salud me lo permite (risas), sí. Ganas no me faltan.