Para quien vive en la Cuenca Minera, Sevilla está a alrededor de una hora en coche. Es lo bastante cerca como para ir y volver en el día y, al mismo tiempo, lo bastante distinta como para que la visita se sienta como un pequeño viaje. Si estás pensando en una escapada en pareja, en un plan de sábado con los niños o en celebrar un aniversario, aquí tienes una guía práctica con los rincones que más merecen la pena, las horas a las que conviene ir y algunos trucos para volver a casa con fotos de las que se guardan.

Cómo llegar y dónde aparcar

Lo más cómodo es no intentar entrar con el coche hasta el casco histórico, donde el tráfico está muy limitado y aparcar es complicado. Una buena opción es dejarlo en uno de los aparcamientos públicos de las zonas del Prado de San Sebastián o de la Plaza de Armas y continuar a pie, o combinar el paseo con el tranvía y el metro. Desde el Prado, la Plaza de España y el Parque de María Luisa quedan a un paseo corto, y el centro está a unos minutos andando.

Cuándo ir: la luz lo cambia todo

Sevilla tiene dos caras según la hora. Entre el mediodía y media tarde el sol cae casi en vertical, las sombras se marcan y, de mayo a septiembre, el calor convierte cualquier paseo en una prueba de resistencia. En cambio, a primera hora de la mañana y en la hora previa a la puesta de sol la ciudad se vuelve dorada: el ladrillo de la Plaza de España, la piedra de la catedral y las fachadas de Triana cogen un tono cálido que ningún filtro consigue imitar.

Si podéis elegir fecha, la primavera y el otoño son las mejores estaciones: temperaturas agradables, días todavía largos y menos aglomeraciones que en Semana Santa o en la Feria. En invierno la luz es preciosa y baja durante todo el día, aunque anochece pronto, así que conviene organizar el paseo para aprovechar bien la tarde.

Un plan en pareja

Plaza de España a primera hora

Es el escenario más fotografiado de la ciudad y también el más concurrido. El truco es llegar temprano, antes de las diez de la mañana, cuando todavía hay poca gente y se puede pasear por los puentes de cerámica sin esperar turno. Los bancos de azulejos dedicados a las provincias españolas dan mucho juego: buscad el de Huelva y haceos una foto en él; es un detalle que siempre gusta tener en el álbum.

Parque de María Luisa

Justo al lado, el parque es el refugio perfecto cuando el sol aprieta. Sus paseos arbolados, las glorietas con bancos de cerámica y los estanques ofrecen rincones tranquilos para caminar sin prisas. La Glorieta de Bécquer, con sus figuras de mármol bajo un gran árbol, es uno de los lugares más románticos de Sevilla.

Santa Cruz y la catedral

El antiguo barrio judío es un laberinto de callejuelas blancas, rejas y pequeñas plazas con naranjos. Merece la pena recorrerlo sin mapa y dejarse llevar hasta el Callejón del Agua o la Plaza de Doña Elvira. Desde allí, la Giralda queda a pocos pasos; al caer la tarde, cuando se encienden las luces de la torre, la vista desde la Plaza Virgen de los Reyes es de las que se recuerdan.

Atardecer en Triana

Para terminar el día, nada como cruzar el puente de Isabel II y bajar a la calle Betis. Con el Guadalquivir delante y la Torre del Oro al otro lado, es el mejor sitio de la ciudad para ver la puesta de sol. Después, una cena de tapas en Triana pone el broche a la escapada.

Un plan en familia

Sevilla también es una ciudad muy agradecida para ir con niños. Algunas ideas que funcionan con todas las edades:

  • Barcas en la Plaza de España. Alquilar una barca y remar por el canal es de esos planes sencillos que los pequeños recuerdan durante meses.
  • Las palomas de la Plaza de América. Al fondo del Parque de María Luisa, esta plaza es famosa por sus palomas. Es un lugar tranquilo, con sombra y con espacio para correr.
  • Casa de la Ciencia y Acuario de Sevilla. Si el día sale lluvioso o hace demasiado calor, son dos buenas alternativas a cubierto para mantener a los niños entretenidos y, de paso, aprender algo.
  • Paseo por la orilla del río. El paseo junto al Guadalquivir es llano, amplio y cómodo para ir con carrito.

Un consejo práctico: con niños, mejor no intentar verlo todo. Elegid dos o tres zonas cercanas entre sí, reservad un rato para descansar a la sombra y dejad margen para los imprevistos. La visita saldrá mucho más redonda.

Cómo volver con buenas fotos

  • Madrugad un poco. Llegar una hora antes que los grupos de turistas marca la diferencia en cualquier foto de la Plaza de España o de Santa Cruz.
  • Buscad la sombra a mediodía. Bajo los árboles del parque o en los soportales la luz es más suave y las caras salen mucho mejor que a pleno sol.
  • Cuidad la ropa. Los tonos claros y lisos (blanco, beige, azul claro o colores tierra) combinan con el ladrillo y la cerámica de la ciudad. Mejor evitar estampados muy llamativos y logotipos grandes; en esta guía sobre qué ponerse para una sesión de fotos en Sevilla hay ideas para cada estación.
  • Calzado cómodo. El centro es de adoquín y se camina mucho; los zapatos bonitos, mejor en la mochila para el momento de la foto.
  • Sin dron en el centro. El espacio aéreo del casco histórico está muy restringido, así que no merece la pena llevarlo.

Para las ocasiones especiales, una sesión profesional

Hay momentos que merecen algo más que unas fotos con el móvil: un aniversario, una pedida de mano o, simplemente, un retrato en pareja en el que por fin salgáis los dos, sin selfis ni prisas. En esos casos, contar con un fotógrafo profesional que conozca bien la ciudad ahorra mucho tiempo: sabe a qué hora hay mejor luz en cada rincón, cómo evitar las aglomeraciones y cómo conseguir que quienes se ponen nerviosos ante la cámara se relajen. Profesionales como Seville Photographer organizan pedidas de mano sorpresa, sesiones de preboda y reportajes de pareja en la Plaza de España, el Real Alcázar, el barrio de Santa Cruz o Triana, siempre a la hora de mejor luz.

Las sesiones de este tipo suelen durar entre una y dos horas y se pueden adaptar al plan del día: empezar en la Plaza de España a primera hora, seguir por el Parque de María Luisa y terminar con un paseo por Santa Cruz o con el atardecer en Triana. Si la idea es una sorpresa, como una pedida de mano, conviene organizarla con unos días de antelación para elegir bien el lugar y la hora.

Una escapada que se hace corta

Lo bueno de Sevilla, vista desde la Cuenca Minera, es que siempre se puede volver. En una mañana da tiempo a descubrir un par de rincones nuevos, comer sin prisas y estar de vuelta en casa por la tarde. Y si la escapada coincide con una fecha especial, llevarse unas buenas fotografías convierte un simple día de paseo en un recuerdo para toda la vida.