El Consistorio destinará el único edificio británico que queda en la localidad a actividades sociales, culturales y turísticas

El alcalde de Nerva, José Luis Lozano, formalizó este martes en Sevilla la firma del acuerdo por el que el antiguo convento de la Virgen Milagrosa, propiedad de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, pasa a ser titularidad municipal.

El acto, celebrado en la sede sevillana de la orden religiosa, supone “un regalo que nos emociona muchísimo”, ha subrayado el regidor, tras lo que ha destacado la responsabilidad que asume el Consistorio para poner en valor unas instalaciones profundamente ligadas a la historia local.

El inmueble, que durante décadas albergó tanto la residencia de las religiosas como un centro educativo, será dividido en distintos usos. Por un lado, la zona donde residían las hermanas será cedida a Cruz Roja para el desarrollo de sus actividades sociales. Y por otro, el Ayuntamiento destinará los espacios del aulario y la ermita a proyectos culturales vinculados a la memoria histórica y educativa del municipio.

“Pasa a ser propiedad de todos los nervenses”, ha recalcado Lozano, quien ha calificado la jornada como “un día histórico” para la localidad, todo ello tras unas negociaciones que han sido llevadas directamente entre el alcalde y Sor Antonia Nieto, Ecónoma de la Orden, con el apoyo de Manuel Santiago.

«El acuerdo posibilita que la propiedad del único edificio británico que queda en Nerva pase a ser propiedad del Ayuntamiento, de todos los nervenses», ha subrayado, en declaraciones a TINTO NOTICIAS, el propio Lozano, para quien con ello se culmina «una aspiración que los nervenses anhelaban desde hace varias décadas».

Asimismo, el regidor nervense también ha explicado a este periódico que el edificio «se dedicará a la potenciación cultural y turística de Nerva», así como que «la capilla se mantendrá intacta, atendida por la asociación Medalla Milagrosa».

Más de un siglo de huella educativa y social

La presencia de las Hijas de la Caridad en Nerva se remonta a 1919, impulsada por la entonces The Riotinto Company Limited, que promovió la creación de escuelas católicas para los hijos de los trabajadores de la Cuenca Minera.

Según describe el colaborador cultural Juan Francisco Román, la orden llegó a escolarizar a más de 600 alumnas, además de desarrollar una intensa labor social y sanitaria, incluyendo la atención a enfermos y la asistencia durante episodios críticos como los sucesos de 1936.

A lo largo de las décadas, la comunidad dejó una profunda impronta en la vida local, hasta el cierre del colegio Virgen Milagrosa en 1993, un acontecimiento que marcó a generaciones de vecinos.