La Orquesta de Córdoba cautiva al público de la Casa Colón
“Andalucía sinfónica” es una programación de la Consejería de Cultura de la Junta para difundir por nuestra comunidad a las orquestas andaluzas. Y a Huelva le tocaba el concierto a cargo de la Orquesta de Córdoba, que visitaba la capital onubense la víspera del Día de Andalucía. Tres cuartos de aforo registraba la Casa Colón, respuesta de un público cada vez más familiarizado con la música sinfónica.
La Orquesta de Córdoba ya ha tocado en Huelva en otras ocasiones; un conjunto que además de incluir a los maestros clásicos sobradamente conocidos, apuesta por la más pujante actualidad. Y volvimos a disfrutar con su homogéneo y brillante sonido y una sensibilidad a flor de piel que cautiva de inmediato. Tres autores figuraban en el programa, un resumen del lenguaje musical europeo de los siglos XX y XXI: Sibelius, Bartók y Rautavaara. Partituras maravillosas donde el oyente se sumergió en sonoridades ricas y variadas, una invitación a la experiencia sensorial más gratificante. De hecho, el auditorio de Huelva quedó absorto con la interpretación de la Orquesta de Córdoba.
Para comenzar, el Adagio celeste de Einojuhani Rautavaara, un compositor finlandés que ha vivido a caballo de los siglos XX y XXI. Música para sección de cuerda con una exquisitez evocadora: armonía que parece detener el tiempo para exaltar el sosiego. Los cambios de intensidad, moldeados por el director, Sylvain GasaÇon, lograban un dulce dramatismo que recordaba Noche transfigurada de Schönberg o el Requiem para cuerdas de Takemitsu.
Luego llegaría el concierto para viola de Bela Bartók, última obra del autor húngaro que fuera completada por un alumno. La violista Isabel Villanueva, con una llamativa vestimenta grana y oro, se apoderó del auditorio con su precioso timbre, que elevaba el inspirado discurso en medio de ritmos siempre acoplados. En el tiempo central la conjunción de la viola y la orquesta caló en ese remanso lírico donde todo llegaba al oído como un bosque sonoro. Y el último tiempo profundizó en su tema folclórico, con presencia de oboes, flautas y clarinetes que movían a la música en todas direcciones. ¡Bravo por una solista de honda musicalidad y una orquesta en estado de gracia!
Y el plato fuerte de la noche llegaba en la segunda parte: Primera sinfonía de Jean Sibelius, un hito en la carrera del compositor pues esa obra representa la consolidación de Finlandia como país. Inmejorable el clarinete de inicio, cuyo sonido creció y menguó como algo mágico; después sonaba ese aire de liberación inconfundible del autor finés, que se diversificaba en breves episodios sonoros de cada grupo; una interpretación de escuela. El segundo tiempo, que recuerda a Tchaikowsky, dio vuelo a la Orquesta y nos permitió disfrutar de la trompa solista. Tercer movimiento de ritmo vigoroso que se contagiaba; trombones y trompas sobresalientes en solemne continuidad. Y memorable cierre en el Finale, con tutti monumentales y chelos y contrabajos que narraban ese mundo interior de Sibelius.
Cálida ovación del público al término. Nos quedamos con ganas de una propina. Por la respuesta tan generosa que dio a la programación, la ciudad de Huelva se lo merecía.



















