Cómo entrar en calor en la pira de los Morgan. Como lo vimos, os lo contamos
La banda madrileña Morgan pasaba por Huelva con su gira “Hotel Tour” presentando su cuarto disco: “Hotel Morgan”. A verlos a la Casa Colón acudimos Borondo y Mondongo, o Mondongo y Borondo, como ustedes quieran.
Somos unos espectadores algo atípicos, cabizbajos, deprimidos y la mayor parte de las veces deprimentes, y solemos ir con unas expectativas bastante limitadas a los eventos. La vida nos ha hecho así. El problema es que la mayoría de las veces acertamos. Pero esta vez, ni siquiera las ganas de decir más gilipolleces nos va a impedir decir bien alto y claro que muy pocas cosas mejores se podrían haber hecho la pasada noche del sábado en Huelva.
En términos generales, el Hotel Morgan tiene unas habitaciones con muy buenas vistas; supieron hacer un concierto sobre todo divertido, con un sonido y puesta en escena envolventes pasando por muchos universos y estilos musicales; rock, folk, americana, funk y mucho soul. Aunque estos apelativos musicales definen a grandes rasgos su sonido, se ha de anotar que toda esta amalgama pasa por el tamiz de “lo alternativo” o indie, lo que entre otras cosas da mucho caché y viste mucho de cara a la galería, aunque casi nadie sepa en qué consiste exactamente; tal vez en una especial sensibilidad hacia la sencillez melódica que no se acepta en otros géneros; tal vez en hacer canciones de género extraídas fuera de su contexto original, universalizadas; así podemos hacer melodías de puro western crepuscular sin tener que recurrir a cowboys solitarios cabalgando hacia el atardecer, ni a cabezas descarnadas de vaca sobre la arena del desierto… Así se puede ser de Madrid y cantar sobre las rocosas montañas del Guadarrama. O sobre los amores perdidos o encontrados, o sobre ser una piedra que el río arrastra hacia abajo sin parar (River, su canción más al estilo Lumineers).
La voz de Nina de Juan es una voz entrenada y llena de matices y registros exquisitos, que brillan más si cabe con los cuidadísimos coros de los demás músicos. Alguien debería decirle que sus nervios, de los que ella suele hablar entre las canciones, a nosotros nos parecen los propios de una pura sangre que huele la meta, que se sabe ganadora. Si algo hay que agradecerle a ella y a su banda, por encima de todo, es cómo transmiten su amor por lo que hacen. Por supuesto, los músicos no sólo hacían coros, también nos fueron regalando un buen puñado de temas bien construidos y ejecutados con electricidad y una buena dosis de intensidad. Eclécticos en los teclados y los guitarrazos, aunque esta vez sin la sección de vientos de otras giras.

(INCISO APARTE DE MONDONGO: aunque reconozco que lo pasé bien en el concierto y no me aburrí nada, me hubiera gustado algo más de punch, de despelote, de descaro, de mala leche, de rock and roll… El desconcierto justo que necesita un buen concierto, un punto que me haga olvidar el uso abusivo que hicieron de estas hermosas tonadas folkies los colegios de curas y monjas durante mi infancia. Nina me pareció encantadora, aparte de su inmenso talento, pero un poco monjil en sus formas y atuendo; a punto estuve de irme a cantar a una verde colina austríaca. Esta ¿reflexión? no resta un ápice de mi admiración por la banda y esta gran artista. Aun así, no comparto el entusiasmo de Borondo. ¿Es el principio de un nuevo cisma en la prensa musical? No lo creo. O sí.)
(INCISO APARTE DE BORONDO: tolero más la traición que la yuxtaposición de figuras lingüísticas al tun tun. Por una vez quería ser positivo y reseñar el buen hacer antes que explayarme cruelmente en las carencias, cual cascarrabias senil. ¿Tendremos que sentarnos en filas distintas para no intoxicarnos?).
Aunque muchos dábamos por sentado que en algún momento de la noche sonaría la versión de So payaso de Extremoduro, no ocurrió. Tal vez dan por más que homenajeado a Robe en vida. Fue especialmente emotiva la interpretación de Sargento de hierro, casi al final, una de las pocas coplas que hacen en español. Con la platea por fin en pie, continuaron con su tema funky-disco abrasador Another road, acabando un estupendo espectáculo, con homenaje incluido al grandísimo Jorge Ilegal del que sí se acordaron: “Señora, si no le gusta mi careto, cambie de canal”.
Salimos con la incómoda sensación de haberlo pasado bien, de haber presenciado una experiencia hermosa y sentida. Por un fugaz instante nuestros dolientes huesos de cronistas desvencijados se arrullaron calmos, mecidos por el fentanílico eco de la voz de Nina y sus secuaces. Un solo instante, antes de volver a la oscura cueva donde permaneceremos encerrados hasta un nuevo deslumbre sónico futuro.

Sin lugar a dudas, mucho mejor que hacer sentadillas en bata en el salón de tu casa, comer polvorones de limón previo aplastamiento con las manos, o montar el Belén en casa con bolitas de porexpán imitando a la nieve.
Comentarios recopilados en el foyer del teatro (o vestíbulo, o hall, como se prefiera) a la salida:
– “Nos ha encantado. Los vimos en Sevilla y ahora aquí, un sitio algo más frío que la Custom.” (Dos Anas y un Isidro).
– “Los he visto ya diecisiete veces, así que creo que sí, me gustan.” (Laura Cárdenas).
– “Me han decepcionado, antes molaban más. Eran un grupo de rock. Ahora… Podían haber tirado por The Band, pero han elegido Pink Floyd.” (JM, guitarra de Los Plagio).
– “Pues me han gustado. Son los hijos de Lina Morgan, ¿no?” (Aitor Tazo).
– “Marcos Gualda está de festival” (Oído en la calle).
Fotos: Laura Cárdenas

















