Shuarma y los suyos se comieron el escenario del teatro grande onubense para deleite de su entregado público

Mario San Román, que no Sandokán, como él mismo bromeó, fue quien abrió la noche en el Gran Teatro de Huelva el pasado sábado 26 de abril. El artista madrileño, acompañado de una banda muy solvente, supo conectar con el público con su pop de corte ochentero. Mario y su banda están siendo el aperitivo de la gira de Elefantes en su trigésimo aniversario. Canciones pegadizas y un humor excelente. No pudo faltar “Fin”, canción que grabó con David Summers, y que increíblemente, en la grabación el de los Hombres G suena medio afinado (no lo íbamos a decir, pero ha sido imposible callar).

En este caso fue Shuarma el que se sumó a San Román y su banda para cantar a dúo “la hora de los cretinos”, punto álgido de un repertorio de los teloneros que no se hizo largo, pero sí deslucido por el excesivo recorte de sonido. Nunca hemos entendido por qué las bandas principales quieren jugar con ventaja (tampoco hemos podido evitar mencionarlo).

Tras una transición algo larga, al parecer por problemas técnicos, saltaron al escenario los 4 de Elefantes con “Pretendes”, cantado a cuatro voces alrededor de un solo micrófono, con una iluminación que acentuaba la desnudez del tema. Después se desplegó el telón presentando una puesta en escena elaborada a la par que sencilla, con luces led que tonificaban y coloreaban cada canción.

Es evidente que los barceloneses tienen tablas. Shuarma, siempre excesivo en su mezcla Raphaeliana y Bunburyana, si se nos permite la licencia lingüística, es un imán para su público, y sigue, tirando de técnica, mostrando una voz poderosa.

Como era de esperar, en esta gira especial, que celebra los 30 años de vida artística de Shuarma, ya que Elefantes estuvieron unos 8 años separados, hicieron un recorrido por todo el repertorio tocando todos los éxitos con potencia y con convicción. Músicos experimentados y con esa conexión que se adquiere con los años.

La mencionada “Pretendes”, primera canción que compusieron, “Duele”, “Cada vez”, “Azul”… auténticos hits solicitados por sus seguidores con ardor. Incluso hubo quien pidió que repitieran un tema justo después de haber sido interpretado, algo que el cantante aseguró que nunca le había sucedido; tal fue el grado de complicidad que alcanzaron estos Elefantes de paso firme y majestuoso barritando en los corazones de un público entregado que, ante las reiteradas demandas de cariño de su ídolo, respondían hasta embriagarlo de amor.

Hemos de decir que, aunque no son santos de nuestro devocionario, a lo largo de su extensa vida artística, han ido sumando temas icónicos, con letras que han ido a la simplificación sin artilugios y han sabido escoger versiones muy acertadas.

Más de dos horas de concierto, interrumpidas por a veces excesivos soliloquios de Shuarma, algunos confesionales, otros algo melancólicos. Aún así, esto no impidió que el público conectase con la música y hasta saltaran de sus asientos para bailar.

Es una banda de calidad, que se conoce, que transmitieron complicidad, y que para los amantes de su pop embutido de canción ligera, cumplieron todas las expectativas. Mejor sin duda que quedarse en casa viendo series o haciendo macramé.

Comentarios recopilados en el foyer del teatro (o vestíbulo, o hall, como se prefiera) a la salida:

– “Me han encantado. Me gustan todas sus canciones” (un señor con perilla).

– “¡Geniales!” (unas chicas con prisa).

– “Yo he venido acompañando a mi mujer, no me gustan” (Gustavo de Androphonic).

– “No están mal, aunque se me hizo un poco largo” (Elena, cantante de Los Plagio).

– “¿Cuál era el payaso que conoció de pequeño? ¿Miliki? (Un despistado).

– “¿Habéis visto a Marcos Gualda?” (Alguien de Fuentepiña).

Fotos de Gustavo Adolfo Álvarez Carpio