Los profesionales del sector defienden que no alcanzan «ni de lejos» el límite de 1,5 kilos por hora establecido como «umbral medio de captura crítico», lo que según el Plan de Gestión conlleva el cese «automático» de la actividad

El sector de la coquina estalla ante lo que considera una situación “insostenible” en medio de un contexto de “desidia absoluta”. Los mariscadores a pie del litoral de Huelva urgen el cierre “inmediato” y “subvencionado” de la pesquería de este molusco bivalvo por parte de la Junta de Andalucía. Esta es, a juicio de los profesionales, la “única medida posible” que puede tomar ya la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural frente al estado en el que han encontrado el caladero onubense en su conjunto, “desde Isla Canela hasta Doñana”, desde que volvieran al trabajo tras la conclusión de la parada biológica a mediados del pasado mes de junio y que, lejos de mejorar, “va a peor semana a semana”.

Uno de los damnificados que ha alzado la voz en este sentido es Sergio Maldonado, adscrito a la Asociación de Mariscadores ‘Doñana’, de Almonte. Maldonado asegura que “día tras día” no alcanzan, “ni de lejos”, el límite de 1,5 kilos por hora fijado como “umbral medio de captura crítico” por la Orden de 20 de julio de 2023 que establece un Plan de Gestión para la coquina en el Golfo de Cádiz. Esta realidad “más que confirmada”, como queda recogido en el mismo documento, implica, “en todo caso”, el cese “automático” de la actividad “hasta que los resultados del seguimiento científico ofrezcan las garantías técnicas suficientes” para que la misma se pueda retomar.

Igual de explícito -y con la misma reclamación- se ha mostrado el presidente de la Asociación de Mariscadores ‘Nueva Umbría’, de Lepe, Emilio Jaldón. “Es ya una cuestión de mera supervivencia”, ha enfatizado, ante una circunstancia que ahoga a las 250 familias que dependen de la especie y se hallan “atrapadas en un callejón sin salida y sin respuesta alguna” después de una veda de más de 45 días (desde el 1 de mayo hasta el 18 de junio) que se ha saldado, “en contra de su propia razón de ser”, con un caladero “esquilmado”. Desde su óptica, la causa es clara: una “vigilancia nula” que tiene como consecuencia directa la “generalización” y la “impunidad” del furtivismo.

Jaldón ha denunciado, en este punto, el “daño irreparable” que provocan los propios turistas “sin conciencia” en las playas o la afluencia de barcos, en su mayor parte, rastros remolcados, aunque también dragas hidráulicas, “que no respetan los límites de costa” y se adentran, en muchos casos con nocturnidad, en la zona reservada al marisqueo a pie. Todo ello, según ha continuado el representante del sector, sin olvidar las lanchas ilegales de recreo o el problema enquistado de los mariscadores sin licencia. “Son múltiples las evidencias, con vídeos, que hemos presentado a las autoridades competentes, pero no nos han querido echar cuenta y ahora la coquina está en las últimas”, ha lamentado.

No en vano, el balance que hace la mayoría de los mariscadores es “ruinoso”. Aluden, en las últimas semanas, a capturas de escasos tres kilos de coquina en talla comercial por día (unas tres horas de faena en torno a la bajamar). Ante unos precios de venta que oscilan en estos momentos entre los 10 y los 12 euros por kilo, Sergio Maldonado explica que, “sólo para cubrir costes como el gasto ordinario de la cuota mensual de autónomo y el combustible nos harían falta, al menos, cuatro kilos de molusco por jornada”. Estos, con sus mismos cálculos, deberían elevarse hasta los ocho kilos “para poder hablar de un salario mínimamente digno”, añade.

El drama es tal que no son pocos los profesionales que reconocen, incluso, “con todo nuestro pesar, porque es nuestro futuro y el pan de mañana”, que se han visto abocados a tapar los rastros con los que trabajan para favorecer así una menor clasificación del recurso que entra en sus copos y sacar al mercado también, por ende, coquina inmadura. “Hasta este lastimoso extremo hemos tenido que llegar para poder comer”, alega alguno. Para los mariscadores, como exponen tanto Emilio Jaldón como Sergio Maldonado, es “un verdadero crimen que hipoteca la sostenibilidad de nuestra forma de vida” y una “prueba irrefutable” de que “necesitamos que la Administración autonómica, de la que sólo hemos obtenido silencio hasta ahora, nos escuche”.

Sin noticias de las ayudas por la veda

Los representantes de las asociaciones ‘Nueva Umbría’ y ‘Doñana’, para quienes sus demandas no pueden ser más justas, emplazan además a la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural a no acumular deudas pendientes con un sector artesanal como el del marisqueo a pie de la coquina. Con ello, han incidido en que han transcurrido ya casi tres meses desde el fin de la parada biológica y siguen sin noticias de las ayudas compensatorias con cargo al Fondo Europeo Marítimo de Pesca y de Acuicultura (Fempa) por ese más de mes y medio de inactividad y la correspondiente falta de ingresos. “El objetivo era igualarnos a otros pescadores profesionales, pero, al parecer, somos trabajadores de segunda y no lo merecemos”, critican.