La exposición ‘A sangre y fuego’, de María Aránzazu, puede visitarse en el mítico establecimiento onubense hasta el próximo 17 de febrero

La Sala Bar 1900 de Huelva prosigue con su viejo ciclo cultural de Las Noches del 1900, en esta ocasión con una propuesta fotográfica de la reconocida artista onubense María Aránzazu, ‘A sangre y fuego (In blood and fire)’, título de la nueva exposición que puede visitarse en el mítico establecimiento de la calle Garci Fernández de la capital onubense.

La muestra, que viene de pasar por varias salas de Portugal (El Centro Cultural Convento San José de Lagos y la Iglesia de la Misericordia y Casa Museo del Ayuntamiento de Tavira) con la plataforma internacional ‘Art Exhibition 2025’, perteneciente al Centro Olotense de Arte Contemporáneo (Codac) de Gibraleón, recala ahora en el que es considerado como el templo de la cultura en Huelva, donde el público puede disfrutar de la misma hasta el próximo 17 de febrero.

‘A sangre y fuego’ es un proyecto fotográfico que se explica a sí mismo no sólo por sus propias imágenes, sino también por el propio lenguaje visual-emocional que desprende por sí solo, todo ello a través de siete piezas que comparten dos ejes y objetos significativos, ambos contenidos en una única figura: por un lado, un ángel con forma de mujer que porta un corazón; y por otro, y una espada.

El ángel encarnado en feminidad transmite una realidad muy corriente en la sociedad actual: “la lucha diaria de tantas y tantas mujeres, madres, amas de casa trabajadoras y personas que somos y seremos, generación tras generación”, destaca la autora, para quien “el marco angelical nos alude al carácter divino y sagrado de dadoras y creadoras de vida, fértil alianza con el misterio de la luz, de la existencia”.

Tal y como explica la propia María Aránzazu, “sus alas nos cuentan, nos dejan entrever el derecho a la libertad, al libre albedrío, de todas ellas, que todas nosotras tenemos y aspiramos en esta cárcel del alma a la cual, todavía, la sociedad, el mundo tal y como lo conocemos hoy, nos somete y esclaviza, en nuestro día a día”.

Los dos objetos mencionados están cargados de gran simbolismo. Por un lado, la espada es “una encarnación de la lucha, la fuerza y coraje, la luz y la fe, también la autoridad y el poder, la protección y el buen combate”, mientras que el corazón yaciente y sujetado entre las manos del ángel rebosa “amor incondicional, entrega, sacrificio, compasión y misericordia, afecto y cariño”.

“Ambos ejes se encuentran en este camino marcado por la esperanza como sentido vital y, por ende, final”, subraya la autora de ‘A sangre y fuego (In blood and fire)’, que se ha decantado en esta exposición por la técnica fotográfica denominada ‘Iluminación Caravaggio’, consistente en usar y alternar luz cálida con luz fría.