Tinto Noticias estrena una serie semanal por las pedanías de la Cuenca Minera descubriendo los secretos de la “hija predilecta” campillera, un mirador natural con esencia rural y pasado romano

La Cuenca Minera de Riotinto guarda entre sus paisajes ocres y rojizos un tesoro humano y geográfico que va mucho más allá de sus grandes núcleos urbanos. A partir de esta semana, Tinto Noticias inicia una serie de reportajes dedicados en exclusiva a las pedanías y aldeas que salpican la geografía de la comarca, esos pequeños núcleos que custodian la esencia rural, las tradiciones más arraigadas y la memoria de una tierra única. A través de este recorrido dominical, los lectores tendrán la oportunidad de descubrir la historia, el patrimonio y el encanto escondido de lugares como Las Delgadas, El Villar, El Pozuelo, El Buitrón, Monte Sorromero, Membrillo Alto o Marigenta. Cada rincón tendrá su propio espacio para reivindicar su identidad y su papel en el devenir de la comarca.

Esta andadura periodística arranca de manera oficial en Traslasierra, una emblemática pedanía perteneciente al municipio de El Campillo que se erige con orgullo como la “hija predilecta” de la localidad. Al cruzar el arco de entrada, apenas a dos kilómetros hacia el oeste del núcleo principal, lo primero que golpea al visitante no es un sonido, sino su ausencia absoluta. Aquí se oye el silencio. Es un silencio vivo, roto únicamente por el zumbido pausado de los insectos entre los árboles y el crujir de los pasos sobre la tierra. Esta aldea destaca de inmediato por haber sabido mantenerse al margen del bullicio industrial y de la actividad minera que define a su entorno. Quien se adentra en Traslasierra experimenta un viaje temporal hacia un ritmo de vida sosegado, donde el pastoreo y el cuidado de pequeñas huertas familiares siguen marcando el compás diario de sus habitantes en una atmósfera de absoluta tranquilidad que invita a respirar hondo.

Un paseo por sus rincones revela que la morfología urbana de la pedanía es un fiel reflejo de su historia, conservando una fisonomía que apenas ha variado desde sus orígenes. Tal y como reza el azulejo informativo del Ayuntamiento a la entrada del recinto, la aldea está “enclavada en la ladera Noreste de la Sierra del Arenal, ofreciendo inmejorables vistas sobre la cuenca del río Odiel y la sierra onubense”. Al caminar sin prisa, se descubre que su núcleo urbano se conforma con “cinco hileras de casas levantadas sobre un espacio angosto que desemboca en un mirador natural”. Son viviendas de arquitectura popular, con sólidas paredes de piedra y fachadas blancas que brillan bajo el sol de la tarde. Sus dos únicas calles conducen de manera natural al visitante hacia una ermita de aire sencillo que domina todo el trazado urbano.

Esa fisonomía intacta, suspendida en el tiempo, sedujo por completo al mismísimo Hollywood. Pocos recuerdan que la calma habitual de la aldea se vio revolucionada por un despliegue de focos, cámaras y estrellas internacionales cuando se convirtió en uno de los escenarios principales para el rodaje de la película Che: Guerrilla, el célebre largometraje biográfico sobre el Che Guevara dirigido por Steven Soderbergh. El oscarizado actor Benicio del Toro recorrió estas mismas calles empedradas, mientras que la pequeña y modesta ermita de Traslasierra fue redecorada y transformada temporalmente por el equipo de producción cinematográfica para recrear los parajes de la selva boliviana, demostrando el asombroso camaleonismo de los paisajes onubenses.

Años más tarde, el idilio de la pedanía con la gran pantalla sumó un nuevo capítulo cargado de sensibilidad poética. La cineasta holandesa Raquel Kurpershoek eligió la localidad como escenario fundamental y título para su cortometraje documental Traslasierra, una obra que explora la profunda relación de las personas sordas con la música. La directora confesó que quedó prendada tanto del paisaje como del propio significado del nombre de la aldea, “detrás de las montañas, encontrando en la paz inquebrantable de este rincón campillero el lienzo perfecto para plasmar una historia donde el silencio cobra un significado hermoso.

El recorrido a pie nos lleva inevitablemente a detenernos en su plaza Olmo. Allí, bajo la sombra de las ramas, un emotivo panel conmemorativo rinde homenaje a la hospitalidad de sus gentes y reproduce los versos inmortales de Antonio Machado: “Olmo quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida. Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera”. El texto de la plaza evoca con nostalgia los tiempos en que este espacio era el punto de encuentro de almas de otras tierras que buscaban una vida al calor de crisoles y minerales, forjando una comunidad unida de mineros y agricultores. Es un lugar que abraza al viajero y que, como dicta el propio azulejo, se presenta como un sincero “homenaje que el pueblo de El Campillo le hace a su patria chiquita y a sus buenas gentes, la patria de nuestras mujeres”.

El valor geográfico de Traslasierra se complementa con una riqueza patrimonial y natural de primer orden que rodea su entramado urbano y que justifica, por sí sola, una escapada de fin de semana. Siguiendo los viejos carteles de madera que apuntan hacia el mirador y la fuente, el sendero regala una panorámica limpia de la sierra. Además, la historia late con fuerza en sus alrededores a través de yacimientos arqueológicos de gran relevancia, como el escorial de Moralejo, que atestigua una antigua fundición romana de cobre. Traslasierra demuestra que, incluso en los rincones más pacíficos y silenciosos de la comarca, el subsuelo siempre ha estado ligado a la riqueza mineral de la provincia, esperando a ser descubierto por todo aquel que se atreva a saborear la comarca a fuego lento.