Épicos y metálicos en el Auditorio de Casa Colón. Como lo vimos, os lo contamos.
Sábado en la noche y sin cobrar (otra vez), última de este mayo caluroso, todos los torcidos fuimos al concierto de la Casa Colón, preparados para atiborrarnos de las epopeyas metaleras que suele despachar el grupo anunciado: nada menos que los madrileños Sôber. Una banda que acaba de terminar su gira de 30 años, celebración para la que han regrabado su primer álbum (Torcidos, renombrado ahora como Retorcidos) con la luz de su experiencia adquirida y con el sonido actualizado a estos tiempos, y que además anuncian nuevo trabajo en breve.
Uno de nosotros iba con las expectativas más dirigidas hacia los teloneros, pero no hubo teloneros.
Si alguien tenía alguna duda acerca del estado de forma de la banda, dada su veteranía, se le disiparía tras el primer salto estratosférico de Carlos Escobedo nada más pisar el escenario. Un frontman visceral que desparramó toda la fuerza de su música con una entrega total, lo que hizo que toda la platea, al 80% de su capacidad, se levantara de sus asientos desde el principio del concierto. Como un Nosferatu vitaminado y mineralizado, el nigromante Escobedo nos llevó en volandas a los asistentes a través de sus tormentas sonoras, arropado por dos guitarristas de raza, Jorge Escobedo y Antonio Bernardini, y por Manu Reyes, un baterista descomunal que no dejó un parche con vida ni con ganas de vivirla.

Los éxitos de su época más exitosa, como Arrepentido, o Diez años, se mezclaban con los de su época de retorno en 2010, como Loco o La nube, y con los más recientes como Blancanieve o Tiempo, sin que en ningún momento decayera el interés de los asistentes, ni descendiera el nivel de calidad. Fieles a su estilo propio, a medio camino entre los sonidos más pesados del metal y un cierto sentido de pop melódico y sinfónico, conformando un sello difícil de clasificar; hay quien los ha llamado “metal alternativo”; otros los consideran un grupo de metal gótico… Lo que es indudable es su capacidad de adaptación a través de 30 años sin perder nada de lo que sea que los define. Estos atrevidos cronistas los ven como una mezcla entre Evanescence (de los que han sido teloneros) y Metálica, pasando por los Judas Priest del Painkiller. Y con Tool siempre en el punto de mira como el cielo inalcanzable. Algo así como mezclar progresiones sinfónicas con palm mute y afinaciones Drop D y letras oscuras postadolescentes.
Hay que destacar la poderosa voz del Voldemort del rock patrio, capaz de quebrar las gafas de cualquier Potter a distancia y capaz también de los más sutiles matices. Una voz fabulosa, aunque a veces escore al ya desfasado Bunbury, especialmente en las baladas, que también las hubo (Estrella Polar), incluso con linternas de móvil elevadas. Y también tenemos que hablar del baterista, Manu Reyes, un músico excepcional que llevó en volandas el concierto, con una pegada y un empuje espectaculares. Sobre los secuenciadores, y los efectos de voces programados y todo eso, pues que muy bonito todo. El sonido muy bueno y la puesta en escena muy currada (tal vez las imágenes de vídeo un poco obsoletas).
Un puntazo fue la aparición de Edu, de EIDEN para cantar a dúo con Carlos, que ha producido el último álbum del grupo onubense junto a Alberto Seara. Complicidad y agradecimientos de los de Sôber a Huelva Rock.

El público electrizado pedía más y más y fueron nutridos con varios bises heroicos que pusieron broche de plutonio a un gran concierto. Más de dos horas (la verdad es que perdimos la noción del tiempo) abrasados por la luz oscura de una banda poderosa. Mejor sin duda que quedarse en casa haciendo cambio de armarios o armando puzles 3D.
(Una anécdota que queremos reseñar. Al llegar al auditorio, algunas calles estaban cortadas con cordones policiales, lo que nos hizo pensar que tal vez lo hubieran hecho por el concierto, como medidas excesivas de seguridad al tratarse de un grupo metalero. Indignados, soltamos algún exabrupto, comentamos que si eso lo hacían cuando viene la Pantoja, que es una exconvicta… Hasta que nos enteramos de que la calle estaba cortada por una carrera popular, perfectamente organizada, por cierto. Hay que ver lo que son los prejuicios, ¡incluso los nuestros!).
Comentarios recopilados en el foyer del teatro (o vestíbulo, o hall, como se prefiera) a la salida:
- “Me han encantado. Fue el primer grupo de rock que escuché” (Miguel Metal).
- “Muy buenos, muy buenos!” (metalero del tipo pelo largo, que llevaba una baqueta lanzada por el batería).
- “El cantante es una de las mejores voces del rock español, que habitualmente cantan muy mal” (metalero del tipo calvo con perilla).
- “Yo he venido acompañando a mi pareja, pero me han sorprendido gratamente” (Antonia y Antonio).
- “Son una banda increíble” (Franky de Jane Doe).
- “No me acuerdo de más, Borondo…” ( ).
- “He echado de menos una gaita rociera” (un rociero algo desubicado).
- “No he podido ir, tenía que proyectar mi corto” (Marcos Gualda).

















