TINTO NOTICIAS

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El periódico de la Cuenca Minera

Julia Rufo, la historia de una mujer que se acercaba por las noches al cementerio de Nerva

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En el anonimato, desde joven, acudía al camposanto nervense después de las ejecuciones para ver si alguien había quedado con vida malherido, tras lo que siempre puso flores donde las tropas fascistas fusilaron a cientos de mineros de la Cuenca Minera de Riotinto

Era noche cerrada, oscura, triste… Las calles estaban desiertas. En ellas se respiraba angustia, miedo, desesperación. Una sombra furtiva se desplaza sigilosa por entre la penumbra, buscando el rincón más oscuro para que su presencia no fuese descubierta por aquellos que sisean, armas al hombro, bajo la ínfima luz de un cigarro en la esquina.

La sombra, al igual que su due√Īa, era peque√Īa; Julia era su nombre, el nombre de la persona que se escond√≠a y avanzaba sigilosa por entre las calles de Nerva. Poco antes de que oscureciera aquel d√≠a, Julia hab√≠a llorado, hab√≠a apretado los labios y los pu√Īos, con la impotencia del que ve como la barbarie actuaba en forma de detenciones sin sentido. Bien sab√≠a Julia que aquellas personas no pasar√≠an la noche en el calabozo, ni en dependencias del ayuntamiento.

Ella hab√≠a visto el cami√≥n aparcado y sab√≠a que en √©l habr√≠a gente que dar√≠a un √ļltimo y corto viaje. ¬°NO! No iba a permitirlo; algo ten√≠a que hacer‚Ķ Ella estaba acostumbrada a luchar, a enfrentarse a much√≠simas dificultades desde que naciera all√° por el a√Īo 1882 en Higuera de la Sierra. Ella se hab√≠a enfrentado a la vida y a la √©poca siendo madre soltera; sab√≠a bien lo que era pasar calamidades, penas e injusticias; y aquello que hab√≠a ocurrido le quemaba por dentro, la ahogaba como los humos de las teleras de cuando ella era peque√Īa.

No pod√≠a quedarse tranquila en casa en aquella noche cerrada, oscura triste‚Ķ Julia estaba cerca de su destino. Le pareci√≥ adivinar la sombra de la vieja tapia del muro. Sab√≠a perfectamente por donde iba a entrar. Lo har√≠a por la parte donde el muro ten√≠a menos altura, debido a un peque√Īo derrumbe que a√ļn no hab√≠an arreglado.

A pesar de su determinaci√≥n y arrojo; Julia necesit√≥ detenerse antes de saltar. Le faltaba el aire, el coraz√≥n parec√≠a volar en su pecho. Fue entonces cuando se acord√≥ de su familia, aquellos por los que tanto hab√≠a luchado‚Ķ ¬ŅQu√© les pasar√≠a si le cog√≠an all√≠ dentro?. Durante unos segundos, Julia vacil√≥; estuvo a punto de dar marcha atr√°s, pero con un silencioso y hondo suspiro se repuso y decidi√≥ hacer lo que hab√≠a venido a hacer.

Salt√≥ la tapia y al caer se quedo inm√≥vil, abriendo los ojos hasta que le dolieron; intentando o√≠r algo, rezando para que ninguno de los del arma en el hombro estuviera por all√≠. Sus pasos se hicieron m√°s lentos; su menuda figura m√°s peque√Īa; y fue avanzando hasta la maldita fosa; el ‚Äúbujero‚ÄĚ como le dec√≠a ella. All√≠, las balas disparadas por la sin raz√≥n, por las mentiras, por las envidias, por el odio; hab√≠an masacrado, aniquilado las vidas, los sue√Īos‚Ķ Julia estaba paralizada, se dio cuenta de que no sab√≠a qu√© hacer, como seguir. Record√≥ que se hab√≠a prometido a s√≠ misma ir hasta cementerio en plena noche para ver si alguien hab√≠a quedado con vida.

Ella sab√≠a que al d√≠a siguiente serian sepultados; y que si alguno daba se√Īales de vida le dar√≠an ‚Äúel tiro de gracia‚ÄĚ. Julia palpaba los inertes cuerpos. Sent√≠a como sus manos se empapaban de un tibio liquido que reconoci√≥ por el olor‚ĶSANGRE. Reconoc√≠a las caras l√≠vidas, a pesar de la oscuridad‚Ķ Fernando, Pepe, Ram√≥n‚Ķ Si, los conoc√≠a a todos‚Ķ Desesperada, Julia comenz√≥ a llorar cuando vio que no pod√≠a mover todos los cuerpos que grotescamente se hab√≠an apilado en ‚Äúel maldito bujero‚ÄĚ.

A punto estaba de desistir cuando un gemido ahogado, casi de inframundo llegó a sus oídos… ¡SI, había alguien vivo! Doblo sus esfuerzos sacándolos de Dios sabe dónde y logró sacar al mal herido de la fosa. No tenía nada con que aliviar el dolor de aquel hombre, solo sus palabras, con las que intentaba, al menos, tranquilizarle. Se rasgó la larga falda del vestido que llevaba y con los jirones de tela que obtuvo pretendió taponar la herida que identificaba mas por el caudal de sangre que por otra cosa.

No podía hacer nada más allí… A duras penas, y a pesar de su poca corpulencia, logro llevar a aquel hombre hasta la hilera de nichos que había cerca, y dejo al herido en uno de ellos. Volvió sobre sus pasos, pero ya sin la lentitud y precaución del principio, y llegó sin aliento a las primeras casas del pueblo. Procuro tranquilizarse, respiro hondo y se encamino a la casa del herido que había dejado en el cementerio.

Tras el postigo de aquella pobre puerta se ‚Äúbarruntaban‚ÄĚ gemidos y llantos de ni√Īos que se mezclaban con suspiros de una mujer apenada. M√°s que llamar o tocar en la puerta; julia la ara√Īo como un gato hasta que sinti√≥ como la ‚Äútranca‚ÄĚ del postigo ca√≠a casi sin hacer ruido. Al abrirse este la tenue luz del interior casi ceg√≥ a Julia; acostumbrada ya a la oscuridad aquella noche. ‚ÄúAntonia; no te asustes; soy Julia Rufo‚ÄĚ, dijo Julia calmando a la inquilina de la casa. ‚ÄúAy Julia, ay, que pena m√°s grande‚ÄĚ solloz√≥ Antonia, a modo de respuesta. ‚ÄúNo llores m√°s, mujer. Juana- dijo Julia dirigi√©ndose a la madre de la afligida esposa del herido- lleve usted los ni√Īos a la habitaci√≥n‚ÄĚ. Cuando se quedaron solas, Julia le explico lo que hab√≠a hecho, le cont√≥ a su vecina donde pod√≠a hallar a su marido. La esposa de este, junto a su cu√Īado fueron al sitio que les indico Julia desde la misma tapia; y luego Julia se march√≥ a casa.

Lo que rest√≥ de noche la paso sin dormir. Limpiando la sangre de sus manos y ropas. Mirando a su hijo que dorm√≠a pl√°cidamente ajeno a todo. Cuando el sol empez√≥ a alumbrar la ‚Äútierra color√°‚ÄĚ Julia suspiraba asomada a la peque√Īa ventana de su humilde casa. Ella estaba viendo un nuevo amanecer, y alguien, escondido Dios sabe d√≥nde, estar√≠a viendo un nuevo amanecer gracias a ella‚Ķ

Esta historia que acabais de leer, podr√≠a haber ocurrido tal que as√≠. Julia existi√≥, su nombre era Julia Rufo Alcaide ( Higuera de la Sierra 1.882- Nerva 1.985). Su bisnieto es mi amigo y compadre Carmelo Rufo, s√≠; Carmelo ‚Äúel de El Epoca‚ÄĚ, a quien por cierto, a√ļn no se le ha nombrado hijo adoptivo de Riotinto, dicho sea de paso. que habla de su abuela Julia (nunca le dice bisabuela, que es lo que era) con cari√Īo y orgullo.

Recuerda Carmelo como su ‚Äúabuela‚ÄĚ le contaba esta parte de su vida en la que se jugaba la vida para ir a ayudar y socorrer a los posibles supervivientes de los fusilamientos en Nerva ( de uno u otro bando). Ella no miro si eran republicanos o falangistas. Carmelo se emociona cuando recuerda como algunos ancianos de Nerva le aseguraron, al cabo de los a√Īos, de que aquellas historias eran verdad; y que no fue una sola vez‚ĶJulia repiti√≥ aquello en varias ocasiones, sin importarle su seguridad y poniendo en riesgo su propia vida. Recuerda incluso , como a su casa en la d√©cada de los 70 , llegaban paquetes con regalos en Navidad.

Eran regalos de aquellos que Julia salv√≥ y sac√≥ de las fosas en Nerva antes de que los enterraran pensando en que estaban muertos. ¬ŅOs imagin√°is lo que esta buena mujer sentir√≠a cuando sacaba alguien vivo de las fosas? ¬ŅY qu√© pensar√≠a cuando no hab√≠a supervivientes? ¬ŅCu√°ntas familias no sufrieron gracias a Julia Rufo? Considero que esta es otra historia que ha de conocerse por los habitantes de la Cuenca Minera. A su bisnieto, Carmelo, le agradar√≠a saber si alguien m√°s recuerda aquello que realiz√≥ su bisabuela jug√°ndose la vida. Yo le he dicho que quiz√°s; ¬ŅQui√©n sabe?; alg√ļn familiar de alguna de aquellas personas podr√≠a leer esto, y por qu√© no; podr√≠an reunirse para hablarlo y recordarlo. Si eres una de esas personas, no dudes en ponerte en contacto.

Creo de verdad que Julia Rufo nos dej√≥ una gran ense√Īanza sin saberlo‚Ķ‚ÄĚQue m√°s da nuestras ideas, nuestros pensamientos, creencias o afinidades‚ĶSomos vecinos y deber√≠amos ayudarnos los unos a los otros para as√≠ lograr que esta ‚Äútierra color√°‚ÄĚ salga adelante‚Ķ‚ÄĚ La historia de Julia Rufo merece ser recordada y conocida. Madre soltera en aquellos a√Īos‚Ķ perdi√≥ a un hijo‚Ķ otro hijo suyo estuvo escondido casi tres a√Īos en los montes, y ella le llevaba comida y ropa a hurtadillas‚Ķ

Carmelo Rufo Fern√°ndez